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jueves, 16 de septiembre de 2021
Ana María Matute. Los niños tontos.
LA NIÑA QUE NO ESTABA EN NINGUNA PARTE.
Dentro del armario olía a alcanfor, a flores aplastadas, como ceniza en laminillas. A ropa blanca y fría de invierno. Dentro del armario una caja guardaba zapatitos rojos, con borla, de una niña. Al lado, entre papel de seda y naftalina, estaba la muñeca, grandota, con mofletes abultados y duros, que no se podían besar. En los ojos redondos, fijos, de vidrio azul, se reflejaba la lámpara, el techo, la tapa de la caja y, en otro tiempo, las copas de los árboles del parque. La muñeca, los zapatos, eran de la niña. Pero en aquella habitación no se la veía. No estaba en el espejo, sobre la cómoda. Ni en la cara amarilla y arrugada, que se miraba la lengua y se ponía bigudíes en la cabeza. La niña de aquella habitación no había muerto, mas no estaba en ninguna parte.
aNA mARÍA mATUTE-
Leer un poco más.
https://javiercoria.blogspot.com/2010/10/los-ninos-tontos.html
sábado, 30 de abril de 2016
Historias de fantasmas: Le Revenant, Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814)
El aparecido.
La cosa del mundo a la cual los filósofos otorgan menos fe es a los aparecidos. No obstante, si el caso extraordinario que voy a contar, caso certificado con la firma de muchos testigos y consignado en archivos respetables, si ese caso, digo, y teniendo en cuenta esos títulos y la autenticidad que tuvo en su tiempo, puede volverse susceptible de ser creído, será necesario, a pesar del escepticismo de nuestros estoicos, persuadirse de que si todos los cuentos de aparecidos no son verdaderos, al menos hay acerca de eso cosas muy extraordinarias.
Una gruesa Madame Dallemand, que todo París conocía entonces como una mujer alegre, viuda, franca, ingenua y de buena compañía, vivía con un cierto Ménou, hombre de negocios que habitaba cerca de Saint Jean-en-Grève. Madame Dallemand se encontraba un día cenando en casa de cierta Madame Duplatz, mujer de su apostura y de su sociedad, cuando en medio de una partida que habían comenzado al levantarse de la mesa, un lacayo vino a rogar a Madame Dallemand que pasara a un cuarto vecino, visto que una persona de su conocimiento demandaba insistentemente hablarle por un asunto tan apurado como consecuente; Madame Dallemand dijo que la esperara, que no quería interrumpir su partida; el lacayo vuelve e insiste de tal manera que la dueña de la casa es la primera en apurar a Madame Dallemand para que vaya a ver qué es lo que quiere. Ella sale y reconoce a Ménou.
—¿Qué asunto tan urgente —le dice ella— puede hacerle venir a turbarme de esta manera en una casa en la que no eres conocido?
—Uno muy esencial, señora —responde el corredor—, y debe creer que es bien necesario que sea de esa especie, para que haya obtenido de Dios el permiso de venir a hablarle por última vez en mi vida...
Ante esas palabras que no anunciaban un hombre muy en sus cabales, Madame Dallemand se turbó. Observando a su amigo que no había visto desde hacía unos días, se espanta aun más al verlo pálido y desfigurado.
—¿Qué tienes, señor? —le dice— ¿Cuáles son los motivos del estado en que te veo y de las cosas siniestras de que me hablas... acláramelo rápidamente, qué te ha ocurrido?
—Sólo algo muy ordinario, señora —dice Ménou—, después de sesenta años de vida era muy simple llegar a puerto, he pagado a la naturaleza el tributo que todos los hombres le deben, no me lamento más que de haberte olvidado en mis últimos instantes, y es por esa falta, señora, que vengo a pedirte perdón.
—Pero, señor, tú bates el campo, no hay ningún ejemplo de una tal sinrazón; o vuelves en ti o voy a pedir socorro.
—No llames, señora. Esta visita inoportuna no será muy larga, me aproximo al término que me ha sido acordado por el Eterno; escucha, pues, mis últimas palabras, y es para siempre que vamos a dejarnos... Estoy muerto, te dije, señora. Muy pronto serás informada de la verdad de lo que te adelanto. Te he olvidado en mi testamento, vengo a reparar mi falta; toma esta llave, transpórtate al instante a mi casa; detrás de la tapicería de mi lecho encontrarás una puerta de hierro, la abrirás con la llave que te doy, y te llevarás el dinero que contendrá el armario cerrado por esa puerta; esa suma es desconocida por mis herederos, es tuya, nadie te la disputará. Adiós, señora, no me sigas...
Y Ménou desapareció.
Es fácil imaginar con qué turbación Madame Dallemand volvió al salón de su amiga; le fue imposible esconder el tema...
—La cosa merece ser reconocida —le dijo Madame Duplatz—; no perdamos un instante.
Se piden caballos, se sube en coche, se llega hasta casa de Ménou... Él estaba ante su puerta, yaciendo en su ataúd; las dos mujeres suben a los apartamentos. La amiga del dueño, demasiado conocida para ser rechazada, recorre todas las habitaciones, llega entonces a aquella indicada, encuentra la puerta de hierro, la abre con la llave que le han dado, reconoce el tesoro y se lo lleva.
He aquí sin duda pruebas de amistad y de reconocimiento cuyos ejemplos no son frecuentes y que, si los aparecidos espantan, deben al menos, se convendrá en ello, hacerse perdonar los miedos que pueden causarnos, en favor de los motivos que los conducen hacia nosotros.
Marqué de Sade (1740-1814
domingo, 9 de marzo de 2014
Nos dice Carlos Roncero.
" Es verdad que no describo físicamente a los personajes. Creo que se ha convertido en parte de mi estilo. Me gusta describirlos a través de sus pensamientos y diálogos. Siempre he pensado que describir a los personajes fisicamente limita la identificación del lector con ellos."Juan Luis Galiardo es mi imagen de Trápaga, desde el primer momento en que le concebí. en realidad, en mis historias siempre hay algún personaje que tiene su imagen. Me ayuda a escribir. es mi muso
miércoles, 5 de marzo de 2014
10 pistas para la elaboración del Relato Corto.
- 1 Un relato es una narración breve
pero completa y con sentido. - 2 El relato ha de ser un texto intenso,
concentrado, impactante, profundo... - 3 Para que un relato sea eficaz es necesaria la precisión; conseguir que cada una de las piezas o elementos que lo componen cumpla su función y esté en su lugar.
- 4 También es necesaria la economía, entendida como aprovechamiento de los diferentes elementos de composición del texto. Contar más con menos, para obtener el mayor rendimiento posible de cualquier elemento de la construcción.
- 5 Hay que captar el interés del lector a través de un buen inicio que genere sus expectativas, le inquiete, despierte su curiosidad, rompa con lo previsible...
- 10 pistas elaboradas por Función Lenguaje
- 6 Es fundamental la presencia del conflicto narrativo, definido como: enfrentar al personaje a una situación para la que no le sirven sus recursos habituales (tanto a nivel intelectual, como emocional, como físico...), que remueve sus cimientos, que trastabilla su mundo.
- 7 Es necesario transformar al personaje. De la vivencia del conflicto, el personaje ha de salir transformado internamente, habiendo aprendido algo o cambiado de algún modo su visión del mundo.
- 8 Inicio, conflicto y transformación son equivalentes a planteamiento, nudo y desenlace (estructura clásica del relato).
- 9 Es importante aportar sólo la información necesaria sobre el personaje y la situación que está viviendo.
- 10 Es necesario trabajar desde la coherencia los diferentes aspectos de la construcción del texto.
martes, 4 de marzo de 2014
Narrador omnisciente.
-Él vendrá.Por fin algo; un indicio, una pista, una tercera persona. Hizo cuanto pudo para que Julieta no notara su emoción.
-¿Quién ,Julieta? ¿Quién vendrá?
- El mal, el mal vendrá y me castigará.
Había roto a llorar, dejando escapar todo el miedo que había estado guardando durante esos días.
Trápaga le cogió las manos.
- ¿Por qué te quiere castigar?- Insistía Trápaga casí contagiado por su angustia.
De nuevo Julieta venció los obstáculos que la vergüenza y el terror le ponían en el camino para poder responder. una voz que la animaba a confesarlo todo, pero otra voz muy diferente, más cobarde y precavida insistía en que no debía empeorar las cosas.
- Porque he sido mala- dijo al fin obedeciendo a la primera voz- No he cumplido mi palabra y él dijo que me castigaría si no lo hacía.
- ¿Si no hacías qué?- Trápaga se sentía tan cerca de la solución que olvidaba la edad de la interrogada- Vamos, Julieta, lo estás haciendo muy bien. ¿Si no hacía qué?
domingo, 2 de marzo de 2014
Cibergrooming,
El grooming o cibergrooming es un método utilizado por pederastas (La pederastia, supone la existencia de actividades sexuales con niños y niñas (generalmente de 13 o menos años de edad). Para que el trastorno se considere como tal, el individuo que lo sufre debe tener, al menos, 5 años más que el niño) para contactar a niños y adolescentes en redes sociales o salas de chat y convencerlos para que realicen poses provocativas o desnudos ante la webcam. El material obtenido se utiliza para chantaje, así que ¡manténgase alerta!En este contexto, Metroflog, Fotolog, Sonico, Hi5, Facebook, Twitter y MySpace son algunos de los sitios web favoritos de los jóvenes, donde pueden tener un perfil, encontrar información personal de otros usuarios y entablar contacto por chats. Pero, al mismo tiempo, estas redes sociales son medio ideal para pedófilos (adultos con inclinación sexual por menores de edad) debido a que les permiten establecer contacto con los chicos (con mayor frecuencia entre 10 y 15 años de edad) para engañarlos y, después, iniciar tormentoso acoso sexual.
En los últimos años este ilícito, denominado cibergrooming, se ha convertido en uno de los más comunes entre los denominados delitos informáticos. De hecho, la organización Navega Protegido en Internet (que surgió de la alianza entre la Ricky Martin Foundation y Microsoft para proteger a los niños de los peligros del ciberespacio), estima que 1 de cada 7 menores que acceden a foros de discusión y chats han recibido propuestas indebidas o sufrido algún tipo de acoso, y tan solo 27% están dispuestos a informar lo ocurrido a sus padres.
sábado, 1 de marzo de 2014
viernes, 31 de enero de 2014
El caso del gallo capón.
Los que querían dormir, no por cansancio sino por nostalgia de los sueños, recurrieron a toda clase de métodos agotadores. Se reunían a conversar sin tregua, a repetirse durante horas y horas los mismos chistes, a complicar hasta los límites de la exasperación el cuento delgallo capón, que era un juego infinito en que el narrador preguntaba si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que sí, el narrador decía que no había pedido que dijeran que sí, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que no, el narrador decía que no les había pedido que dijeran que no, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando se quedaban callados el narrador decía que no les había pedido que se quedaran callados, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y nadie podía irse, porque el narrador decía que no les había pedido que se fueran, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y así sucesivamente, en un círculo vicioso que se prolongaba por noches enteras.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, Cien años de soledad
¡Oh! ¡Señor de justicia! ¡Brazo del débil y del pobre! ¿Por qué no te alzas
contra el rico y el poderoso que así oprimen a la mujer, que la cargan de grillos mucho
más pesados que los de los calabozos, y que ni aún la dejan quejarse de su desgracia?
Infelices criaturas, seres desheredados que moráis en las desoladas montañas de mi país, mujeres hermosas y desdichadas que no conocéis más vida que la servidumbre,
abandonad vuestras cumbres queridas en donde se conservan perennes los usos del
feudalismo. (......) A vosotras, hermanas mías en sexo y en corazón; a vosotras, las de
tiernos sentimientos y alma compasiva, es a quienes suplico que tendáis la mano a esos
desamparados seres que vagan sobre la tierra, como frías y solitarias sombras, como
hoja que arrastran los vientos encontrados. Tendámosles la mano todas las mujeres...;
¿no son ellos el fruto de nuestra debilidad o de nuestro crimen?...
La hija del mar (cap. IX)
martes, 28 de enero de 2014
10 pistas para la elaboración del Relato Corto
1 Un relato es una narración breve pero completa y con sentido. 2 El relato ha de ser un texto intenso, concentrado, impactante, profundo... 3 Para que un relato sea eficaz es necesaria la precisión; conseguir que cada una de las piezas o elementos que lo componen cumpla su función y esté en su lugar. 4 También es necesaria la economía, entendida como aprovechamiento de los diferentes elementos de composición del texto. Contar más con menos, para obtener el mayor rendimiento posible de cualquier elemento de la construcción. 5 Hay que captar el interés del lector a través de un buen inicio que genere sus expectativas, le inquiete, despierte su curiosidad, rompa con lo previsible...10 pistas elaboradas por Función Lenguaje 6 Es fundamental la presencia del conflicto narrativo, definido como: enfrentar al personaje a una situación para la que no le sirven sus recursos habituales (tanto a nivel intelectual, como emocional, como físico...), que remueve sus cimientos, que trastabilla su mundo. 7 Es necesario transformar al personaje. De la vivencia del conflicto, el personaje ha de salir transformado internamente, habiendo aprendido algo o cambiado de algún modo su visión del mundo. 8 Inicio, conflicto y transformación son equivalentes a planteamiento, nudo y desenlace (estructura clásica del relato). 9 Es importante aportar sólo la información necesaria sobre el personaje y la situación que está viviendo. 10 Es necesario trabajar desde la coherencia los diferentes aspectos de la construcción del texto.
lunes, 27 de enero de 2014
Narración escrita sin la leta A
Me lo cedió mi tío Hermenegildo, y me lo recomendó de un modo muy expresivo, diciéndome:
-¡Es un chofer único en el globo, créeme! Si dispone de un buen coche, este hombre consigue prodigios enormes, que en un circo le hubiesen hecho rico. Obedéceme y sírvete de él; tú tienes un coche estupendo y te mueres de tedio ¿no es cierto? Pues te juro, querido sobrino, que cediéndote un chofer como Melecio te pongo en condiciones de ser testigo, e incluso intérprete, de emociones inconcebibles, sin precedentes en el mundo de lo locomotivo. Porque como este chofer no existen dos
Melecio Volodio, el chofer propuesto, que presenció el momento descrito, sonrió entonces con gesto misterioso. Y no bien concluyó mi tío su elogio, el chofer rozó levemente el borde izquierdo de su sombrero frégoli, color crepúsculo griego, se inclinó con un gentil movimiento y murmuró:
-Tómeme el señor, que conozco mi oficio...
Y sin otros incidentes que mereciesen ser escritos, Melecio Volodio quedó elegido chofer de mi «dieciséis cilindros», con cien duros de sueldo.
Doce excursiones, que tuvieron un epílogo tristemente quirúrgico, me convencieron en un solo mes de que como Melecio no existió en el Universo chofer ninguno.
Prescindo, diciendo esto, de su dominio peregrino del motor: Volodio no sólo conservó de continuo en los extremos de sus dedos los secretos de mi «Mercedes», sino que en el tiempo que vivió conmigo domesticó el motor de un modo mirífico, y el coche corrió, frenó y retrocedió obedeciendo como un perrito lulú los gestos de su chofer.
Pero éste mérito resultó pequeño y ridículo enfrente de otros méritos inconcebibles de Melecio Volodio.
Uno, sobre todo, me preocupó en extremo, y se convirtió de súbito en obsesión terrible de mis nervios.
El mérito en cuestión estribó, señores, en el frío desdén con que Melecio Volodio miró siempre el peligro.
¿Fue el desprecio de los bienes terrenos? ¿Fue un deseo de morir, fruto de desilusiones y de dolores ocultos? ¿Fue, simplemente, heroísmo? ¿O fue el gusto de servirme y el prúrito de divertir, con emociones fuertes, mi vivir tedioso?
Lo ignoro; no lo se... Pero es lo cierto que siempre que el chofer nuevo puso en movimiento el motor de mi coche; ejecutó sorprendentes ejercicios llenos de riesgos y sembró el terror en los sitios por donde metió el coche; destrozó los vidrios de infinitos comercios, derribó postes telefónicos y luminosos, hizo cisco trescientos coches del servicio público, pulverizó lo esqueletos de miles de individuos, suprimiéndoles del mundo de los vivos, en oposición con sus evidentes deseos de seguir existiendo; quitó de en medio todo lo que se le puso enfrente; hendió, rompió, deshizo, destruyó; encogió mi espíritu, superexcitó mis nervios; pero me divirtió de un modo indecible, porque Melecio Volodio no fue un chofer, no; fue un «simún» rugiente.
¿Por qué este furor, este estropicio continuo? ¿Por qué, si Volodio dominó el coche como no lo dominó ningún chofer de los que tuve después?
Hice lo posible por conocer el fondo del misterio, y lo logré por fin.
-¡Melecio!- le dije, volviendo de un terrible circuito que produjo horrendos efectos destructores-. Es preciso que expliques lo que ocurre. Muchos infelices, muertos por nuestro coche, piden un desquite... ¡Que yo mire en lo profundo de tus ojos, Melecio Volodio!... Di... ¿Por qué persistes en ese feroz proceder, en ese cruel ejercicio?
Melecio inspeccionó el horizonte, medio sumido en el crepúsculo, y moderó el correr del coche.
Luego hizo un gesto triste.
-No soy cruel ni feroz, señor-susurró dulcemente-. Destrozo, destruyo, y rompo, y siembro el terror... de un modo instintivo.
-¡De un modo instintivo! ¡Eres entonces un enfermo, Melecio!
-No, Pero me ocurre, señor, que he sido muchísimo tiempo chofer de Bomberos. Un chofer de Bomberos es siempre el dueño del sitio por donde se mete. Todo el mundo le permite correr, no se le detiene; el sonido estridente e inconfundible del coche de los bomberos, de esos héroes con cinturón, es suficiente, y el chofer de bomberos corre, corre... ¡Qué vértigo divino!
Concluyó diciendo:
-Y mi defecto es que me creo que siempre voy conduciendo el coche de bomberos. Y como esto no es cierto como hoy no soy, señor, el dueño del sitio por donde me meto pues ¡pulverizo todo lo que pesco!
Y Melecio prorrumpió en sollozos
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sábado, 7 de septiembre de 2013
Jugando con Caperucita
- Érase una vez una niña que se llamaba Caperucita Amarilla.
- ¡No Roja!
- ¡AH!, sí, Caperucita Roja. Su mamá la llamó y le dijo: "Escucha Caperucita Verde..."
- ¡Que no, Roja!
- ¡AH!, sí, Roja. "Ve a casa de tía Diomira a llevarle esta piel de patata."
- No: "Ve a casa de la abuelita a llevarle este pastel".
- Bien. La niña se fue al bosque y se encontró a una jirafa.
- ¡Qué lío! Se encontró al lobo, no a una jirafa.
- Y el lobo le preguntó: "Cuántas son seis por ocho?"
- ¡Qué va! El lobo le preguntó: "¿Adónde vas?".
- Tienes razón. Y Caperucita Negra respondió...
- ¡Era Caperucita Roja, Roja, Roja!
- Sí y respondió: "Voy al mercado a comprar salsa de tomate".
- ¡Qué va!: "Voy a casa de la abuelita, que está enferma, pero no recuerdo el camino".
- Exacto. Y el caballo dijo...
- ¿Qué caballo? Era un lobo
- Seguro. Y dijo: "Toma el tranvía número setenta y cinco, baja en la plaza de la Catedral, tuerce a la derecha, y encontrarás tres peldaños y una moneda en el suelo; deja los tres peldaños, recoge la moneda y cómprate un chicle".
- Tú no sabes explicar cuentos en absoluto, abuelo. Los enredas todos. Pero no importa, ¿me compras un chicle?
- Bueno: toma la moneda.
Y el abuelo siguió leyendo el periódico
Gianni Rodari, Cuentos por teléfono.
viernes, 10 de mayo de 2013
Charly; Lengua y estilo
Las novelas de Roald Dahl destacan por su fantasía, como se muestra en la

descripción de la fábrica, y por la ironía y humor negro con que refleja el
mundo adulto y, en este libro, a algunos niños que están tan contaminados
por los mayores que han perdido la inocencia y la fantasía propias de la
infancia. Esta ironía se percibe sobre todo en los violentos castigos que sufren
los niños y en las actitudes de los padres y del propio señor Wonka, más
preocupados por cuestiones intrascendentes que por el carácter o el destino de
sus hijos: “¿Adónde conduce el tubo principal? –Pues a la caldera, por
supuesto –dijo tranquilamente el señor Wonka-. Al incinerador… No se
preocupen. Siempre existe la posibilidad de que hoy no la hayan encendido” (p.
149).
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