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lunes, 6 de septiembre de 2021

A Gaiteira y Drake.


El puente de A Gaiteira  nace para  vadear el río Monelos. Este punto era considerado el límite de A Coruña hasta la anexión del municipio de Oza y fue uno de los escenarios de la defensa de la ciudad contra los ingleses en 1589. Las tropas de Drake, recién desembarcadas en la playa de Oza, se enfrentaron aquí contra los soldados coruñeses que salieron a su encuentro y que intentaron frenar su avance. Entre los vigilantes que hubo aquí para controlar el acceso a la ciudad hubo una mujer, famosa por su habilidad con la gaita y que dio nombre al barrio.

¿Quién podía imaginar a cien navíos ingleses cayendo sobre La Coruña? A media tarde otro aviso dio confirmación a lo que era inimaginable: ¡Llegan los ingleses!

En la mañana del jueves 4 de mayo una enorme fogata en Cabo Prioriño avisaba que el destino de la enorme flota inglesa era La Coruña. La Invencible inglesa, a paso lento frente a las costas de Mera se situó a la una del mediodía hacia el interior de la ría sin encontrar la menor resistencia, fondeando fuera del alcance de los cañones del castillo de San Antón, y comenzó en el arenal de Santa María de Oza el desembarco con catorce lanchones de las numerosas tropas: 120 capitanes, 17.390 soldados, 1.380 caballeros, 95 jinetes, 4.100 marineros y 290 colonos.

La Coruña disponía en ese momento de una guarnición excepcionalmente numerosa, pues a los 150 hombres de Álvaro de Troncoso había que sumar los 500 soldados viejos de infantería de Marina que eran la base de la defensa coruñesa; soldados bragados de los Tercios viejos de infantería española curtidos en mil batallas, compenetrados con sus capacitados oficiales y jefes, que regresaron en los buques de la Gran Armada que vinieron a reparar; y además de estos extraordinarios profesionales, los mejores infantes de su época, hay que contar a 560 coruñeses levantados en armas (220 arcabuceros y 340 piqueros) al mando de Meiranes, Montoto, Cotrofe y Del Lago. Esto hacía una formidable guarnición de unos 1.200 hombres.
Nada que ver con los 23.375 individuos que traían los ingleses. Esta desproporción se explica porque Drake no tenía órdenes de atacar La Coruña, sino de designios mucho mayores. Su escuadra era la apropiada para grandes empresas y no para tomar una ciudad con una población total de unos 4.000 habitantes.

En la organizada defensa de la Ciudad las mujeres fueron, en principio, las encargadas de entregar agua y comida a todos los defensores a fin de que estos no abandonasen sus puestos ni un instante; puntualmente asistir a los heridos y trasladar a los muertos. Días más tarde serían ellas las que suministrarían pólvora, cuerda y proyectiles que ya empezaban a escasear por lo que acabaron fabricándolos con todo lo que fuese metálico.

Además de este trajín se encargaban de reforzar el perímetro por el interior y terraplenar los cubos huecos consiguiendo así una solidez que las murallas no tenían lo que permitió plantar sobre ellas piezas de artillería. Los niños y los ancianos con movilidad estaban en permanente ayuda y realizaron trabajos como el de acarrear desde las lonjas que estaban arrimadas al exterior del muro todo el bizcocho que allí se guardaba (destinado como alimento a la despensa de los buques que se hacían a la mar) y cuando no pudieron acarrear más por ser sorprendidos por el enemigo incendiaron las lonjas con su contenido para no caer en manos de los ingleses.

En la noche del ocho de mayo se reúne un grupo representativo de los ciudadanos coruñeses (sin la presencia de autoridades) que acuerdan firmar su famoso Voto, su promesa particular en la que solicitan la protección de la Virgen del Rosario para que las hordas inglesas no logren adueñarse de la ciudad. Una vez firmado el documento, los firmantes se volvieron a sus puestos de defensa en la muralla. La promesa consistía en celebrar anualmente una fiesta en honor de la Virgen del Rosario, dotar a quince doncellas con veinte ducados a cada una, atender a los pobres de la ciudad y hacer una procesión conmemorativa

Los sucesivos ataques desde diversos puntos, propiciados por un invasor que parece no sentir las bajas van desgastando y debilitando el poder defensivo de los sitiados. A medida que esto ocurre las mujeres coruñesas van adquiriendo un mayor protagonismo en todas las tareas de defensa. Ahora ya han dejado a niños y ancianos las labores de apoyo y ellas cargan sus propias armas y las empuñan. En una de las muchas escaramuzas que hubo en Puerta de Aires, María Pita comandando un batallón de mujeres entra en combate en primera línea; después de más dos largas horas de feroz batalla logran la retirada de los ingleses dejando cientos de muertos y heridos; el desgaste ha sido tan intenso para los sitiadores que ya no volverán a intentarlo, y esta hazaña comentada entre los defensores de la muralla hizo que diversos capitanes utilizasen a las más aguerridas en mayores cometidos.

martes, 10 de marzo de 2015

En la playa de Oza.

La ciudad en el ocaso del imperio colonial español

Más de lo que se perdió en Cuba

Décadas de relleno y cemento cubren las fosas comunes donde yacen los repatriados muertos de la guerra de Cuba, sin un trabajo de localización y recuperación que sí apoyó Defensa en la isla

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Más de lo que se perdió en Cuba
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En torno al año 1978 aparecieron en diferentes obras del puerto y alrededores decenas de cadáveres que podrían pertenecer a alguno de los centenares de fallecidos de la guerra de Cuba, que no sobrevivieron a la travesía o no se recuperaron a su llegada a un país derrotado por los estadounidenses en la batalla y derrotado por la caída en picado de la euforia patriótica a la depresión colectiva. A pesar de que el Ayuntamiento prometió aquel mismo 1898 un monumento a los caídos, un tributo que nunca se materializó. Y mientras algunos se lucraban con las idas y venidas a Cuba, una generación de veinteañeros se perdió a uno y otro lado del charco

ANA RODRÍGUEZ | A CORUÑA Eran chavalillos en el fin de siglo. Mocetones pobres con papás que no tenían 2.000 pesetas para poder librarlos de ir a luchar a colonias. Muchos no volvieron y los que volvieron asustaban por su rostro cadavérico deambulando por las calles coruñesas. Al puerto de la ciudad arribaron numerosos barcos con soldados hacinados cual sardinas, algunos muertos, algunos vivos, todos derrotados por el enemigo y buena parte derrotados por las enfermedades. La guerra siempre es negocio y unos pocos aumentaron su patrimonio en el ir y venir de naves, en la costosa repatriación desde Cuba hacia Oza, donde la soldadesca estaba obligada a permanecer en cuarentena. Por toda esa zona de la ciudad reposan o han reposado los cuerpos de los que no resistieron la contienda y el regreso.
No resistieron tampoco el rodillo del olvido de un país que, después de enviar a miles de hombres a la lucha entre vítores de patriotismo, apostó por la lobotomía colectiva. Ni una placa ni una calle ni intención de localizar las fosas comunes que pueden albergar cientos de cadáveres. La intención sí existe en Cuba, después de que una empresa de arqueología zaragozana, auspiciada por el Ministerio de Defensa, realizase un listado de todos los que allá murieron y localizase algunas de sus sepulturas. Un gran número de nombres de esa lista son gallegos.
Y es que la tercera parte de los tripulantes de la Armada española -la más poderosa del planeta con la inglesa y la estadounidense- que se fueron a Filipinas y a Cuba eran gallegos. Y la cuarta parte de los dos mil marineros de la orgullosa Flota del Atlántico, que fue desintegrada en un solo día en Santiago de Cuba, eran coruñeses, especialmente de la comarca de Ferrol, donde todavía se recuerdan coplas contra Estados Unidos que cantaban las Pepitas y que se convirtieron en el gran hit tabernero de aquel año 1898.
El punto de arranque de la investigación en Cuba es, precisamente, la búsqueda de los restos de los marinos de la escuadra española que murieron en el combate naval del 3 de julio, un proyecto denominado Regreso con honor que levantó el arqueólogo zaragozano Javier Navarro. En una primera fase se elaboró un listado definitivo de bajas. Después se localizaron los posibles lugares de enterramiento y se llevó a cabo una prospección con georradar para delimitar las zonas de búsqueda de los restos inhumados en las playas. La última fase, la del sondeo arqueológico, para localizar restos óseos, fue interrumpida hace más de un año por falta de recursos económicos. En un principio, el Ministerio de Defensa apoyó el proyecto pero, según relata Navarro, cambiaron las personas y los criterios para la concesión de ayudas -se celebró el bicentenario de la guerra de Independencia- y finalizó el soporte económico público para poder continuar con las prospecciones en la isla caribeña.
Pero el proyecto sigue ahí, pendiente de financiación, que también se solicitó a la Xunta de Galicia, dado el elevado número de gallegos que allí perdieron su vida aquel 3 de julio de 1898. La Flota del Atlántico había zarpado del puerto de A Coruña, procedente de su base en Ferrol, pero jamás regresó. El objetivo era casi imposible y la tercera parte de sus tripulantes fallecieron en el intento desesperado de hacer frente al enemigo americano. Y muchos de los que regresaron, con destino también a la dársena coruñesa, perecieron en la travesía o ya en tierra, internados en el lazareto de Oza, sin poder sobrevivir a las heridas y a las peligrosas enfermedades que contrajeron durante la guerra.
Históricamente, los lazaretos se establecieron en distintos puntos de la costa española con el objetivo de albergar a los buques llegados de países en los que reinaban enfermedades epidémicas y contagiosas. Los pasajeros permanecían en ellos en cuarentena antes de dirigirse definitivamente al puerto consignado. La Revista de Obras Públicas, la decana de las publicaciones de Ingeniería Civil, definía el lazareto en 1854 como "el guarda de la salud pública" y el primer punto que visitaban tanto las clases bajas como gentes "de elevada categoría".
El lazareto de San Simón en Vigo fue uno de los primeros que se construyó en España y empezó a prestar servicio en 1842. Otros lugares con instalaciones "guardas de la salud pública" -y guardas de la prosperidad portuaria- eran Cádiz, Mahón (Menorca) y Pedrosa (Santander). El lazareto de Oza comenzó a funcionar en 1889. Este tema fue en su tiempo un aliento más a la rivalidad histórica entre norte y sur de Galicia, porque la existencia o no de un sanatorio para viajeros llegados de tierras extrañas condicionaba el punto de arribada de los buques.
La asociación coruñesa Bardo Cultural recuerda cómo en 1831 la Junta Superior de Sanidad comunicaba a la Junta Municipal de Coruña la Real Orden por la que el Rey prohibía la construcción de un lazareto en la ciudad. A pesar de ello, entre 1832 y 1841 existió un pequeño centro en los terrenos donde se hallaba la isla de los Judíos y Corralón de A Gaiteira.
El permiso no llegó a A Coruña hasta 1883. Se reformaría el desaparecido castillo de Oza para albergar el sanatorio. La iniciativa fue promovida por empresarios, navieros y banqueros de la ciudad, que crearon la Sociedad Mercantil del Lazareto de Oza. Fue en esta década cuando el colectivo comercial y empresarial de A Coruña se hacen con la totalidad de los terrenos en la franja costera del antiguo Ayuntamiento de Oza.
Como todos los lazaretos, el de A Coruña tenía dos partes. La primera, la limpia, en lo que hoy es el Sanatorio de Oza, constituida por el antiguo castillo. El resto de instalaciones estaban situadas al otro lado de la desaparecida playa de Lazareto, próxima a lo que hoy sería O Puntal. Estaban comunicados por un puente de hierro y madera de 230 metros de longitud. Los buques se dirigían a uno o a otro según la patente -limpia, sucia, sospechosa o apestada- con la que llegaran. Fueron el primer testigo de la dolorosa repatriación de los supervivientes del último capítulo del ocaso del imperio colonial español.
El historiador y arqueólogo Javier Navarro, promotor de la recuperación de la memoria y la búsqueda de fosas comunes del conflicto, narra cómo la dramática situación que se dio en España a finales del XIX "no fue sufrida igual por todas las clases sociales".
"Mientras las clases pudientes pudieron capear el temporal e incluso obtener beneficios con los múltiples negocios que acompañaron el extraordinario movimiento de tropas hacia los escenarios bélicos", argumenta, "una generación completa de jóvenes, hijos de las familias más desfavorecidas, fueron diezmados y sacrificados en el altar de la Patria".
Para los unos "los alardes patrióticos no pasaron de los salones, bares y cafeterías o de las barreras y tendidos de las plazas de toros". Para los otros fue diferente, para todos aquellos que no pudieron pagar la exención, que costaba entre 1.200 y 2.000 pesetas.
La Ilustración Americana y Española, una de las más importantes publicaciones periódicas de la segunda mitad del XIX, relata la desoladora llegada de las tropas a la ciudad de A Coruña con impresionantes fotografías de Víctor L. Riobóo y José Sellier.
El periódico habla de la llegada a la ciudad del vapor Alicante, uno de los buques hospitales que dispuso el Gobierno para que los soldados regresasen en buenas condiciones, una medida que resultó, a todas luces, insuficiente. La nave llega a A Coruña el 23 de agosto de 1898 procedente de cuba. Fallecieron 60 de los 1.000 soldados que embarcaron y otros se murieron apenas desembarcar.
"Tristísimas escenas se han desarrollado con este motivo, pues no puede verse sin profundo dolor el estado en el que el mortífero clima de Cuba y las rudas fatigas de la terrible guerra nos devuelven a muchos de los que hace poco tiempo partieron de España llenos de vida y entusiasmo a pelear por el honor a la bandera", describe La Ilustración Americana y Española.
Prosigue: "Más si es triste el espectáculo de los que vuelven enfermos, es aún más desgarrador el de los infelices que han venido a bordo luchando con la muerte, con el anhelo de llegar a la patria y, ya en sus aguas, mueren sin tener el consuelo de pisar su tierra".
Otras publicaciones son todavía más dramáticas. Un corresponsal ve "espectros más que personas vivientes. "Su cuerpo flácido y escueto cubierto con andrajos, les daba un aspecto a la vez repugnante hasta el horror y tristísimo hasta hacer derramar lágrimas", añade. Marcados de por vida, mutilados o enfermos y, como acto final, incluso mendicantes a un Estado que tardó en liquidar lo que les debía.
La asociación Bardos Cultural está realizando un listado de todos aquellos que, desde el lazareto de Oza, fueron a parar al cementerio o a fosas comunes, hoy bajo décadas de relleno y cemento. Identifican varias zonas como posible lugar de enterramientos colectivos. El primero, en la zona de la lonja antigua y la lonja nueva, en cuyas obras aparecieron esqueletos, según explica el colectivo.
También se hallaron restos de un centenar de cuerpos en 1978, continúan, en el triángulo entre la Casa del Mar, la estación de ferrocarril San Diego y el antiguo muelle del Este. Otro posible yacimiento estaría próximo a la zona del lazareto sucio, en O Puntal y al actual muelle de Oza. Finalmente, otro de los enterramientos colectivos estaría en las proximidades del lazareto limpio y los cementerios de Oza.
El actual cementerio situado en Monelos -recuerda el investigador José Temprano, de Bardos Cultural- se construyó como permuta de la iglesia románica de Oza y dos cementerios, unas propiedades vendidas a la Sociedad Mercantil del Lazareto por 12.815 pesetas.
"Estos cementerios jugaron una importante función en el regreso de los combatientes de Cuba al finalizar la guerra en los años 1898 y 1899, ya que fue en el lazareto donde fueron ingresados un gran número de los enfermos y heridos en la contienda", analiza la asociación coruñesa.
La ciudad fue protagonista en la casi imposible misión de retener la última colonia pero también en la llamada de atención sobre la injusta situación de la soldadesca.
Entre las contadas voces que se levantaron en contra de la sangría destaca una manifestación que tuvo lugar en las calles de A Coruña. Cuando España estaba cegada por la exaltación patriótica, en pleno fervor, canteros de la CNT protagonizaron una marcha en la que reclamaban que no se siguiera "desangrándose a la clase obrera" en una guerra cuya paz o rendición firmaría en París una delegación encabezada por Montero Ríos. El tratado dejó tranquila a una urbe en pánico porque temía que los victoriosos estadounidense atacasen Ferrol y A Coruña, como figuraba en sus planes desde 1894. El Gobierno envió al acorazado Victoria para defender el noroeste, mientras retenes de la Cruz Roja patrullaban la ciudad.

Las Naves
A Coruña fue eufórica partida y desmoralizado regreso en la guerra de Cuba. En el entorno del lazareto de Oza permanecieron fondeados numerosos barcos. Estas son algunas de las naves más importantes ancladas en la ciudad 1898:
-'Montserrat' (28 de agosto). Llegó con 575 soldados, entre ellos, 50 enfermos graves.
-'Montevideo' (6 de septiembre). Salió de Cuba el 25 de agosto. Arribó con 2.028 soldados y 167 familiares y también tuvo que fondear en la ciudad. El buque transportaba a 80 enfermos, 20 graves. Durante el trayecto perecieron 18 soldados. Entre los días 9 y 10 de septiembre murieron otros 42.
-'San Ignacio de Loyola' (18 de septiembre). Echó el ancla con 1.386 pasajeros. Un total de 1.285 eran militares, 718 enfermos. Hasta 180 de ellos estaban considerados graves. En su travesía fallecieron 124 personas.
-'Ciudad de Cádiz' (finales de septiembre). Llegó con 180 soldados y un gran número de oficiales. Muchos fueron trasladados al lazareto santanderino de Pedrosa por falta de plazas para alojarlos en la ciudad.
-'Chateau de Laffite' (25 de noviembre). De bandera francesa con pasaje civil y 1.070 repatriados militares. En el viaje murieron 21 personas.
Durante la contienda en la isla, fallecieron 1.810 hombres oriundos de la ciudad de A Coruña. 989 murieron de enfermedades comunes; 468, de vómito negro o fiebre amarilla; 65, de heridas recibidas; 63, en el campo de batalla; y 226, por causas todavía desconocidas.
Son datos obtenidos por Javier Navarro (Arqueología y Restauración SL) que, paralelamente a sus investigaciones sobre las fosas comunes y la Flota del Atlántico que partió de A Coruña, se implicó en la elaboración de una base de datos de todos los españoles que habían fallecido en Cuba entre 1895 y 1898 y habían sido enterrados en cementerios cubanos. Completó para ello los trabajos iniciados por Raúl Izquierdo Canosa, presidente del Instituto de Historia de Cuba y de la Unión de Historiadores. Había elaborado una base de datos de 38.000 marinos.
"Faltaban datos de interés, como la unidad a la que pertenecía el soldado y el lugar de nacimiento", explica Navarro, "y me propuse completar el estudio acudiendo a las fuentes españolas: el Archivo General Militar de Madrid y la relación de fallecidos publicados en el Diario Oficial del Ministerio de Guerra". El objetivo, conseguir "un estudio con base científica del coste humano que tuvo aquella contienda para España, que diezmó a una generación de jóvenes en una guerra que ni les iba ni les venía". A día de hoy han recopilado datos de 55.000 soldados.

lunes, 29 de septiembre de 2014

A Coruña en La Edad Media


   Cuando el Imperio Romano se derrumba , Hispania es invadida por pueblos septentrionales, hacia los años 420 y 430, la fama de la ciudad del Faro Herculino comienza a desaparecer . La influencia árabe en el siglo VIII fue escasa, debido a la resistencia de los gallegos. En el siglo IX hacia el año 846, la ciudad fue atacada por los piratas normandos, que incendiaron todo y mataron a cuantos cristianos encontraron, los que pudieron se salvaron huyendo hacia El Burgo.
   A Coruña en ese tiempo  cambia de dueño con frecuencia, unas veces pertenece al rey, otras al arzobispo de Santiago de Compostela y otras a grandes señores feudales. Su torre es una fortaleza preciada y apetecida por muchos. Las entradas y desembarcos de los piratas normando complica mucho la residencia en la costa.A finales del siglo XII es conocida con el nombre de CRUNIA. Es finalmente en los tiempos del rey Alfonso IX cuando la ciudad despierta de su sueño, al concederle el rey la "CARTA PUEBLA":
"Yo, Alfonso IX, por la gracia de Dios, Rey de León y de Galicia... Como por la utilidad de mi reino estoy construyendo de nuevo una nueva población cerca de la Torre del Faro, en el lugar que se llama CRUNIA..."
   La población del Burgo se traslada de nuevo a la costa , Posteriormente Alfonso X el Sabio concede a Coruña el 2 de Diciembre de 1255 el "privilegio de la Sal", que consistía en ser el puerto donde la sal, un producto de primera necesidad del que dependía la conservación de los alimentos, no pagaba impuestos, con lo que se descargaba y vendía libremente.

   A  Coruña va creciendo a la sombra de los reyes Fernando III el Santo, Alfonso X el Sabio, Sancho IV el Bravo y Enrique III. Los privilegios de estos reyes van encaminados a favorecer la repoblación, todo son facilidades para los coruñeses y así surge como gran ciudad y su puerto nace a la fama, llegando sus naves en el siglo XV a Marsella, Génova, Inglaterra y Holanda.
   En los años 1.369 a 1.371 la ciudad estuvo bajo dominio del monarca portugués Fernando I. La ciudad es devuelta a la corona castellana por la paz de Alcotium.
   En el año 1.446 se le concede el título de CIUDAD por el rey Juan II, e igualmente le autoriza al libre comercio con Inglaterra de 2 buques coruñeses y 2 británicos.
   Dentro del período comprendido entre 1.450 y 1.460, se produca  A revolta irmandiña, el levantamiento irmandiño,  supone la unión del pueblo contra el poder de la nobleza. El 13 de marzo de 1.467 se juran en Tui los capítulos de funcionamiento de A Irmandade. A Coruña,  haciendoo gala de ser una ciudad realenga y antiseñorial, formó parte directa de esta guerra.
   En 1.476 la ciudad se rebela contra los nuevos monarcas Isabel y Fernando ante el rumor de que la ciudad volvería a ser entregada al conde de Benavente y efectivamente en 1.477 este se prepara para tomar la ciudad poniendo cerco a su fortaleza. El municipio se resiste y busca ayuda para su defensa en Diego de Andrade con el cual forma un pacto que le hace valedor e capitán de la ciudad durante cinco años.

   Entre los días 6 y 8 de Octubre 1.486 visitan la Coruña los Reyes Católicos acompañando a su hija Catalina, futura esposa del rey inglés Enrique VIII, y en su puerto embarca rumbo a Inglaterra.
   Es en el reinado de los Reyes Católicos cuando a los marineros y navegantes se les liberó de pagar la "quintalada" esto es; un cuarto de tonel de vino, un moio de sal, cinco millares de sardinas y un carro de madera. De esta época pertenecen una gran parte de las joyas arquitectónicas de la ciudad.
   En la Edad Medieval A Coruña cuenta entre sus edificios más importantes las parroquias de Santa María y Santiago, San Nicolás, San Jorge, Santo Tomás, los monasterios de Santo Domingo y San Francisco, Santa Bárbara y Santa Cruz los dos últimos femeninos.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Máis orfos.

Los huérfanos



"Mais eu de quen quería falar precisamente era de Isolina. De Isolina González... É a historia de Isolina. A nena de Maniños á que levaron con dous anos ao orfanato de Ferrol, en 1947. O pai, Xaime Vizoso, era un antifascista e foi asasinado ese ano por esbirros de Franco. Levárono camiño do cemiterio de Barallobre. Torturárono até o linde da tortura. Cortáronlle os dedos e metéronllos nos petos. Despezárono. Cando morreu, estaba feito cachizas, como o ceo do que fala Lorca en Oficina e denuncia. Un home esnacado na luxación da noite. A nai non puido soportar aquel martirio e morreu ao puco, despois de perder tamén a crianza que levaba no ventre. E Isolina foi ao orfanato cun irmán pequeno, nin andaba o neno. "Era un abrazo, tiña o tamaño dun abrazo", dime Isolina. Alí estivo, naquel lugar de medo, de ocultación, até os 18 anos. Traballaba como unha escrava, apenas lle aprenderon a ler e escribir. Todo o día traballaba Isolina, secadra a mellor costureira do mundo sen sabelo. Facía bordados imposíbeis e zurcidos invisíbeis. Facía o que ninguén sabía: enfiar o chiffon dos veos das monxas. Fixo un mantel para a casa da muller dun capitán xeneral e deseñado para cen convidados. E fixo tamén as cen servilletas ben bordadas coas mesmas cores da cerámica inglesa da vaixela. Isolina só podía ver o exterior por un ventano. Era como o ollo do cosmos, que daba a luz. Así é a ollada de Isolina. O que di dá luz. A súa boca é a da literatura. Por ela fala a condición humana.
Aos 18 anos puido partir para Estados Unidos porque alí tiña familia emigrante que á fin a acolleu. Casou. Tivo cinco fillos. As que ela pasou! Unha versión galega d'As cinzas de Ánxela. O apelido González, venlle da voda cun portorriqueño. Volveu a Galicia, á Coruña. Os fillos eran cidadáns norteamericanos. Co tempo, o maior volvería a América. Pasou mil traballos, mais quería ser médico e á fin entrou na universidade máis prestixiosa, un lugar de culto para a mediciña americana: Harvard. Tamén Isolina volveu a USA. Esta vez non para pasar calamidades, senón para estudar. Pasou por Brooklyn College con éxito. Agora estase a doctorar na City University of New York. Os seus estudos abranguen toda a literatura peninsular e Latinoamericana. O fillo médico pagou os estudos de literatura á nai. E a nai ten unha misión na cabeza: escribir a historia de todos aqueles que ela coñeceu e non a pudieron escribir." (MANUEL RIVAS: A galega de Manhattan. El País, ed. Galicia, Galicia, 24/10/2008, p. 8)

martes, 11 de diciembre de 2012

La historia de Asunción

Nací en la calle Camino de la Iglesia, en Monelos, donde residía mi familia, formada por mis padres, Pepe e Isabel, y mi hermano Emilio. Mi único colegio fue el de La Milagrosa, donde también estaba la Casa Cuna, al comienzo de la antigua carretera de Carballo, en donde estudié hasta los ocho años, puesto que mi madre se vio obligada a ingresarme allí al poco tiempo de haber nacido porque no podía mantenerme.
Asunción, en primer planoDurante todos esos años, sólo la pude ver cuando me hacía visitas y la única familia que tuve fueron los niños y niñas que se criaron conmigo en la Casa Cuna, con quienes jugaba a la mariola, la cuerda y el aro de madera. El resto del tiempo lo pasábamos estudiando y pensando en que nos sacaran de paseo para poder conocer algo del exterior.
Recuerdo que algunos días nos llevaban andando en fila hasta los jardines de Méndez Núñez, lo que para nosotras era una distancia muy grande, ya que la Casa Cuna estaba entonces muy alejada del centro de la ciudad y detrás de ella estaba la antigua Granja Agrícola, por lo que por allí solo pasaban unos pocos coches, los camiones del Ejército y el trolebús de Carballo.
Cuando nos llevaban a los jardines, nos daban una bolsita de trapo con la merienda que muchas veces ya nos comíamos por el camino, aunque otras nos obligaban a tomarla sentadas ya en el centro, acompañadas por las monjas y sin poder movernos de aquel lugar, ya que si nos perdíamos de vista nos castigaban.
Cuando cumplí los ocho años tuve la suerte de que mis tíos de Madrid, Ramón y Lola, me sacaron de la Casa Cuna y me criaron, por lo que puedo decir que desde ese momento fueron mis verdaderos padres. Durante los años que viví en Madrid trabajé como aprendiz en un laboratorio de perfumes y, como mis tíos, no quisieron que dejara de ver a mi madre, me mandaban todos los años a pasar unos días a su casa.
Una de esas visitas me valió para conocer a un amigo de la infancia del cual no me acordaba, Juan Gestal Riveiro, quien después se convertiría en mi marido. Mi reencuentro con él se produjo cuando sacudía una alfombra en la ventana y no me enteré de que él pasaba por debajo, por lo que me llamó la atención y al verme me preguntó si me acordaba de él, ya que algunas veces había ido con su madre y la mía a visitarme a la Casa Cuna.
Aquel momento fue el comienzo de nuestra relación, que poco tiempo después nos llevaría hasta el altar, tras lo que llevamos más de 40 años casados de total felicidad, en los que hemos tenido dos hijas, Yolanda y María Elena. Gracias a estos años, pude olvidar los malos momentos que viví en mi niñez en la Casa Cuna, hasta que mis tíos me sacaron de allí.
Asunción y su esposo, JuanDurante todos estos años hemos seguido viéndonos con mis antiguas amigas del colegio y de la Casa Cuna, como Andrea, Mari Luz, Mari Carmen, Tere, Dorinda, Cristina, María, Belén, Carmiña y Fina, con quienes me une una gran amistad y con las que me veo casi todos los fines de semana.
En nuestra juventud pasábamos los fines de semana en los bailes del Finisterre, Círculo de Artesanos, La Granja y El Seijal, tanto en invierno como en verano, aunque en esa temporada también acudíamos en pandilla a La Solana y a la playa de Santa Cristina. Cuando paseábamos por los calles de los vinos nos pasábamos unos buenos ratos en bares como La Bombilla, Siete Puertas, Otero, Oasis y Victoria, que siempre estaban llenos de gente, por lo que había que espabilarse para conseguir una mesa, en la que después nos pasábamos toda la tarde contándonos las cosas que nos pasaban a diario.
Durante mi noviazgo, como vivíamos cerca del cine Monelos, acudíamos al mismo casi todos los días, ya que era un cine de barrio muy acogedor y cada dos días después cambiaba de película. En Semana Santa, aprovechábamos para hacer entre todos una excursión a Sevilla para vivir de cerca las procesiones. Lo peor era el viaje en autocar hasta allí, porque se tardaban muchas horas en llegar y lo hacíamos baldados.
Una vez casada, mi marido no quiso que trabajara y, como tenía mucho tiempo libre, algunas de mis amigas me convencieron para que entrara en la coral de la que formaban parte, en la que sigo después de más de veinte años.
El texto procede de ; http://blog.laopinioncoruna.es/laciudadquevivi/2010/06/27/una-infancia-en-la-casa-cuna/

Zapatones

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"Me fastidia mucho que algunos digan que he sido un ladrón y que bebo demasiado. Les pido respeto". Zapatones pronuncia estas palabras frente a una periodista de EL CORREO GALLEGO. "No quiero ocultar nada. He sido un crápula, y he estado en la cárcel", dice. Y así comienza esta entrevista al que, seguramente, es el vecino de Compostela más famoso del mundo, aunque sean realmente muy pocos los que le conozcan de verdad.
- ¿Cuál es tu nombre?
- Juan Carlos Lama Basas.
- ¿En dónde has nacido?
- Creo que fue en Puente del Puerto, un pueblo que pertenece al ayuntamiento de Camariñas.
- ¿No lo sabes seguro?
- Me abandonaron cuando era un bebé. A una edad ya prudente empecé a investigar quiénes podrían ser mis padres, y creo que nací en este lugar en el año 1954. Mi madre, al parecer, se dedicaba a vender pescado, aunque nunca lo sabré con certeza. En mi carné de indentidad pone que soy hijo de José y María.
- ¿Quién te recogió?
- Me llevaron a la Casa Cuna de A Coruña, que era de las Hermanitas de La Caridad. Estuve hasta los seis años, y después me trasladaron al colegio de los Salesianos en la ciudad herculina y, después, a la de Cambados. En este último lugar, como no era buen estudiante, trabajé en las vaquerizas, las viñas y el campo. Los religiosos también me consiguieron trabajo como camarero en un restaurante muy famoso por entonces, el Fariña, que ahora ya no existe. Le agradezco mucho a mi madre que no me haya tirado a un contenedor, y a los Salesianos todo lo que han hecho por mí. Estuve con ellos hasta que me fui a la mili. Fueron mis auténticos padres.
- ¿Y por qué dices que eras un crápula. Qué has hecho?
- Estuve en la cárcel. He robado algunas veces dinero, y lo reconozco, aunque siempre fue al despiste. Nunca amenacé ni le causé daño a nadie. No sé por qué lo hice, sería cosas de niños... Pero también tengo que decir que en otras ocasiones he pagado delitos sin ser el culpable. Me acusaron sin razón. También estuve en la prisión militar de A Coruña por desacato.
- ¿Por qué, que pasó?
- En la mili tenía un sargento prepotente que me atacaba por no tener padres ni recursos, y un día me encaré con él. Me condenaron a cuatro años, aunque me indultaron antes de un año.
- ¿Cómo llegaste a convertirte en el peregrino Zapatones?
- Cuando trabajaba en el restaurante Fariña hice mi primera peregrinación con el hijo de los dueños del local. Fue un solo día, y desde Cambados, pero me atrapó. Después, al salir de la cárcel militar, andaba de parra en parra, y un día en Santiago, mirando a la Catedral, lo pensé. Resulta que Daniel Otero, un comerciante que estaba cerca de Platerías, tenía un muñeco vestido de peregrino. Le pedí el traje, y así fue... Una de sus nueras, Marisa, me decía "eres un zapatones", y me gustó. De este modo logré ganarme honradamente la vida y empecé a sentir que la sociedad me abría, por fin, las puertas. No pedía nada, pero la gente me daba dinero por hacerse fotos conmigo, y me dejé la barba

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Contos da Coruña. Xurxo Souto.


A Coruña  é tamén un resumo de toda Galiza. O mapa pangalaico está no plano da cidade. Moitos dos Castros viñeron da Mariña e de Terra Chá. Moitos de Valdeorras pararon nos Mallos e na Coiramia. A Costa da Morte e Bergantiños viven na Agra do Orzán.

   O tópico escuro insiste na frontera entre “o rural” e “o urbano”. Os coruñeses sabemos ben da súa mentira. Porque todos temos un pariente na aldea e á aldea acudimos o día da festa.

A Coruña naceu do mar e no mar a ter o seu futuro. Os avós marcharon cara a América pola ruta da Marola. Os “grasoleiros” do Muro pescan en Irlanda. As novidades empren chegan polos caminos do océano.

Diante da globalización, en cuestions cosmopolitas os galegos levámoslle varias xeracions de vantaxes ao resto do planeta. E, nesta cidade de músicos e navegantes, no mostrador de calquera tasca pode abrirse o atlas do mundo.

A Cidade do Vento

   Na Coruña os ventos teñen nome de seu. Por tradición son bos o norte e o noroeste, que enchían as velas das bucetas e traían os mariñeiros dereitos cara ao porto; pero malos os do sur, as perigosas suradas que afastaban os barcos da costa e non os deixaban volver á casa. Xa lle dicían cando sopraba sur, “zoa o vento das viúvas”. Contoume a señora Tina de Monte Alto que, nos seus tempos de pescadeira, cando sopraba leste os mariñeiros non traían peixe ningún. Por iso tiñan este retrouso: “sopra leste, vento da fame”.

   Agora non hai b arcos de pesca de vela. Xa non teñen que volver vogando do mar da Cota os mariñeiros do Peruleiro e San Pedro cando sopra a surada. Mais, como demostran os temporais de novembro, esta segue a ser a Cidade do Vento. Como tal, en todas as representacións antigas, os outeiros da Coruña aparecen cheos de muíños de vento. As “torres do ar” como diría Avilés de Taramanco, campando fermosas a carón da Torre de Hércules.

 

jueves, 8 de noviembre de 2012

Algunas ciudades hermanadas.


Ciudades hermanadas
El hermanamiento de ciudades es un concepto por el cual pueblos o ciudades de distintas zonas geográficas y políticas se emparejan para fomentar el contacto humano y los enlaces culturales. Normalmente, pero no siempre, las ciudades hermanadas suelen tener características similares.

  • Cádiz: Las similitudes entre ambas urbes son muchas y van desde los comienzos de la civilización hasta nuestros días. Ambas ciudades están situadas en una península, fueron colonizadas por Roma y son defendidas por un castillo. Fueron desde el siglo XIX dos grandes bastiones del liberalismo y más tarde del republicanismo español de la época. Además, ambas fueron asistentes a dos grandes batallas de las guerras Napoleónicas, Cádiz con la batalla de Trafalgar (1805) y Coruña con la batalla de Elviña (1808), ambas derrotas de las fuerzas españolas y aliadas.

*     Recife (En la actualidad, Recife es la cuarta ciudad del país por su tamaño, aunque es mucho menos moderna y cosmopolita que Río de Janeiro o Sao Paulo) A Coruña tuvo la fortuna de acoger al recifeño más famoso del mundo, que en su niñez hubo de ganarse la vida vendiendo helados en las playas de su ciudad natal y que hoy amasa millones de dólares bajo el sobrenombre futbolístico de Rivaldo.

*  
 
 Brest Brest es una ciudad francesa situada en el departamento de Finisterre, en la región de Bretaña. Además de su posición geográfica en Europa las hermanan su vocación militar y marítima  que se remonta a la antigüedad, pues en la época del Imperio romano ya había sido una fortaleza romana en la zona.

viernes, 26 de octubre de 2012

A coruña y la viruela,


'Los hijos del cielo' (Ediciones Martínez Roca), de Luis Miguel Ariza, se publicará en febrero.

El 16 de septiembre de 1805, un médico alicantino llamado Xavier Balmis logró llegar a las costas de Macao en un frágil junco chino con tres niños huérfanos en sus brazos, que contenían en sus cuerpos una valiosa vacuna contra las viruelas. Balmis, que ya superaba los cincuenta, se había salvado de milagro. El barco portugués de alquiler que le condujo hasta aquella penúltima etapa de su largo viaje había sido destruido por un tifón, llevándose la vida de 20 hombres. Pero la voluntad de hierro de Balmis le permitió seguir adelante hasta el final. "En el momento, arrostrando los eminentes riesgos de piratas y ladrones chinos que inundan estos mares, verifiqué mi desembarco en una pequeña canoa, llevando en mis brazos a los niños, con lo que aseguramos nuestras vidas y la preciosa vacuna", escribiría después en una carta. Habían transcurrido casi dos años desde aquel 30 de noviembre de 1803, cuando partió del puerto de A Coruña a bordo de la corbeta María Pita con un sueño: viajar alrededor del mundo para hacer llegar la vacuna contra la viruela, la enfermedad que más seres humanos ha matado a lo largo de la historia, a las colonias españolas del Nuevo Mundo, cruzando después el Pacífico hasta el continente asiático.

El transporte de un fluido tan delicado como la vacuna de un continente a otro, en penosas travesías marinas que duraban meses, sin electricidad para mantener la cadena del frío, se antojaba insuperable. Y sin embargo, Balmis lo logró, sirviéndose de un centenar de niños huérfanos; sus cuerpos funcionaron como correas de transmisión y llevaron la ansiada vacuna alrededor del mundo hasta alcanzar el misterioso continente chino.

La historia de su expedición, mezcla perfecta de filantropía y militar, está llena de éxitos y tragedias, de dificultades y enfermedades, de incomprensión y de peligros, y de pérdidas irremediables. En el viaje de partida de A Coruña hasta Puerto Rico, Balmis embarcó a 22 huérfanos, de los que murieron dos, Tomás Metitón y Juan Antonio, de tres y cinco años. El doctor llegó en poco más de un mes a Puerto Rico, perdería una vida más durante su viaje al Caribe, hasta llegar a Venezuela, Cuba, Yucatán, México y Filipinas, para después arribar a Macao y Cantón antes de regresar a España. Pero su expedición se había partido en dos al alcanzar el Nuevo Mundo.

El subdirector de la expedición, el cirujano José Salvany, prosiguió las labores de vacunación en el continente suramericano, recorriendo toda la cornisa occidental de Suramérica. Murió enfermo en Bolivia (la antigua Cochabamba) después de perder un ojo, siete años después, en 1810. En tiempos de guerra con Inglaterra, Balmis y sus hombres tuvieron que hacer frente a los peligros de los piratas, los naufragios y temporales, a soportar que sus niños fueran en ocasiones abandonados en hospicios, orfanatos y hospitales por culpa de la incomprensión de los políticos, así como de los prejuicios de los religiosos, que se oponían a la vacunación.

El uso de huérfanos como correo resultó una idea tan ingeniosa que incluso hoy en día sorprende a los expertos. Charles Arntzen, investigador pionero de la Universidad de Arizona que explora nuevas formas de vacunas biotecnológicas inyectadas en alimentos y plantas para superar la cadena del frío, lo considera una "idea fascinante" para la época. Los niños de corta edad resultaban idóneos ya que la vacuna prendía en ellos con más facilidad; con una lanceta impregnada del fluido se les realizaba una incisión superficial en el hombro, y unos diez días después surgían un puñado de granos -los granos vacuníferos- que exhalaban el valioso fluido antes de secarse definitivamente. Era el momento de traspasar la vacuna a otro niño. Balmis vacunaba dos niños cada vez para asegurarse de que esta cadena humana no se rompiera. De esta forma, los niños suponían el auténtico motor de la expedición, la "gasolina" que hacía avanzar la empresa. "Su expedición es la más importante aportación española a la historia de la salud pública", asegura Guillermo Olagüe, catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad de Granada.

El enemigo a batir era el más terrible de todos. Bautizada como "el peor ministro de la muerte", un rápido vistazo a los estragos de la viruela ilustran el enorme calado de la aventura emprendida por Balmis. El virus se cebaba fundamentalmente en niños menores de diez años, aunque atacaba a cualquier edad. Muchos de los que sobrevivían -su mortalidad era del 30%- quedaban ciegos y con rostros marcados de por vida. Una forma más rara producía hemorragias y era tan letal como el Ébola, matando al 90% de los infectados.

Las viruelas han escrito episodios catastróficos en una película de terror que empezó hace 12.000 años, a juzgar por algunas especulaciones que sitúan la aparición del virus en algún punto de África o India; una cuarta parte del Ejército ateniense en el año 430 antes de Cristo, en su lucha con Esparta, cayó bajo su guadaña; entre tres y siete millones de romanos murieron por su culpa en los primeros días del imperio. Cuando los conquistadores españoles dirigidos por Hernán Cortés trajeron inadvertidamente el mal al imperio azteca en 1519 el virus produjo una carnicería, acabando quizá con la mitad de la población azteca -estimada en treinta millones- en apenas unos meses. Incluso en la era moderna, en pleno siglo XX, las viruelas mataron a 300 millones de personas.

Poco más de siete años antes de la partida de la expedición, en julio de 1796, el médico inglés Edward Jenner había observado que las vaqueras quedaban protegidas del mal al desarrollar en sus manos unas pústulas benignas cuando ordeñaban a las vacas infectadas por las viruelas vacunas, y comprobó el hecho en un muchacho. La "vacuna" fue el hallazgo más importante quizá de la medicina. En palabras del catedrático Olagüe, "se extendió como un arma preventiva por Francia, España e Italia". Sin embargo, centenares de miles de personas sucumbían en las colonias españolas del Nuevo Mundo y otros muchos lugares donde el remedio no llegaba con la necesaria urgencia, o en malas condiciones, atrapado entre cristales. Se pensó incluso en embarcar las vacas enfermas. Pero Balmis, cirujano honorario de cámara de Carlos IV, propuso ingeniosamente el uso de huérfanos y el rey dio su beneplácito. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna se puso en marcha.

Pero el problema logístico era pese a todo de un calado enorme. Los niños, una vez vacunados, ya no podían emplearse de nuevo en la cadena de transmisión, por lo que, en cada nueva etapa, Balmis se veía obligado a reclutar a más de ellos. ¿Qué padre de familia prestaría a su hijo para una empresa así? El único recurso era buscar expósitos en las casas de huérfanos, y aun así las dificultades eran grandes. Para alcanzar el puerto de Sisal (Yucatán) desde Cuba, Balmis tuvo que comprar tres esclavas negras y un niño tamborilero, a razón de cincuenta pesos cada uno. Y en el viaje rumbo a Filipinas, con 26 niños vacuníferos y la rectora Isabel de Sendales (que le acompañó hasta esta etapa), los pequeños tuvieron que soportar durísimas condiciones, tirados en el suelo, "con grandes ratas que les atemorizaban, y golpeándose unos a otros con los vaivenes", según los registros.

Balmis no escribió ningún diario sobre su aventura, y uno de los aspectos más intrigantes y menos estudiados fueron las implicaciones emocionales que suponía viajar con niños durante un tiempo para desprenderse de ellos después, por razones evidentes. Los niños en sí mismos constituyen un misterio. "Salvo su selección y embarque, el tema es prácticamente desconocido", indica Olagüe desde la Universidad de Granada. "Sí, se saben sus nombres, y la nodriza que les acompaña. También los que en México embarcaron para las islas Filipinas. Y poco más. Balmis se preocupó por los niños de manera especial. En México hizo todas las gestiones para que fueran alojados en una residencia adecuada, y no en la casa de expósitos de la ciudad. También se preocupó para que fueran educados correctamente. Muchos de ellos fueron adoptados por familias de México". A pesar de ello, el destino de la mayoría de los niños que hicieron posible la expedición de la vacuna sigue sumido en la oscuridad de la historia.

El periplo asiático de Balmis resulta el más intrigante y misterioso. Llegó a Macao a duras penas, como lo demuestran sus palabras, según la obra del médico y doctor Gonzalo Díaz de Yraola: "La conservación de la vacuna e implorar la misericordia divina fue todo mi conato, sin que el hallarme solo para toda clase de asistencia de los tres niños, ni mi falta de fuerzas, fuera capaz de postrarme". La empresa de vacunación resultó contradictoria: hay fuentes que indican que no tuvo éxito y que apenas pudo vacunar a 22 personas con el apoyo del obispo de Macao, mientras que otras hablan de su logro al establecer la vacuna allí.

Balmis corrió el riesgo de ser secuestrado. En 1805, los piratas chinos se habían organizado en escuadrones bajo un único mando que contaba con 300 embarcaciones. Los secuestros, incluso de extranjeros, el reclutamiento forzoso, y el robo de todo tipo de mercancías llegadas a las costas, fueron moneda común, hasta amenazar el incipiente comercio del sur de China. El marco histórico resulta borroso y fascinante a la vez pues Balmis, agotado, llegó a Cantón con un niño chino y trató de ofrecer la vacuna a las autoridades sin conseguir aparentemente resultados por culpa de las injerencias de la "maquiavélica política de los hijos de Albión", según Díaz de Yraola.

Afirmar que centenares de miles de personas conocieron la vacunación gracias a Balmis podría ser acertado o exagerado. "Probablemente el número es mucho menor, pero ¿dónde poner el límite a un proceso, como la vacuna, mortal antes de la presencia de Balmis, y que gracias a continuas vacunaciones durante años se inmunizó una parte importante de la población de las colonias españolas?", se pregunta Olagüe. "El propio Jenner y otros notables científicos europeos fueron los primeros en reconocer la importancia de la empresa de Balmis".

Ese reconocimiento se diluiría con el paso de los años, tras la muerte de Balmis, en 1819, y persiste hoy día. La explicación hay que encontrarla en la mentalidad de los historiadores de la medicina desde principios del siglo XIX, interesados en divulgar los logros de las ciencias médicas sin ir más allá. Craso error que convierte a Balmis en un héroe en la penumbra de una historia gloriosa y apenas reconocida. Susana Ramírez, doctora en Historia de América de la Universidad Carlos III de Madrid, considera que la campaña de Balmis representa "el comienzo del fin de las viruelas. Ideó una red sociosanitaria que controlaba las epidemias desde las Juntas de Vacuna, establecidas por el territorio hispano hasta después de la Independencia".

En 1977, el mundo quedó oficialmente libre de viruelas, aunque hubo una víctima más en el Reino Unido al año siguiente. En la actualidad, el más espantoso matador de seres humanos de la historia reposa en las neveras de dos laboratorios en todo el mundo, en Atlanta (EE UU) y Rusia. Las autoridades se muestran opacas en detalles sobre las medidas de seguridad. Diversas voces han reclamado la destrucción total de las muestras; otras han pedido que se mantengan por razones de investigación. Este año, la Organización Mundial de la Salud reconsiderará de nuevo la cuestión.

domingo, 19 de agosto de 2012

El Alcalde de Oza hizo callar al Rey.

Cuenta la leyenda que en 1857, Isabel II viene a Oza a colacar la primera piedra de la Estación de Ferrocarriles, llovía tanto que el entonces niño ,Alfonso XII, no paraba de llorar. Un hombre vestido al uso gallego del Siglo XIX y calzado con zuecos, tomó en brazos al Infante que inmediatamente se tranquilizó. Era el Alcalde de Oza, de ahí el antiguo dicho de "El Alcalde de Oza hizo callar al Rey".

lunes, 2 de julio de 2012

Para asomarse a Marineda

  • A Coruña 1208- 2008. La Construcción de una ciudad. Concello da Coruña, 2008
  • A Coruña de 1900: imaxe dunha cidade. Sociedade Fotográfica de A Coruña, 1985
  • AGRASAR, F.: A Coruña. Arquitectura desaparecida. C.O.A.G., 2004
  • BARRAL RIVADULLA, D.: La Coruña en los siglos XIII y XV. Historia y configuración urbana de una villa de realengo en la Galicia Medieval. Fundación Barrié de la Maza, 1998
  • BELLO DIÉGUEZ, X.M.: La Coruña antes de Roma: prehistoria. Vía Láctea Editoria, 1994.
  • Ciudad y Torre. Roma y la Ilustración en La Coruña. Ayuntamiento de La Coruña, 1991
  • FERNÁNDEZ COBIÁN, E.: A Coruña. Guía de Arquitectura. C.O.A.G., 1998
  • ROMERO MASIÁ, A.: A Coruña liberal 1808-1874: a loita polas liberdades a través da documentación municipal. Baía, A Coruña, 1995.
  • SAAVEDRA VÁZQUEZ, M.C.: La Coruña en la Edad Moderna: (siglos XVI-XVII). Vía Láctea Editorial, 1994.
  • VIGO TRASANCOS, A.: A Coruña y el siglo de las luces. La construcción de una Ciudad del Comercio. Universidade de A Coruña, 2008
  • VIGO TRASANCOS, A.: La Arquitectura de la Ilustración. Clasicismo y Neoclasicismo, 1700-1834. Biblioteca Coruñesa, Vía Láctea, 1995

lunes, 4 de junio de 2012

Leyendas de A Coruña

Dice la Biblia en el capítulo 28 del Génesis, versículo 10: " Y salió Jacob de Beer-seba, y fue a Harán"; en el versículo 11 : " Y encontró con un lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó una de las piedras de aquel paraje y la puso a su cabecera, y acostóse en aquel lugar"; en el versículo 12: "Y soñó, y he aquí una escala que estaba apoyada en tierra, y su cabeza tocaba en el cielo; y he quí ángeles de Dios que subían y descendían por ella"; y en el versículo 18: " Y levantóse Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabezarea, y alzóla por título, y derramó aceite encima de ella".
Posteriormente, Jacob llevó a Egipto consigo aquella piedra y la transmitió a su nieto Manasés antes de morir, del cual dijo : "Será padre de pueblos y su raza se multiplicará".
Aquella piedra la tuvieron en su poder los hios de Israel hasta que acaeció el tránsito del mar Rojo. Según parece no todos los egipcios que perseguian a Moisés perecieron ahogado en el citado mar. Haythekes hijo del griego Naulo, que se había casado con Scota, hija del faraón de Egipto fué el que persiguió a Moisés. Este general, Haythekes, no pereció en el paso del mar Roo y se apoderó de la piedra fatídica, atravesó después todo el norte de Africa, pasó a España y fundó en Galicia un reino, cuya capital fue Brigantium. La piedra sirvió de trono a Haythekes y a los reyes brigantinos posteriores, cuyos descendientes eran proclamados y coronados sobre ella.
Uno de ellos, con ocasión de enviar una colonia a Irlanda, acaudillada por su hijo Simon Brec, entregóa a este la Piedra del Destino, la cual fue colocada en Thernor, hoy Tara, entonces capital de Irlanda, donde moraban los escoceses. Posteriormente Fergus, hijo de Fergnbar, se trasladó durante el siglo V desde Irlanda a la región boreal de la isla grande británica, a la que dieron nombre de Escocia. La famosa piedra sirvió de trono para inaugurarse Fergus como monarca de la nueva región, recién conquistda. Los escoceses guardaban y miraban esta piedra con profunda veneración, hasta que el rey de Inglaterra Eduardo I se apoderó de ellaen el año 1.296, sacándola del monasterio de Scone, donde estaba custodiada, y trasladándola a la famosa abadía de Wetminster.
Esta bella leyenda irlandesa, hace referencia a la Galicia nuestra, y exactamente a Brigantium, la actual La Coruña.


Leer más: http://www.celtiberia.net/articulo.asp?id=667#ixzz1wqVYRo7I
http://chrismielost.blogspot.com.es/2011/04/la-piedra-del-destino-una-leyenda.html