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martes, 10 de noviembre de 2015
viernes, 30 de octubre de 2015
Micros no Club de lectura do Wirtz.
Nesta sociedade do seculo XXI vivimos de espaldas á morte.Este desprecio no día a día non está reñido co culto que lle profesamos. Ten presencia nas nosas festas, nos nosos xogos, nos nosos pensamentos. Morir e matar son ideas inherentes a ser humans. A norte sedúcenos. A fascinación que exjerce sobre nos pode vir dos tabúes con que a tratamos. Cando nos enfrentamos culturalmente a ela, tocamos un punto alto de tensión emocional, rozamos un abismo,incomprensible, da vida e sentimos vértigo: A morte nos atrae irremediablemente4
domingo, 7 de septiembre de 2014
Microtimias de Javier Puche
Llora en la celda el inmortal.
Contempla el pirómano la capilla ardiente.
Hambriento, desviste Saturno a sus hijos.
Mi sombra flirtea con otro cuerpo.
Incómodo, el cadáver cambió de postura.
Devora el caníbal al último hombre.
Tras el Apocalipsis, llora un bebé.
Acaricia el suicida a la anaconda.
Empezó a llover dentro del espejo.
Decapitado, sigue pensando el filósofo tenaz.
Intenta el espectro besarla mientras duerme.
Afortunadamente, perdió la cobertura el telépata.
Copularon hasta enloquecer. Tras lobotomizarlos, siguieron.
Tres tristes tigres se suicidaron alternativamente.
Sonámbulo, recorre el funambulista la telaraña.
Asoma un periscopio en mi consomé.
La mantis religiosa devora un crucifijo
Fantasea el inmortal con su autopsia.
Aterrado, disimula el arzobispo su erección.
Avanza la marioneta por el desierto.
Por imprevista resurrección, vendo mi tumba.
Duerme el fantasma abrazado al moribundo.
Muy triste, sueña Pinocho con termitas.
Hermafrodita busca hermafrodita para engendrar hermafroditas.
En vano intentan copular los esqueletos.
Mata despacio al joven el anciano.
Fraternalmente guiña el tuerto al cíclope.
Deplora el cadáver que lo ignoren.
Ignora el difunto que debe callarse.
Caen del cielo estrellas de mar.
Expectación. Planteamiento. Nudo. Desenlace. Aplausos. Olvido.
Contempla el pirómano la capilla ardiente.
Hambriento, desviste Saturno a sus hijos.
Mi sombra flirtea con otro cuerpo.
Incómodo, el cadáver cambió de postura.
Devora el caníbal al último hombre.
Tras el Apocalipsis, llora un bebé.
Acaricia el suicida a la anaconda.
Empezó a llover dentro del espejo.
Decapitado, sigue pensando el filósofo tenaz.
Intenta el espectro besarla mientras duerme.
Afortunadamente, perdió la cobertura el telépata.
Copularon hasta enloquecer. Tras lobotomizarlos, siguieron.
Tres tristes tigres se suicidaron alternativamente.
Sonámbulo, recorre el funambulista la telaraña.
Asoma un periscopio en mi consomé.
La mantis religiosa devora un crucifijo
Fantasea el inmortal con su autopsia.
Aterrado, disimula el arzobispo su erección.
Avanza la marioneta por el desierto.
Por imprevista resurrección, vendo mi tumba.
Duerme el fantasma abrazado al moribundo.
Muy triste, sueña Pinocho con termitas.
Hermafrodita busca hermafrodita para engendrar hermafroditas.
En vano intentan copular los esqueletos.
Mata despacio al joven el anciano.
Fraternalmente guiña el tuerto al cíclope.
Deplora el cadáver que lo ignoren.
Ignora el difunto que debe callarse.
Caen del cielo estrellas de mar.
Expectación. Planteamiento. Nudo. Desenlace. Aplausos. Olvido.
domingo, 2 de febrero de 2014
Emilio del Carril
Polígrafo no superado
-¿Usted se llama Caperucita Roja?
-Sí.
-¿Usted tiene una abuelita encamada?
-Sí.
-¿Usted frecuenta el bosque?
-Sí
-¿Usted sabía que había un lobo degenerado, pero muy guapo, a quien le gustaba seducir a las chicas que se vestían de rojo?
-...
-Repito la pregunta, ¿usted sabía que había un lobo degenerado, pero muy guapo, a quien le gustaba seducir a las chicas que se vestían de rojo?
-No lo sabía.
En el Reino de la Garúa, mayo 29 de 2014
-¿Usted se llama Caperucita Roja?
-Sí.
-¿Usted tiene una abuelita encamada?
-Sí.
-¿Usted frecuenta el bosque?
-Sí
-¿Usted sabía que había un lobo degenerado, pero muy guapo, a quien le gustaba seducir a las chicas que se vestían de rojo?
-...
-Repito la pregunta, ¿usted sabía que había un lobo degenerado, pero muy guapo, a quien le gustaba seducir a las chicas que se vestían de rojo?
-No lo sabía.
En el Reino de la Garúa, mayo 29 de 2014
viernes, 31 de enero de 2014
Material Plástico.
Un señor toma un tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de la plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diaro, hasta que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.
Julio Cortázar, Material plástico
La vida en común
Un sueño.
En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma del círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular... El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.
J.L. BORGES, La cifra
Música
Y otra vez silencio.
Un día, la puerta del estudio quedó mal cerrada, y la más pequeña de las niñas se acercó sigilosamente a la rendija; pudo ver cómo papá, a ratos, se inclinaba sobre un papel, y anotaba lago.
La niña más pequeña corrió entonces en busca de su hermana mayor. Y gritó, gritó por primera vez en tanto silencio:
-¡La música de papá, no te la creas...! ¡Se la inventa!
Ana María Matute
UN TIPO
Era bastante imbécil. Trabajaba en uno de esos parques temáticos. En invierno se vestía de Silvestre y en verano de Piolín. Los psiquiatras le diagnosticaron síndrome de doble personalidad. Era bastante imbécil. Sonreía dentro de la careta cuando le hacían una foto. Murió el año pasado. Un chaval precoz de once años con pelo largo y ojos guionados le prendió fuego a la poliamida con la punta de un cigarro.El pobre imbécil se pasaba la mitad de un año persiguiendo y la otra mitad perseguido, la mitad de un año de blanco y negro y la otra mitad amarillo y naranja. Cada uno de esos trajes representaba una personalidad y una temporada, igual que el olor a pipas impregnaba sus tardes de domingo. Su pobre mujer guarda el único traje de trabajo dentro del ropero, en un sepulcro hecho con miles de bolitas de alcanfor, como si fuera un monumento marca ACME. Murió en verano, así que es Silvestre el que yace en el armario.
Fabio Rodríguez de la Flor
La Gorra.
Al reves, todas las palabras comienzan con la A
PALABRAS PARCAS
Abelardo, Arsaín, astuto abogado argentino, asesino agudo, apuesto, ágil aerobista acicalado. Atento. Amable. Amigo asiduo, afectuoso, acechante. Ambicioso. Amante ardiente, arrecho. Autoritario. Abrazos asfixiantes, ansiosos, asustados. Aluvión apagado, artefacto ablandado, apocado. Agravado. Altamente agresivo, al acecho. Abelardo Arsaín. Arma al alcance, arremete artero, ataca arrabiado, asesina. Atrapado. Absuelto: autodefensa. ¡Ay!
Luisa Valenzuela
martes, 14 de enero de 2014
Aplastmaiento de las gotas.
Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.
Tía en dificultades.
[C:20]
¿Por qué tendremos una tía tan temerosa de caerse de espaldas? Hace años que la familia lucha para curarla de su obsesión, pero ha llegado la hora de confesar nuestro fracaso. Por más que hagamos, tía tiene miedo de caerse de espaldas; y su inocente manía nos afecta a todos, empezando por mi padre, que fraternalmente la acompaña a cualquier parte y va mirando el piso para que tía pueda caminar sin preocupaciones, mientras mi madre se esmera en barrer el patio varias veces al día, mis hermanas recogen las pelotas de tenis con que se divierten inocentemente en la terraza y mis primos borran toda huella imputable a los perros, gatos, tortugas y gallinas que proliferan en casa. Pero no sirve de nada, tía sólo se resuelve a cruzar las habitaciones después de un largo titubeo, interminables observaciones oculares y palabras destempladas a todo chico que ande por ahí en ese momento. Después se pone en marcha, apoyando primero un pie y moviéndolo como un boxeador en el cajón de resina, después el otro, trasladando el cuerpo en un desplazamiento que en nuestra infancia nos parecía majestuoso, y tardando varios minutos para ir de una puerta a otra. Es algo horrible.
Varias veces la familia ha procurado que mi tía explicara con alguna coherencia su temor a caerse de espaldas. En una ocasión fue recibida con un silencio que se hubiera podido cortar con guadaña; pero una noche, después de un vasito de hesperidina, tía condescendió a insinuar que si se caía de espaldas no podría volver a levantarse. A la elemental observación de que treinta y dos miembros de la familia estaban dispuestos a acudir en su auxilio, respondió con una mirada lánguida y dos palabras: «Lo mismo». Días después mi hermano el mayor me llamó por la noche a la cocina y me mostró una cucaracha caída de espaldas debajo de la pileta. Sin decirnos nada asistimos a su vana y larga lucha por enderezarse, mientras otras cucarachas, venciendo la intimidación de la luz, circulaban por el piso y pasaban rozando a la que yacia en posición decúbito dorsal. Nos fuimos a la cama con una marcada melancolía, y por una razón u otra nadie volvió a interrogar a tía; nos limitamos a aliviar en lo posible su miedo, acompañarla a todas partes, darle el brazo y comprarle cantidad de zapatos con suelas antideslizantes y otros dispositivos estabilizadores. La vida siguió así, y no era peor que otras vidas.
Maravillosas ocupaciones.
Qué maravillosa ocupación cortarle la pata a una araña, ponerla en un sobre, escribir Señor Ministro de Relaciones Exteriores, agregar la dirección, bajar a saltos la escalera, despachar la carta en el correo de la esquina.
Qué maravillosa ocupación ir andando por el bulevar Arago contando los árboles, y cada cinco castaños detenerse un momento sobre un solo pie y esperar que alguien mire, y entonces soltar un grito seco y breve, girar como una peonza, con los brazos bien abiertos, idéntico al ave cakuy que se duele en los árboles del norte argentino.
Qué maravillosa ocupación entrar en un café y pedir azúcar, otra vez azúcar, tres o cuatro veces azúcar, e ir formando un montón en el centro de la mesa, mientras crece la ira en los mostradores y debajo de los delantales blancos, y exactamente en medio del montón de azúcar escupir suavemente, y seguir el descenso del pequeño glaciar de saliva, oír el ruido de piedras rotas que lo acompaña y que nace en las gargantas contraídas de cinco parroquianos y del patrón, hombre honesto a sus horas.
Qué maravillosa ocupación tomar el ómnibus, bajarse delante del Ministerio, abrirse paso a golpes de sobres con sellos, dejar atrás al último secretario y entrar, firme y serio, en el gran despacho de espejos, exactamente en el momento en que un ujier vestido de azul entrega al Ministro una carta, y verlo abrir el sobre con una plegadera de origen histórico, meter dos dedos delicados y retirar la pata de araña, quedarse mirándola, y entonces imitar el zumbido de una mosca y ver cómo el Ministro palidece, quiere tirar la pata pero no puede, está atrapado por la pata, y darle la espalda y salir, silbando, anunciando en los pasillos la renuncia del Ministro, y saber que al día siguiente entrarán las tropas enemigas y todo se irá al diablo y será un jueves de un mes impar de un año bisiesto
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj.
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente un reloj, que los cumplas muy felices, y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con ancora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te ataras a la muñeca y pasearas contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo fragil y precario de tí mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgandose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de a atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demas relojes. No te regalan un reloj, tu eres el regalado, a tí te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Instrucciones para dar cuerda a un reloj.
Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Atelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa
Instrucciones-ejemplos sobre la forma de tener miedo.
Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.
Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.
Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.
Instrucciones para llorar.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Ladrones excesivos.
Ana María Shua.
Es un programa de juegos por la tele. Los niños se ponen zapatillas de la marca que auspicia el programa. Cada madre debe reconocer a su hijo mirando solamente las piernitas a través de una ventana en el decorado. El país es pobre, los premios son importantes. Los participantes se ponen de acuerdo para ganar siempre. Si alguna madre se equivoca, no lo dice. Después, cada una se lleva al hijo que eligió, aunque no sea el mismo que traía al llegar. Es necesario mantener la farsa largamente porque la empresa controla con visitadoras sociales los hogares de los concursantes. Hay hijos que salen perdiendo, pero a otros el cambio les conviene. También se dice que algunas madres hacen trampa, que se equivocan adrede.
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