miércoles, 15 de abril de 2015

LA SONRISA DE LUCÍNDA de Soraya Mistral.


LA SONRISA DE LUCÍNDA

 

Son las cuatro de la tarde, el sol entra por el ventanal situado en Fernández Latorre. Ana mira la fuente luminosa de Cuatro Caminos, abre la ventana ya qué se siente ahogada.

No hay nada que le guste mas que tomar el solen Bastiagueiro, a sus 27 años disfruta haciendo senderismo. Coge la mochila, siempre lleva manzanas y Acuarius. Hoy irá a O Carballo a ver a su madre Marina y a su abuela Lucínda.

Cierra los ojos y recuerda a su abuela, siempre radiante con vestidos de enormes flores. Algo le anda por su cabeza, la mirada lánguida de su abuela, pero cuando le pregunta a su madre, nunca hay respuesta, como dice su madre Marina extravagante y loca,  ella es así y es lo que hay.

Son las 5,10 cuando Ana llega a la imponente chalet de su abuela. Lucínda con 86 años está radiante y ágil y con su amplia sonrisa se lanza apresuradamente a los brazos de su nieta, ella dos tienen una complicidad,  vivaz como una jovenzuela.

Marina está molesta, por la apariencia de su madre.

Marina:           ¿ Y yo qué? No saludas a tu vieja madre.

Ana:     Ya voy... es que la abuela salió corriendo.

Marina:           Excusas siempre esta ella antes que yo. Para ti soy la vieja.

Ana:     No digas tonterías, con 64 años y tu salud tan buena, estas magnifica.

Marina:           ! Salud buena! Salud buena la de la abuela, siempre correteando como si tuviera 20 años, detrás de ti.

Ana:     Mamá ella siempre fue así, recuerda, yo de niña, no paraba y ella salía corriendo detrás de mi, en el colegio, yo era oír la sirena y ella gritarme "ven aquí, ahora Ana" no paraba quieta y siempre me gustaba correr, escapar.

Marina:           Tu abuela siempre con sus excentricidades, le gusta ser el centro de atención, !Mira como viste!, Ya se ve, que no está bien de la cabeza.

Lucínda:          !Ya está bien! A ti todo te molesta, si hablo, porque invento y si estoy callada, porque ya está pensando en mis locuras.

Ana se siente incómoda, su infancia siempre fue así, ellas dos discutiendo, su madre trabajaba en la Fábrica de Tabacos y su abuela le contaba esas viejas historias, invenciones de la gente, !vamos cuentos para niños!

 Pero ese día estaba especialmente inquieta, había demasiada tensión en el aire.

Marina:           Deberías de comportarte, ser sensata, y dejarte de fantasías.

Lucínda:          A ti lo que te molesta es que sea diferente.

Marina:           Tú siempre inventas cosas para llamar la atención.

Lucínda:          Tu nunca me quisiste creer...Pero yo sé que me paso algo, algo que no logro comprender.

Marina:           Acepta las cosas como son. Sino puedes dormir toma tus pastillas, el médico ya te dijo que son los nervios.

Lucínda:          ¿Que nervios? Ya os gustaría verme todo el día sedada calladita.

Marina:           Deberías estar callada, así no le harías daño a Ana.

Ana:     Dejar de discutir, a la abuela hay que escucharla.

Marina:           Tu siempre de acuerdo con ella, dejándome a mi sola.

Ana:     Mamá sabes que te quiero, pero eres muy dura, si ella es feliz así.

Marina la interrumpe súbitamente.

Marina:           Se cree una gran dama. Mira su cara, a su edad no se debería pintar de esa manera.

Lucínda:          Me pinto, porque pronto vendrá mi otra hija.

Ana:     ¡Callar ya!

Se hace un gran silencio, silencio que huele a miedo.

Marina no quiere oír hablar de eso, siempre, ese fantasma ahí, mi madre es hija única pero... la cabeza de la abuela no está bien, se imagina tener otra hija, la hija perfecta, amable y cariñosa, siempre sonriendo.

Ana solo siente lastima, sola en esa habitación, donde no se respira, no hay aire, solo secretos.

Ana no está dispuesta a ver tensa a su madre, tensa y a su abuela así de clara y tajante.

Se dispone a terminar con esta situación de una vez, y si hay algo... de verdad.

Coge el móvil para hacer una llamada: Buenas tardes: Agencia Napoleón.

Si, mire necesitaba un detective privado pero que fuera reservado, es un asunto muy delicado.

Yo, soy Luis Suarez, el jefe, de ese tipo de asuntos, me encargo yo personalmente.

Si le parece, podría pasarse mañana por mi despacho.

Le parece bien mañana a las 6.

Si, perfecto.

Ana está inquieta, no había dormido bien, explicar algo personal la inquieta, pero está  decidida a saber porque su abuela es así, tiene pocos datos, pero para eso están los detectives.

El despacho es luminoso, aunque huele a humedad, montones de papeles desordenados encima de una vieja mesa de madera de caoba.

Buenos días, dijo una voz clara y fuerte.

Ana se siente segura.

Usted dirá.

Vera, estoy aquí por mi abuela Lucínda López Bello, que nació en  1929, y tiene una hija, mi madre, Marina Castro López. Y de mi abuelo no sé nada ya que murió de tuberculosis cuando mi madre tenía 5 años.

Luis Suárez:     Bien, y ... ¿Porque viene aquí?

Ana:     Necesito que investigue sobre la vida de mi abuela. Ella dice que tuvo otra hija, y claro, !todo el mundo piensa que está loca!. Mi madre dice que como ella no es como la abuela deseaba, se inventa lo de la otra, para fastidiar.

Luis Suarez:     Necesito datos. Y su madre, ¿vivió siempre en La Coruña?

Ana:     Si, mi madre nació aquí en el Hospital de Labaca, mi madre dice que nunca salieron de La Coruña, que ella no ha visto mundo.

 


Luis Suárez es un hombre de 50 años, a su edad lo ha visto casi todo, pero esta historia  le parece banal, no son peleas por la herencia, ni mujeres buscadoras de maridos infieles.

Esta historia, parece una tontería inventada por alguien senil y fantasioso.

Pero algo le inquieta. ¿Y si fuera verdad? Que secretos tendrán las paredes de un viejo hospital.

Poco sabe del hospital, salvo que estaba en Monserrat, y que fue hecho por el arquitecto Leonardo Bescansa, llevado por el sacerdote José Sánchez Mosquera y más tarde por el Magistrado de la Audiencia Pardo de Andrade.

Sabe que las monjas de la Caridad que allí trabajaban, ahora estaban en Madrid, así que llamaría a su amigo Jorge Salas, que además de ser un importante político era amigo de la Iglesia y así será todo mas fácil.

Transcurrieron 2 meses, Jorge Salas manda una carta urgente, ya que dentro de cuatro días tiene que estar en Coruña. Tiene buenas noticias sobre el caso de Lucínda López Bello.

Hoy, 8 de Junio, para Luis Suarez, un buen día, su amigo Solas lo ha llamado, ya está en la ciudad, y a las 6 de la tarde lo verá.

Salas:   Caso resuelto amigo, eso si ya sabes cómo van las cosas, tiene que darle una buena cantidad al jardinero. La hermana Josefina dice que José el jardinero se encargaba de casi todo en el Hospital Labaca, cuando hablaba no paraba, pero eso sí, cuando le hacen preguntas dice "no recuerdo" y otras evasivas. Bueno, en resumen, Lucinda López Bello, tuvo gemelas y ella no podía alimentarlas, así que las monjas decidieron que la niña llevaría mejor vida en una buena casa. Fue llevada a Valencia con una familia adinerada.

Suarez sonríe, este caso era más complicado de lo que parecía. Últimamente en las noticias hablaban sobre los robos de bebes y la implicación de la Iglesia.

Son buenas noticias para él, y para su clienta, y su abuela no está loca.

Por lo que piensa que él será famoso y se imagina en la TV haciendo entrevistas, ganando mucho dinero.

Pero eso, es otra historia.

 

lunes, 13 de abril de 2015

Grieta al Pasado. De Fran Prado


Grieta al Pasado


Me desperté temprano, como cualquier otro lunes, desayuné, me vestí y salí hacia el colegio. AÚn por la calle seguía adormilado, como siempre. Llegue al colegio con tiempo de sobra como era habitual y me dirigí a la puerta. Allí, estaba mi amigo esperándome.


-Hola- le dije.

-Buenas- me respondió – ¿qué cuentas?

-No mucho, la verdad.


En ese momento suena la campana y entramos. Al entrar en clase, nos sentamos y sacamos los libros y el estuche. La profesora entra en clase.


-Buenos días- nos dijo antes de sentarse.


La clase comenzó y luego la siguiente y después la siguiente...

pero, antes de llegar al recreo, llamaron a la puerta. Era el


conserje, un hombre bastante callado y serio, pero muy trabajador y servicial. Venia a buscar a un par de niños por un conflicto que había sucedido ayer, entre ellos estaba yo.

Salimos de clase y lo seguimos hasta el despacho de la directora, pero no utilizamos las escaleras principales. Nos llevo hasta una puerta blanca doble que había en todos los pisos. Abrió la puerta con la manilla negra y nos dijo que entráramos. Era la primera vez que entraba en esa sala que, en realidad, eran unas viejas y deterioradas escaleras de metal. Estaba oscuro, la única luz que se veía, era la que procedía de unas sucias ventanas llenas de polvo. Bajamos hasta la planta baja, durante el descenso, pude ver montones de cajas viejas y rollos de papel, mapas enrollados y material escolar viejo. Cuando salimos de allí y entramos al despacho de la directora, una mujer bajita de carácter serio pero muy, muy amable; yo seguía pensando en ese las escaleras, esas viejas escaleras tan misteriosas. Después de la conversación con la directora, salimos al patio. Yo, fui corriendo hacia mi amigo y le empecé a describir todo lo que había visto, en esas escaleras.

Empezamos a especular sobre un motón de cosas, entre ellas, la idea de un posible tesoro escondido dentro de aquellas viejas cajas o entre los polvorientos montones de papeles. Nos fascino tanto la idea, que nos pasamos las restantes clases en las nubes. Al finalizar la ultima clase, nos dirigimos al comedor, entramos y empezamos a comer a toda prisa. Cuando acabamos tuvimos que esperar a que nos dejaran salir al patio para ir donde estaba la puerta, esperamos a que no hubiera nadie en el pasillo y entonces abrimos la puerta. Entramos rápidamente y empezamos a mirar entre las cajas y entre los papeles con la esperanza de encontrar algo. Pasaron los minutos y seguíamos sin encontrar nada, empezamos a aburrirnos de buscar, así que decidimos salir de allí pero entonces, apareció el conserje. No decía nada, simplemente nos miraba con cara sería. Entonces dijo con voz grave.


-¿Que estabais haciendo vosotros ahí?


-Estábamos paralizados por el miedo, hubo un largo silencio, el prosiguió.


-¿Os ha comido la lengua el gato?- dijo con tono sarcástico.

-Nosotros solo...- balbuceé aterrado.


En ese momento vino la directora, preguntando que estaba pasando. Nosotros seguíamos asustados, ella nos llevo hasta su despacho y allí nos pregunto que había pasado. Nosotros se lo contamos asustados por lo que nos pudiera suceder. Entonces ella soltó una leve carcajada. Nosotros nos quedamos atónitos y ella, aun con la sonrisa en la cara, nos dijo que no nos preocupáramos, que es bueno tener ilusión. Nos dijo que podíamos irnos, pero que no se volviera a repetir. Nosotros salimos de allí aliviados, a veces la imaginación nos juega una mala pasada.
 
 
 
 

viernes, 10 de abril de 2015

EL ESPÍA DEL PASADO; JONATHAN COSTA LUENGO


EL ESPÍA DEL PASADO.


 

 

El inspector Enrique, Enri para familia y amigos, se despertó de nuevo exhausto. Había tenido la misma pesadilla desde hacía días. Se disponía a levantarse cuando pensó en ella. Jessica, su esposa, estaba a miles de kilómetros de allí, pero él la sentía cerca pese a todo. Después de unos minutos, al fin se levantó de la cama, tomo un café caliente, se vistió y salió a su despacho en el centro de la ciudad.

Desde su casa hasta su despacho, habitualmente, perdía cerca de media hora en llegar, pero hoy había demasiado tráfico. Al cabo de unos minutos, pasadas ya las nueve de la mañana, introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta. Sin poder pestañear ni una sola vez, entró muy sobresaltado al despacho con su arma en la mano. Estaba todo patas arriba. Buscó en los cajones, en los estantes y en su mesa de trabajo, hasta que recordó que el día anterior, al ver a un hombre que lo seguía desde hacía varios días, decidió esconderlo en un doble fondo del cajón inferior derecho de su mesa. Respiró aliviado al ver que seguía allí.

Después de acabar su jornada de trabajo, su hijo David lo fue a buscar, para que lo llevase en su coche, ya que no tenía dinero para coger la línea 12 del bus, que era el que más cerca de casa lo dejaba. Cuando llegaron, las luces estaban encendidas. Enri cogió su Walther P99 y se dirigió sigilosamente a abrir la puerta de su casa, luego de decirle a su hijo David que se quedase en el coche, preparado por si algo pasase. Al adentrarse en la vivienda, el humo de lo que parecía tabaco lo rodeó, como queriendo escapar de ahí. Vio una silueta en la cocina, pero apartó un instante la mirada para ver por la ventana si su hijo aun seguía bien, y al volver a mirar, esta ya había desaparecido. Siguió avanzando por el corredor oscuro, el cual daba a la cocina, y que conectaba con la sala de estar. En el mismo instante en el que cruzó la puerta, un disparó le penetró en el costado derecho, sin tiempo a ver al agresor. Su pesadilla había cobrado forma. David salió disparado hacia el lugar, en el cual encontró a su padre tirado en el suelo. Este le dijo tan solo unas palabras: Encuentra al culpable.

Días más tarde, ya celebrado el funeral de Enri, su madre regresó a su labor como profesora en el colegio Labaca, y David comenzó con la promesa que le había hecho a su padre. Comenzó buscando pistas alrededor de la casa, hasta que halló un trozo de una chaqueta, probablemente del asesino. En esa misma tarde, su madre la vio encima de la cama de su hijo cuando se disponía a recogerle la ropa sucia para meterla en la lavadora. Le preguntó por ella y le contó lo que había pasado y como la encontró. Jessica le dijo que era de un compañero suyo de trabajo, el profesor Sorge. Al día siguiente, David fue al trabajo con su madre para interrogar a Hans Sorge. Pasada hora y media, David salía del colegio, y parecía hacerlo no muy contento de sus resultados. Después de comer con su madre y su tía Judith, que también había regresado de su vivienda en el centro de Moscú, David se fue a la morgue en la que había estado su padre dos días antes, y en la que tenía un amigo de la infancia, y que se había comprometido a guardar los objetos personales de su padre. Al recogerlos, lo primero que hizo inmediatamente después de darle las gracias fue coger el coche de su madre, que se lo había prestado, e ir a su despacho. Abrió la puerta e inspeccionó cada rincón de él, hasta que se percató de que cuando era pequeño, su padre le había enseñado el doble fondo del cajón de su mesa. Lo abrió y saco el sobre con varias cartas que tenia dentro. Las leyó todas tranquilamente en el bar de la esquina, en el que había pedido una taza de café y tres sobres de azúcar. En esas cartas decía que un antiguo espía llamado Richard Sorge, nacido en territorio del antiguo Imperio Ruso en el año 1895, en la ciudad de Bakú, en el actual Azerbaiyán. Recordó a Hans Sorge, y que igual tenía parentesco directo con Richard. También recogía información sobre un experimento que Sorge había llevado a cabo con un doctor nazi en la época de la Segunda Guerra Mundial, allá por el año 1941, y en el que el doctor Josef Mengele intentaba experimentar con Sorge para congelarlo sin ningún tipo de consecuencias ni efectos secundarios, y que permaneciera así varios años, para luego descongelarlo y volver a la vida, con fines aún desconocidos. David se quedó de piedra mientras avanzaba en la lectura de esas cartas tan extrañas. Por un momento dudó de su originalidad, pero poco a poco se fue convenciendo y pensando que Hans podría tener mucho que ver en ese tema. Decidió irse a su casa a descansar, mañana sería otro día.

Al despertarse, miró a ver si su madre seguía en casa, y así era. Le preguntó si sabía de donde era Hans y si tenía parentesco con el espía alemán Richard Sorge. Ella sabía que era alemán, pero no si mantenía parentesco con ese tal Richard. David le pidió el favor de preguntárselo, y ella accedió. Ese día le tocaba hacer la comida a David, ya que su madre tenía que quedarse una hora más con unos alumnos castigados. Pasaba el tiempo pero su madre no aparecía, asi que decidió llamarla. No lo cogía, y eso era raro en ella, salvo que estuviera aún en clase. Decidió esperar otro rato a ver si aparecía y, si no lo hacía, volver a llamarla. David se preocupó por ella cuando pensó en lo que le había pedido que hiciera, y decidió ir en su busca al colegio. Le preguntó a la secretaria si sabía donde se encontraba, pero esta le dijo que ya se había ido. David recorrió el colegio en su búsqueda, hasta que, desesperado, salió a buscar su coche. No lo encontraba, de modo que optó por llamar a la policía. Esta rastreó su coche y lo encontraron en un callejón, a poco mas de diez kilómetros del colegio. David empezó a llorar desconsoladamente cuando vió el cadáver de su madre, ensangrentado y lleno de marcas. La policía investigó el caso, pero David sabía que no lo harían intensamente, así que decidió investigarlo el mismo por su cuenta, accediendo a información con el número de identificación de su padre en el registro de archivos de la policía.

Llevaba días sin dormir una noche completa. Cuando conseguía quedarse dormido, recordaba a sus padres y se despertaba emocionado, con la lagrima a punto de salir. Una noche, antes de irse a dormir, le dijo a su tía Judith que si le ayudaría a desenmascarar al asesino de sus padres, y esta no se lo pensó dos veces, y le dijo que si. Juntos reunieron información sobre Sorge, su principal culpable. Intentaron por todos los medios encontrar algo que lo identificara, pero por mas que buscaban, incluso en los documentos de la policía, no encontraron nada. Decidieron tomarse un respiro, e ir unos días a una casa en un lago que su padre había comprado para Jessica y para él cuatro años después de nacer David. Se despejaron la mente y volvieron al trabajo, desde cero. Revisaron todos los papeles que tenía su padre en su despacho, y dieron con algo bastante inquietante, aunque a la vez interesante. El tal Sorge no tenía papeles ni identificación. Su padre barajaba la posibilidad de que se tratase de Richard Sorge que, junto al doctor Mengele, habían conseguido su propósito. Ellos, al igual que su padre, pensaban que era ridículo, pero otra parte de ellos les decía que podía ser posible. Luego planificaron un plan bastante alocado, peligroso y arriesgado. Si les salía mal podrían ir a la cárcel, pero no les importo a cambio de descubrir la verdad sobre Sorge. El plan consistía en esperar a que todos los profesores salieran del colegio y seguir a Sorge hasta su casa, luego llamar a la puerta y obligarle a seguirlos hasta su casa, sin que el viera en donde se encontraba su residencia.

El día de la verdad llegó. Esperaron a que todos los profesores se fuesen, pero no veían a Sorge por ningún lado. Decidieron adentrarse en el colegio en su busca, indefensos salvo por el arma que era propiedad del padre de David. Llegaron a la cafetería del colegio, donde vieron a una persona sentada, comiéndose lo que parecía un sándwich o un bocadillo. Le hicieron darse la vuelta y, efectivamente, era Sorge. Le preguntaron que que hacía allí, si ya era hora de irse, y este le respondió que vivía ahí. Se quedaron un poco atónitos ante su revelación, pero decidieron seguir igualmente con su plan. De manera que se acercaban a él iban conversando con Sorge, hasta que llegaron a su lado. Hicieron un movimiento rápido tapándole la cabeza con un saco, le ataron las manos y se lo llevaron hasta su coche, procurando que nadie los viera con él en ese estado. Al fin llegaron a su casa, donde lo llevaron al sótano. Poco después le quitaron el saco de la cabeza. Les sorprendió su estado de tranquilidad. Le hicieron muchas preguntas, pero Sorge se negaba a responder, hasta que le hablaron del doctor Mengele. Luego, Hans, o mejor dicho Richard, les contó que la razón por la cual hicieron tal experimento. Les contó que en el año 1940, uno antes de empezar el proceso de congelación de Richard, este fue capturado por un pelotón de alemanes del 1er Batallón del Regimiento Der Führer, de la División SS Das Reich del Waffen-SS, en Oradour-sur-Glane, y que descubieron que era un espía. Pero en lugar de matarlo, lo llevaron a junto del mismísimo dictador Adolf Hitler. Este le dio dos caminos a elegir: unirse a ellos y seguir vivo o traicionarlos y morir. Este eligió unirse a ellos, pero tiempo más tarde, recibió órdenes de infiltrarse en la Unión Soviética y filtrar información a Alemania. Cuando llegó a Moscú, fue recibido por una persona que le era familiar, una persona con la que había compartido largas tardes tras varios años de su vida. Era su primo Bastian Sorge, que al igual que él, era una especie de espía, con la diferencia de que el ofrecía sus servicios a la Unión Soviética. Los dos se identificaron al instante, y Bastian ordenó que lo apresaran. Despues de torturarlo durante días, Richard confesó que lo habían enviado con el fin de recadar información útil para Alemania, y Bastian tuvo la idea de matarlo él personalmente. Fue a un bosque para que nadie lo viera, pero Richard consiguió cambiar a un soldado nazi abatido anteriormente en una batalla y huír a Alemania. Así, Richard Sorge consiguió volver con su amigo el doctor Josef Mengele con el propósito de congelarlo para vengarse en el futuro de los descendientes de Bastian.

Después de escuchar a Richard contarles su historia, les quedó una duda. ¿Qué tenían que ver sus padres con Bastian Sorge? Richard les respondió que su padre, Enrique García Adler, era nieto del hijo de Bastian. Con respecto a su madre, les confesó que sólo fue porque ella se estaba acercando a la verdad con las preguntas que le había hecho en el colegio. Finalmente, Richard decidió entregarse él mismo y no involucrar a ninguna persona más. Al llegar a la comisaría, los policías lo interrogaron, pero llegaron a pensar que estaba loco, y le hicieron un examen mental. Al final, la policía decidió llevarlo a un psiquiátrico para tratar su estado mental. Años más tarde, David y Judith lo visitaban semanalmente, hasta que un día, Richard no aguanto más su estancia en aquel lugar y se ahorcó en su celda. Finalmente, a David le quedó una duda: estaba loco de verdad o decía la verdad?

 


                  RICHARD SORGE

 


     
 
 
 
    
 
                   JOSEF MENGELE








JONATHAN COSTA LUENGO 3ºB
 

 

 

 

 

 

martes, 10 de marzo de 2015

FEIJOO sore a novela.

Non vai descamiñada a idea de falar de best-seller, pero máis como xogo que pensando no mercado. Pensei que aquí podería facerse un tipo de novela que teñen outras literaturas, cunha parte histórica, un ritmo rápido, con intriga... pero usando a riqueza dos elementos propios do país. Quizais sexa deformación de filólogo, pero eu preciso ter os elementos enriba da mesa antes de escribir: tiña a historia sempre misteriosa do ouro dos galeóns de Rande, a memoria dos anos da guerra e a posguerra, a idea dun protagonista que fose un antiheroe e tamén o espazo xeográfico de Vigo. Despois de ler con tantas gañas historias doutros apetecíame que fosen pezas galegas as que se ensamblasen e é por iso que escribín Os fillos do mar. Dame medo resultar frívolo nesta formulación, pero creo que é o temos que facer.
P. Aínda así reclámase un certo rigor histórico máis alá das licencias da ficción.
R. A realidade da nosa historia supera con moito a ficción do que podemos recrear os escritores, pero todo o que sae no libro referido, por exemplo, á batalla de Rande no 1702, foi rigorosamente documentado. O traballo previo de investigación fíxome ver as carencias que temos, porque aquel foi un momento fundamental para a implantación dos Borbóns e está menos estudado do que debía. Apoiarse na historia real axuda ao novelista, pero se hai tantas lagoas de coñecemento queda o campo libre á imaxinación. Para o novelista é bo, pero é unha faena para o cidadán, porque rematamos por non saber da historia propia.
P. Recobra tamén datos sobre o tempo da posguerra pouco explotados na literatura nosa, como as fugas organizadas ao exilio.
R. A intención miña é chamar a atención sobre a realidade histórica a través do seu uso na ficción. Cando desmiúzo as pezas do libro teño medo a caer na frivolidade, pero defendo a recuperación da novela de entretemento e a miña intención de fondo é falar de algo que foi real. Quero que o lector o pase ben, pero ao chegar á derradeira páxina se sinta parte desa historia que tamén é a súa, que explica quen somos agora. A fuxida da xente era para sobrevivir, porque senón marchaban matábanos. Non é que queira descubrir as dores da guerra, pero hai que asegurarse de que non se vai esquecer. E iso tamén vale para a batalla de Rande, porque somos un pobo moi esquecedizo, e as cousas pasaron e hai que saber delas. Dígolle ao lector: pasáchelo ben, pero agora xa non ignoras a historia dos teus.
P. É tamén unha novela na que a cidade de Vigo acada un grande protagonismo.
R. Hai xa un fato de novelas con este espazo urbano. Entre outras que me veñen á cabeza Antón e os inocentes de Ferrín, Amor de Tango de María Xosé Queizán ou varias de Cid Cabido... Escribín sobre Vigo porque é a miña cidade. Sempre admiraba as novelas de Eduardo Mendoza, que me fixeron coñecer e entender Barcelona doutra maneira, ou o cine de Woody Allen con Nova York como pano de fondo. Por iso creo que as obras teñen máis forza se as vinculas ás súas cidades. A historia que conto é universal, pero pasou en Vigo, e gústame recrear as rúas ou as construcións do arquitecto Michel Pacewicz que durante moitos anos foi unha lenda ou o Vigo de primeiro de século ou o modernista. Isto tamén é historia e só hai que saír á rúa, observar e collelo.


Se queres ler toda a entrevista AQUÍ

En la playa de Oza.

La ciudad en el ocaso del imperio colonial español

Más de lo que se perdió en Cuba

Décadas de relleno y cemento cubren las fosas comunes donde yacen los repatriados muertos de la guerra de Cuba, sin un trabajo de localización y recuperación que sí apoyó Defensa en la isla

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Más de lo que se perdió en Cuba
Más de lo que se perdió en Cuba 
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En torno al año 1978 aparecieron en diferentes obras del puerto y alrededores decenas de cadáveres que podrían pertenecer a alguno de los centenares de fallecidos de la guerra de Cuba, que no sobrevivieron a la travesía o no se recuperaron a su llegada a un país derrotado por los estadounidenses en la batalla y derrotado por la caída en picado de la euforia patriótica a la depresión colectiva. A pesar de que el Ayuntamiento prometió aquel mismo 1898 un monumento a los caídos, un tributo que nunca se materializó. Y mientras algunos se lucraban con las idas y venidas a Cuba, una generación de veinteañeros se perdió a uno y otro lado del charco

ANA RODRÍGUEZ | A CORUÑA Eran chavalillos en el fin de siglo. Mocetones pobres con papás que no tenían 2.000 pesetas para poder librarlos de ir a luchar a colonias. Muchos no volvieron y los que volvieron asustaban por su rostro cadavérico deambulando por las calles coruñesas. Al puerto de la ciudad arribaron numerosos barcos con soldados hacinados cual sardinas, algunos muertos, algunos vivos, todos derrotados por el enemigo y buena parte derrotados por las enfermedades. La guerra siempre es negocio y unos pocos aumentaron su patrimonio en el ir y venir de naves, en la costosa repatriación desde Cuba hacia Oza, donde la soldadesca estaba obligada a permanecer en cuarentena. Por toda esa zona de la ciudad reposan o han reposado los cuerpos de los que no resistieron la contienda y el regreso.
No resistieron tampoco el rodillo del olvido de un país que, después de enviar a miles de hombres a la lucha entre vítores de patriotismo, apostó por la lobotomía colectiva. Ni una placa ni una calle ni intención de localizar las fosas comunes que pueden albergar cientos de cadáveres. La intención sí existe en Cuba, después de que una empresa de arqueología zaragozana, auspiciada por el Ministerio de Defensa, realizase un listado de todos los que allá murieron y localizase algunas de sus sepulturas. Un gran número de nombres de esa lista son gallegos.
Y es que la tercera parte de los tripulantes de la Armada española -la más poderosa del planeta con la inglesa y la estadounidense- que se fueron a Filipinas y a Cuba eran gallegos. Y la cuarta parte de los dos mil marineros de la orgullosa Flota del Atlántico, que fue desintegrada en un solo día en Santiago de Cuba, eran coruñeses, especialmente de la comarca de Ferrol, donde todavía se recuerdan coplas contra Estados Unidos que cantaban las Pepitas y que se convirtieron en el gran hit tabernero de aquel año 1898.
El punto de arranque de la investigación en Cuba es, precisamente, la búsqueda de los restos de los marinos de la escuadra española que murieron en el combate naval del 3 de julio, un proyecto denominado Regreso con honor que levantó el arqueólogo zaragozano Javier Navarro. En una primera fase se elaboró un listado definitivo de bajas. Después se localizaron los posibles lugares de enterramiento y se llevó a cabo una prospección con georradar para delimitar las zonas de búsqueda de los restos inhumados en las playas. La última fase, la del sondeo arqueológico, para localizar restos óseos, fue interrumpida hace más de un año por falta de recursos económicos. En un principio, el Ministerio de Defensa apoyó el proyecto pero, según relata Navarro, cambiaron las personas y los criterios para la concesión de ayudas -se celebró el bicentenario de la guerra de Independencia- y finalizó el soporte económico público para poder continuar con las prospecciones en la isla caribeña.
Pero el proyecto sigue ahí, pendiente de financiación, que también se solicitó a la Xunta de Galicia, dado el elevado número de gallegos que allí perdieron su vida aquel 3 de julio de 1898. La Flota del Atlántico había zarpado del puerto de A Coruña, procedente de su base en Ferrol, pero jamás regresó. El objetivo era casi imposible y la tercera parte de sus tripulantes fallecieron en el intento desesperado de hacer frente al enemigo americano. Y muchos de los que regresaron, con destino también a la dársena coruñesa, perecieron en la travesía o ya en tierra, internados en el lazareto de Oza, sin poder sobrevivir a las heridas y a las peligrosas enfermedades que contrajeron durante la guerra.
Históricamente, los lazaretos se establecieron en distintos puntos de la costa española con el objetivo de albergar a los buques llegados de países en los que reinaban enfermedades epidémicas y contagiosas. Los pasajeros permanecían en ellos en cuarentena antes de dirigirse definitivamente al puerto consignado. La Revista de Obras Públicas, la decana de las publicaciones de Ingeniería Civil, definía el lazareto en 1854 como "el guarda de la salud pública" y el primer punto que visitaban tanto las clases bajas como gentes "de elevada categoría".
El lazareto de San Simón en Vigo fue uno de los primeros que se construyó en España y empezó a prestar servicio en 1842. Otros lugares con instalaciones "guardas de la salud pública" -y guardas de la prosperidad portuaria- eran Cádiz, Mahón (Menorca) y Pedrosa (Santander). El lazareto de Oza comenzó a funcionar en 1889. Este tema fue en su tiempo un aliento más a la rivalidad histórica entre norte y sur de Galicia, porque la existencia o no de un sanatorio para viajeros llegados de tierras extrañas condicionaba el punto de arribada de los buques.
La asociación coruñesa Bardo Cultural recuerda cómo en 1831 la Junta Superior de Sanidad comunicaba a la Junta Municipal de Coruña la Real Orden por la que el Rey prohibía la construcción de un lazareto en la ciudad. A pesar de ello, entre 1832 y 1841 existió un pequeño centro en los terrenos donde se hallaba la isla de los Judíos y Corralón de A Gaiteira.
El permiso no llegó a A Coruña hasta 1883. Se reformaría el desaparecido castillo de Oza para albergar el sanatorio. La iniciativa fue promovida por empresarios, navieros y banqueros de la ciudad, que crearon la Sociedad Mercantil del Lazareto de Oza. Fue en esta década cuando el colectivo comercial y empresarial de A Coruña se hacen con la totalidad de los terrenos en la franja costera del antiguo Ayuntamiento de Oza.
Como todos los lazaretos, el de A Coruña tenía dos partes. La primera, la limpia, en lo que hoy es el Sanatorio de Oza, constituida por el antiguo castillo. El resto de instalaciones estaban situadas al otro lado de la desaparecida playa de Lazareto, próxima a lo que hoy sería O Puntal. Estaban comunicados por un puente de hierro y madera de 230 metros de longitud. Los buques se dirigían a uno o a otro según la patente -limpia, sucia, sospechosa o apestada- con la que llegaran. Fueron el primer testigo de la dolorosa repatriación de los supervivientes del último capítulo del ocaso del imperio colonial español.
El historiador y arqueólogo Javier Navarro, promotor de la recuperación de la memoria y la búsqueda de fosas comunes del conflicto, narra cómo la dramática situación que se dio en España a finales del XIX "no fue sufrida igual por todas las clases sociales".
"Mientras las clases pudientes pudieron capear el temporal e incluso obtener beneficios con los múltiples negocios que acompañaron el extraordinario movimiento de tropas hacia los escenarios bélicos", argumenta, "una generación completa de jóvenes, hijos de las familias más desfavorecidas, fueron diezmados y sacrificados en el altar de la Patria".
Para los unos "los alardes patrióticos no pasaron de los salones, bares y cafeterías o de las barreras y tendidos de las plazas de toros". Para los otros fue diferente, para todos aquellos que no pudieron pagar la exención, que costaba entre 1.200 y 2.000 pesetas.
La Ilustración Americana y Española, una de las más importantes publicaciones periódicas de la segunda mitad del XIX, relata la desoladora llegada de las tropas a la ciudad de A Coruña con impresionantes fotografías de Víctor L. Riobóo y José Sellier.
El periódico habla de la llegada a la ciudad del vapor Alicante, uno de los buques hospitales que dispuso el Gobierno para que los soldados regresasen en buenas condiciones, una medida que resultó, a todas luces, insuficiente. La nave llega a A Coruña el 23 de agosto de 1898 procedente de cuba. Fallecieron 60 de los 1.000 soldados que embarcaron y otros se murieron apenas desembarcar.
"Tristísimas escenas se han desarrollado con este motivo, pues no puede verse sin profundo dolor el estado en el que el mortífero clima de Cuba y las rudas fatigas de la terrible guerra nos devuelven a muchos de los que hace poco tiempo partieron de España llenos de vida y entusiasmo a pelear por el honor a la bandera", describe La Ilustración Americana y Española.
Prosigue: "Más si es triste el espectáculo de los que vuelven enfermos, es aún más desgarrador el de los infelices que han venido a bordo luchando con la muerte, con el anhelo de llegar a la patria y, ya en sus aguas, mueren sin tener el consuelo de pisar su tierra".
Otras publicaciones son todavía más dramáticas. Un corresponsal ve "espectros más que personas vivientes. "Su cuerpo flácido y escueto cubierto con andrajos, les daba un aspecto a la vez repugnante hasta el horror y tristísimo hasta hacer derramar lágrimas", añade. Marcados de por vida, mutilados o enfermos y, como acto final, incluso mendicantes a un Estado que tardó en liquidar lo que les debía.
La asociación Bardos Cultural está realizando un listado de todos aquellos que, desde el lazareto de Oza, fueron a parar al cementerio o a fosas comunes, hoy bajo décadas de relleno y cemento. Identifican varias zonas como posible lugar de enterramientos colectivos. El primero, en la zona de la lonja antigua y la lonja nueva, en cuyas obras aparecieron esqueletos, según explica el colectivo.
También se hallaron restos de un centenar de cuerpos en 1978, continúan, en el triángulo entre la Casa del Mar, la estación de ferrocarril San Diego y el antiguo muelle del Este. Otro posible yacimiento estaría próximo a la zona del lazareto sucio, en O Puntal y al actual muelle de Oza. Finalmente, otro de los enterramientos colectivos estaría en las proximidades del lazareto limpio y los cementerios de Oza.
El actual cementerio situado en Monelos -recuerda el investigador José Temprano, de Bardos Cultural- se construyó como permuta de la iglesia románica de Oza y dos cementerios, unas propiedades vendidas a la Sociedad Mercantil del Lazareto por 12.815 pesetas.
"Estos cementerios jugaron una importante función en el regreso de los combatientes de Cuba al finalizar la guerra en los años 1898 y 1899, ya que fue en el lazareto donde fueron ingresados un gran número de los enfermos y heridos en la contienda", analiza la asociación coruñesa.
La ciudad fue protagonista en la casi imposible misión de retener la última colonia pero también en la llamada de atención sobre la injusta situación de la soldadesca.
Entre las contadas voces que se levantaron en contra de la sangría destaca una manifestación que tuvo lugar en las calles de A Coruña. Cuando España estaba cegada por la exaltación patriótica, en pleno fervor, canteros de la CNT protagonizaron una marcha en la que reclamaban que no se siguiera "desangrándose a la clase obrera" en una guerra cuya paz o rendición firmaría en París una delegación encabezada por Montero Ríos. El tratado dejó tranquila a una urbe en pánico porque temía que los victoriosos estadounidense atacasen Ferrol y A Coruña, como figuraba en sus planes desde 1894. El Gobierno envió al acorazado Victoria para defender el noroeste, mientras retenes de la Cruz Roja patrullaban la ciudad.

Las Naves
A Coruña fue eufórica partida y desmoralizado regreso en la guerra de Cuba. En el entorno del lazareto de Oza permanecieron fondeados numerosos barcos. Estas son algunas de las naves más importantes ancladas en la ciudad 1898:
-'Montserrat' (28 de agosto). Llegó con 575 soldados, entre ellos, 50 enfermos graves.
-'Montevideo' (6 de septiembre). Salió de Cuba el 25 de agosto. Arribó con 2.028 soldados y 167 familiares y también tuvo que fondear en la ciudad. El buque transportaba a 80 enfermos, 20 graves. Durante el trayecto perecieron 18 soldados. Entre los días 9 y 10 de septiembre murieron otros 42.
-'San Ignacio de Loyola' (18 de septiembre). Echó el ancla con 1.386 pasajeros. Un total de 1.285 eran militares, 718 enfermos. Hasta 180 de ellos estaban considerados graves. En su travesía fallecieron 124 personas.
-'Ciudad de Cádiz' (finales de septiembre). Llegó con 180 soldados y un gran número de oficiales. Muchos fueron trasladados al lazareto santanderino de Pedrosa por falta de plazas para alojarlos en la ciudad.
-'Chateau de Laffite' (25 de noviembre). De bandera francesa con pasaje civil y 1.070 repatriados militares. En el viaje murieron 21 personas.
Durante la contienda en la isla, fallecieron 1.810 hombres oriundos de la ciudad de A Coruña. 989 murieron de enfermedades comunes; 468, de vómito negro o fiebre amarilla; 65, de heridas recibidas; 63, en el campo de batalla; y 226, por causas todavía desconocidas.
Son datos obtenidos por Javier Navarro (Arqueología y Restauración SL) que, paralelamente a sus investigaciones sobre las fosas comunes y la Flota del Atlántico que partió de A Coruña, se implicó en la elaboración de una base de datos de todos los españoles que habían fallecido en Cuba entre 1895 y 1898 y habían sido enterrados en cementerios cubanos. Completó para ello los trabajos iniciados por Raúl Izquierdo Canosa, presidente del Instituto de Historia de Cuba y de la Unión de Historiadores. Había elaborado una base de datos de 38.000 marinos.
"Faltaban datos de interés, como la unidad a la que pertenecía el soldado y el lugar de nacimiento", explica Navarro, "y me propuse completar el estudio acudiendo a las fuentes españolas: el Archivo General Militar de Madrid y la relación de fallecidos publicados en el Diario Oficial del Ministerio de Guerra". El objetivo, conseguir "un estudio con base científica del coste humano que tuvo aquella contienda para España, que diezmó a una generación de jóvenes en una guerra que ni les iba ni les venía". A día de hoy han recopilado datos de 55.000 soldados.

lunes, 23 de febrero de 2015

El Nautilus en Vigo 18 de febreo 1868

 

O submarino do capitán Nemo, símbolo da revolución tecnolóxica do XIX, visitou Galicia o 18 de febreiro de 1868 segundo a novela de Verne.
O 18 de febreiro de 1868, o capitán Nemo, a bordo do submarino ‘Nautilus‘, chega á ría de Vigo, segundo a novela “20.000 leguas baixo dos mares”. Aquela data era un martes de inverno, cando o somerxible máis famoso da literatura entrou canda as illas Cíes, cortando as augas. A bordo viaxaban o capitán Nemo e os seus tres ilustres hóspedes: o arpoador Ned Land, o profesor Aronnax e o seu asistente, Conseil.
A data é exacta porque “20.000 leguas baixo dos mares” está escrita como un diario, no que cada pasaxe está datada. Así sabemos que a lenda do “Nautilus” comezou a forxarse en 1866, cando varios vapores avistaron unha estraña criatura ou “obxecto mariño descoñecido”. Ao ano seguinte, o leviatán cobrouse as súas primeiras vítimas. O 5 de marzo de 1867, o “Moravian”, da Montreal Ocean Company, choca contra unha rocha descoñecida nas cartas náuticas. E, o 13 de abril, o “Scotia”, da Cunard, é arremetido por un enorme narval que lle fai unha descomunal e arrepiante vía de auga.
Así que, en xuño de 1867, a fragata “Abraham Lincoln” zarpa dos peiraos de Brooklin, en Nova York, á caza do monstro. E, como asesor científico, viaxa o zoólogo Aronnax, acompañado do seu mordomo.
A busca resulta infrutuosa durante meses. O 6 de agosto dobran o Cabo de Hornos e, dúas semanas máis tarde, atravesan o Trópico de Capricornio rumbo ao Pacífico Noroeste. Cruzarán ao Ecuador o 27 de agosto e cumprirán tres meses de misión na illas Sándwich e Marquesas. Finalmente, en novembro, aparecerá a criatura. Ás 23 horas do 7 de novembro de 1867, a fragata “Abraham Lincoln” é atacada polo monstro mariño. Caen á auga Aronnax, Conseil e Ned Land. E, á mañá seguinte, cando se creen a punto de morrer, emerxe o “Nautilus” e recolle os tres.
Nautron respoc lorni virch” son as primeiras palabras que escoitarán a bordo. Pronúnciaas un tripulante nunha lingua descoñecida para os náufragos, a que fala toda a tripulación do ‘Nautilus’. Pronto coñecerán ó seu anfitrión, que os recibe na fastosa biblioteca do somerxible. Nemo (“Ninguén” en latín) é o seu nome. Dende ese momento, saberán que son prisioneiros dunha das máis grandes aventuras da historia da literatura.
Dez días despois do seu rescate, os pasaxeiros son invitados a unha cazaría submarina en augas da illa de Crespo. Alí usaranse aparatos Rouquayrol de respiración submarina e lámpadas Ruhmkorff. Ambos os dous inventos foron estreados en Vigo para o rescate dos tesouros de Rande, na época en que Verne escribiu a súa novela. É unha proba máis de que o xenio de Nantes se inspirara para o libro nas operacións de rescate dos tesouros que se desenvolvían na badía viguesa neses anos, e que estaban a empregar por vez primeira os maiores adiantes en submarinismo.
'20.000 leguas baixo dos mares' comezou a publicarse en 1869.
‘20.000 leguas baixo dos mares’ comezou a publicarse en 1869.
Nos meses sucesivos, o Nautilus cruza o Ecuador (1 de decembro), avista as illas Marquesas (4 de decembro), pasa as Novas Hébridas (25 de decembro) e ten un combate cos aborixes de Papúa (9 de xaneiro).
Tras navegar por Timor, Ceilán e o golfo de Adén, o 7 de febreiro intérnanse no Mar Vermello. A través dunha canle submarina -que adianta o milagre da enxeñaría que suporá a canle de Suez- acceden ao Mediterráneo. Finalmente, o Nautilus cruza o estreito de Xibraltar e entra na ría de Vigo o 18 de febreiro de 1868. Será unha breve escala, cun único obxectivo: acceder á auténtica caixa de caudais do capitán Nemo, o tesouro dos galeóns da Frota da Prata, afundida na batalla de Rande de 1702.
Mentres os mergulladores abren cofres cargados de metais preciosos, Nemo pronuncia as súas históricas palabras: “Nestes mesmos instantes atopámonos na baía de Vigo e só de vostede depende descubrir os misterios que nela se agochan”. Seguidamente, preguntará a Aronnax se coñece a historia de España. E rematará narrando, ao longo de varias páxinas, a batalla de Rande, con profusión de detalles, recordando o dramático combate de 1702 no que unha frota combinada anglo-holandesa esmagou á escuadra franco-española, deixando 2.500 mortos e 1.800 feridos. E, con eles, a lenda dun fabuloso tesouro mergullado.
A visita a Vigo será breve. Ao día seguinte, o 19 de febreiro, o Nautilus chega pola noite á Atlántida, o continente desaparecido, que Verne sitúa nun punto impreciso non demasiado lonxe das illas Cíes, aínda que matiza que se estendía ata as Azores, Madeira e as Canarias, que considera os últimos cumios do que foi un vasto territorio, a sexta maior porción de terra firme do planeta.
Grazas á paixón de Verne polo dato preciso, coñecemos a data exacta en que o Nautilus visitou a ría de Vigo: o martes, 18 de febreiro de 1868. Sucedeu, polo tanto, un ano antes da publicación de “20.000 leguas baixo dos mares”, que comezou a saír por entregas no “Magasin d’Éducation et de Récréation” o 20 de marzo de 1869 e rematou o 20 de xuño de 1870.
Jules Verne visitaría Galicia persoalmente anos máis tarde. En concreto, estaría en Vigo en 1778 e 1884, en dúas estancias de catro días cada unha, as únicas que fixo en España na súa vida. Pero iso xa é outra historia. Esta de hoxe vai dunha efeméride literaria, unha data máxica que une a Galicia cun dos libros máis lidos da toda a historia.

El Nautilus en Vigo.

Os tripulantes do 'Nautilus' saen de cacería submarina nun capítulo do libro.

lunes, 9 de febrero de 2015

Vamos al teatro

El galán Don Juan de Mendoza se reúne con su amigo Don Alonso de Luna - célebre por sus conquistas femeninas - para pedirle consejo sobre la mejor forma de atraer la atención de la joven Doña Leonor, hija del despótico Don Pedro Enríquez. Don Alonso se apresta a ayudar, seduciendo a Doña Beatriz, persona de rígida moral , hermana mayor y guardiana de la moral de Leonor.

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miércoles, 28 de enero de 2015

o BURACO DO INFERNO.

 
 
Al principio de la novela nos encontramos con un mapa cartográfico de la costa sur de Galicia, en donde aparecen la ría de Vigo y la de Pontevedra. Frente a ellas están los hermosos parajes que conforman las Islas Cíes y la Isla de Ons, en donde se encuentra el famoso Buraco do Inferno (Agujero del Infierno o Boca del Infierno). Unas islas que desempeñarán un papel fundamental en el desarrollo de la trama y su desenlace. 
 
 

Tratase de lendas.

 Julio Barreiro Rivas conoció a Hitler y asegura que la teoría de su suicidio es un cuento.
Todo comenzó un día hablando con un amigo de Ha vuelto, esa desternillante ficción de Timur Vernes en la que Hitler reaparece en la Alemania de 2011 y se convierte en un heterodoxo cómico televisivo. “Oye, ¿y viste lo del señor que dice que Hitler había muerto en Galicia?. Al escuchar esto experimenté una erección. El señor al que se refería mi amigo resultó ser Julio Barreiro Rivas, Farandulo para los amigos.
Totalmente integrado en Venezuela desde hace muchos años, es una fusión perfecta de indiano y patriarca bíblico. Escultor, compositor, escritor e historiador, nació en Forcarei (Pontevedra) hace más de 80 años. A los 22 emigró, se casó y formó una familia numerosa, con el plan de crear la Kelly Family del folk venezolano. El grupo ‘Los hijos de la casa grande’ -en honor a su enorme hogar - fue un éxito 
Pero la profesión por la que Julio accedió a misterios a los que la mayoría jamás accederemos es el de cantero especialista en túneles secretos, un oficio milenario que aprendió en su Galicia natal con sólo once años, gracias a su tío Jesús y su padre Francisco, responsable (a través de vínculos falangistas) de la construcción de los aeropuertos gallegos en los años 30. Julio fue, entre otros, maestro de obras de La isla de la Orchila, un resort donde los altos mandos venezolanos celebraban orgías.
No estaba muerto, estaba en un convento
Siguiendo las enseñanzas de Robert Anton Wilson, decidí creérmelo todo pero sin tomarme nada demasiado en serio. Cuando contacté con Julio, se prestó a colaborar con la condición de tener antes una breve conversación telefónica que se alargó a 30 minutos de llamada internacional. Un coste que consideré una inversión que quizá cambiaría la historia del siglo XX.
Dice Barreiro Rivas que tenía catorce años cuando ocurrió su encuentro con Hitler, Eva y otros refugiados alemanes e italianos. Estaba ayudando a su tío a construir el cuartel de la Guardia Civil de Samos y el contrato incluía un pequeño trabajo secreto en el convento: construir laberintos subterráneos. Franco tenía buena relación con don Mauro Gómez, el abad mitrado del monasterio, al lado de la Avenida del Generalísimo. Hasta hace poco una placa en el claustro mayor recordaba la visita del Caudillo en agosto de 1943. Fue gracias a este trabajo que Julio llegó a ver a los prófugos nazis.
Ante la pregunta de cuál era la finalidad exacta de aquellos túneles, Farandulo se muestra ligeramente reticente a dar una respuesta exacta, por respeto a los secretos propios de su oficio.
Pagaría por ver eso. Hitler vestido de benedictino en un monasterio gallego resulta totalmente surrealista. Sin embargo, es verdad que Galicia era un enclave estratégico para el führer. Los alemanes tenían aquí minas de wolframio, antenas en Cospeito, submarinos en la costa atlántica, un aeródromo en Rozas (Lugo) e incluso alguna tumba en el cementerio de San Amaro (A Coruña). Ciertos historiadores, como Abel Basti, también sostienen la teoría de que el dictador no murió en el búnker, sino que huyó a Argentina a través de la costa gallega. Farandulo me cuenta que no sabe cuánto tiempo pudo haber estado viviendo Hitler en Galicia, pero se muestra bastante seguro ante la posibilidad de que sus restos aún estén allí, a no ser que los rastros fueran eliminados en el misterioso incendio ocurrido en 1951.
Este lugar recibió pasajeros misteriosos, un piloto de la División Azul y extrañas muertes.
“Cuando ardió el convento pareciera que el incendio fue provocado sólo con el propósito de quemar todos los rastros de Hitler y sus compinches en el Convento de Samos.”
Según la hemeroteca, Franco volvería a visitar Samos en 1960 tras la reconstrucción del edificio. No fue hasta  el 1947 cuando Julio descubrió como Hitler logró llegar hasta tierras gallegas.
El führer aterrizó en un campo de patacas
Esta es la parte de la historia que más me fascina ya que, pese lo aparentemente disparatado del suceso, existen pruebas de que un avión trimotor aterrizó en una finca de Córneas.  Así es como el cantero lo relata:
“El maestro me anuncia que saldremos para otro trabajo, la construcción de un horno, cargados de maletas llenas de hierros. Pasamos por el Cebreiro, llegamos a Piedrafita y nos internamos por un sendero de piedras, Después de una larga caminata llegamos a Córneas. Lo primero que encontramos fue la majestad de un avión trimotor alemán que, según nos contaron, había aterrizado allí el 1 de mayo de 1945 y llevaba en la finca cerca de un año. Me pareció haber visto aquel avión en otro sitio, me recordó a del campo de Lavacolla (Santiago).
Julio recuerda haber visto cuando era pequeño aviones alemanes en Lavacolla, cuando acompañaba a su padre en las obras del aeropuerto.
“Tres meses estuve trabajando en Córneas, todos los días visitaba el avión y el dueño de la finca me contaba cómo aterrizó en un lugar tan pequeño y que las patatas allí sembradas se perdieron pero a él se las pagaron. En el avión venían ocho personas, entre ellas una mujer. También me contó que uno de los pasajeros se había lastimado en el aterrizaje. Yo creo que en este pueblito tiene que existir alguna persona que se acuerde del avión. Pero como la gente tiene miedo, a lo mejor todos perdieron los recuerdos o pueden estar amenazados.”
Empecé a sentirme como el investigador de una peli de nazis de serie B. Una rápida consulta en Google confirma que un avión trimotor aterrizó en Córneas. Se trataba de un c-352. Aquí se puede ver un completísimo artículo de Luis G. Pavon, publicado en la Revista Española de Historia Militar n67-68, con fotos y detalles sobre el insólito suceso. La mayoría de hechos coinciden con lo expuesto por Julio: anónimos pasajeros misteriosos, un habilidoso piloto de la División Azul, extrañas muertes accidentales de algunos testigos, la recepción de la Guardia Civil, los restos del avión custodiados durante meses por soldados y sabrosos extras como un vecino que afirma haber usado durante años una puerta del avión como puerta para su horno de hacer pan. Según esta versión, el aparato habría caído en 1950, vendría desde Getafe y tanto el avión como sus tripulantes serían de origen español. Se lo comunico a Farandulo.

 Si quieres leer el artículo completo AQUÍ
http://www.vice.com/es/read/hitler-esta-enterrado-en-galicia