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viernes, 10 de mayo de 2013

Los temas de Charly y la fábrica de chocolate.

Esta novela recoge algunos de los temas recurrentes en la obra de Roald Dah


La importancia de la fantasía como medio de salvación ante una vida gris y

mezquina.


La visión del mundo de un niño “diferente”, criado en un ambiente hostil.
 
La descripción irónica de las relaciones entre adultos y niños.

 

La supremacía de la bondad y la sensibilidad frente a los monstruos que

depara una sociedad más preocupada por el consumo y la satisfacción

inmediata de los placeres.

El personaje principal

Charlie Buckett es el protagonista de la novela. Es el héroe, un niño
bondadoso y sensato que afronta con estoicismo la dureza de su vida
cotidiana: “A menudo, la madre y el padre de Charlie acudían también a la
habitación y se quedaban de pie junto a la puerta, escuchando las historias
que contaban los ancianos; y así, durante una media hora cada noche, esta
habitación se convertía en un lugar feliz, y la familia entera conseguía olvidar
que era pobre y pasaba mucha hambre.” (pp. 17-18). Vive rodeado de adultos
(sus padres y sus abuelos), pero sin caprichos porque la magra economía.
familiar no lo permite. Su única debilidad es el chocolate, al que casi nunca

tiene acceso, pero su carácter generoso hace que se decida a compartir la

única chocolatina que recibe al año, con motivo de su aniversario: “Toma,

mamá, coge un trozo. La compartiremos. Quiero que todo el mundo la pruebe”

(p. 46). Charlie es un héroe de estirpe dickensiana: capaz de sobrevivir en un

ambiente hostil, sin perder la generosidad y la inocencia, y sin abandonar una

última esperanza aunque todo se ponga en su contra.

El genio.

Willy Wonka es el extravagante propietario de la fábrica de chocolate, una

especie de geniecillo que vive encerrado en este fantástico reino: “Nadie lo ha

visto desde entonces. Nunca sale de la fábrica” (p. 30); y que es capaz de

realizar cualquier prodigio relacionado con el mundo de las golosinas: “El señor

Willy Wonka puede hacer caramelos que saben a violetas, y caramelos que

cambian de color cada diez segundos a medida que se van chupando, y

pequeños dulces ligeros como una pluma… Puede hacer chicle que no pierde

nunca su sabor, y globos de caramelo que puedes hinchar hasta hacerlos

enormes…” (p. 21). Su actitud y comportamiento escandalizan a los padres de

los otros niños, pero el señor Wonka es capaz de apreciar lo que hay dentro de

cada uno de los chavales y otorgarles su justa recompensa.

Personaje secundario.

El abuelo Joe es un anciano de noventa años cuya única alegría, como la del

resto de los abuelos de Charlie, son las charlas con el pequeño. Desde el

comienzo de la historia se convierte en su cómplice, narrándole fantásticas

historias sobre el señor Wonka o regalándole todos sus ahorros para que

compre otra chocolatina: “Los demás no saben que lo tengo. Y ahora tú y yo

vamos a hacer un último intento para encontrar el billete restante” (p. 55).

Cuando Charlie encuentra el último billete, se levanta de la cama para

acompañarlo en su aventura: “Creo que la persona que realmente merece

acompañar a Charlie es el abuelo Joe. Parece saber mucho más sobre el

asunto que nosotros. Siempre, por supuesto, que se sienta lo bastante bien

como para… -¡Yiiipiii!- gritó el abuelo Joe, agarrando a Charlie de las manos y

bailando con él por la habitación” (p. 75).

Los personajes

Augustus Gloop destaca por su glotonería: “Come tantas chocolatinas

al día que era casi imposible que no lo encontrase. Su mayor afición es comer.

Es lo único que le interesa.” (p. 37); Veruca Salt, por ser una niña malcriada

acostumbrada a que sus millonarios padres satisfagan todos sus caprichos:

“En cuanto mi pequeña me dijo que tenía que obtener uno de esos billetes

dorados, me fui al centro de la ciudad y empecé a comprar todas las

chocolatinas de Wonka que pude encontrar”. (p. 40); Violet Beauregard es una

niña maleducada cuya única afición es comer chicle continuamente: “Adoro el

chicle. No puedo estar sin él. Lo mastico todo el tiempo salvo unos pocos

minutos a la hora de las comidas, cuando me lo quito de la boca y me lo pego

detrás de la oreja para conservarlo”. (p. 48); y Mike Tevé vive únicamente para

ver la televisión: “Mike Tevé, el afortunado ganador, parecía terriblemente

disgustado con todo el asunto: “No ven que estoy viendo la televisión”, gruñó

furioso” (p. 50).

 

El tiempo

El autor ha pretendido situar la novela en un ambiente ciertamente moderno,

aunque alejado de cualquier concreción histórica. El tiempo narrativo está

dividido en dos bloques: las primeras páginas narran los meses que

transcurren desde el anuncio del señor Wonka hasta el descubrimiento del

último billete dorado (pp. 11-75). A partir de la página 77 se describe la visita a

la fábrica, que se realiza en un único día: “De momento te invito a venir a mi fábrica y ser mi huesped"

El espacio

El espacio también está dividido claramente en dos bloques. El primero es un

lugar real, la casa de Charlie, aunque descrito hiperbólicamente para realzar la

pobreza en la que vive la familia Buckett: “Toda esta familia viven juntos en

una casita de madera en las afueras de una gran ciudad. La casa no era lo

bastante grande para tanta gente, y la vida resultaba realmente incómoda para

todos. En total, sólo había dos habitaciones y una sola cama” (p. 12). El

segundo espacio es la fábrica de chocolate, un lugar fantástico donde cualquier

prodigio es posible: un río de chocolate, un ascensor de cristal que se mueve

en todas direcciones…

 

Perspectiva y esteructura.

 

En la novela predomina la narración omnisciente en 3ª persona, aunque se

trata de un narrador “cómplice”, que se implica con sus comentarios en la

historia narrada y que se dirige en algunos casos a los lectores, como si éstos

pudiesen contemplar realmente a los personajes y las situaciones de la

historia: “Éste es Charlie. ¿Cómo estás? Y tú, ¿cómo estás? Charlie se alegra

de conoceros” (p. 12).

El diálogo tiene gran importancia en el libro, ya que ayuda a definir a

los personajes, desde las réplicas nerviosas y exclamativas del señor Wonka:

“¡Charlie! ¡Vaya, vaya, vaya! ¡De modo que tú eres Charlie! Tú eres el que hasta

ayer no encontró su billete, ¿no es eso? Sí, sí… ¡Maravilloso! ¡Fascinado! ¡Muy

bien! ¡Excelente!” (p. 83), hasta el tono imperativo y maleducado de alguno de

los niños: “¡Oh, cállate, mamá y déjame terminar! (p. 128).


 

Charly; La estructura interna.

La estructura interna marca los dos espacios de la historia: el verosímil,

que aparece en los 12 primeros capítulos y que funciona como una

introducción a la verdadera historia, narrada a partir del capítulo 13, que se

corresponde con la estancia de Charlie y los niños en la fábrica, dominada por

el tono fantástico. La primera parte funciona como el tradicional cuento en el

que el héroe debe conseguir una recompensa que se resiste, produciéndose

distintas derrotas (las tres veces en que Charlie no consigue el billete) hasta

llegar al éxito final. Mientras tanto, se produce un empeoramiento de la

situación externa (por un lado, aparecen otros ganadores, por lo que

disminuyen las posibilidades y por otro, se acrecienta la pobreza familiar, lo

que hace aún más difícil que Charlie pueda adquirir otra chocolatina). En la

segunda parte se van sucediendo distintos episodios que conducen a la

eliminación de los personajes secundarios hasta lograr el triunfo final de

Charlie, que de esta manera consigue cambiar la fortuna de su familia y

rescatarla de la miseria.

Lengua y

Charly; Lengua y estilo


Las novelas de Roald Dahl destacan por su fantasía, como se muestra en la

descripción de la fábrica, y por la ironía y humor negro con que refleja el

mundo adulto y, en este libro, a algunos niños que están tan contaminados

por los mayores que han perdido la inocencia y la fantasía propias de la

infancia. Esta ironía se percibe sobre todo en los violentos castigos que sufren

los niños y en las actitudes de los padres y del propio señor Wonka, más

preocupados por cuestiones intrascendentes que por el carácter o el destino de

sus hijos: “¿Adónde conduce el tubo principal? –Pues a la caldera, por

supuesto –dijo tranquilamente el señor Wonka-. Al incinerador… No se

preocupen. Siempre existe la posibilidad de que hoy no la hayan encendido” (p.

149).