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viernes, 10 de abril de 2015

EL ESPÍA DEL PASADO; JONATHAN COSTA LUENGO


EL ESPÍA DEL PASADO.


 

 

El inspector Enrique, Enri para familia y amigos, se despertó de nuevo exhausto. Había tenido la misma pesadilla desde hacía días. Se disponía a levantarse cuando pensó en ella. Jessica, su esposa, estaba a miles de kilómetros de allí, pero él la sentía cerca pese a todo. Después de unos minutos, al fin se levantó de la cama, tomo un café caliente, se vistió y salió a su despacho en el centro de la ciudad.

Desde su casa hasta su despacho, habitualmente, perdía cerca de media hora en llegar, pero hoy había demasiado tráfico. Al cabo de unos minutos, pasadas ya las nueve de la mañana, introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta. Sin poder pestañear ni una sola vez, entró muy sobresaltado al despacho con su arma en la mano. Estaba todo patas arriba. Buscó en los cajones, en los estantes y en su mesa de trabajo, hasta que recordó que el día anterior, al ver a un hombre que lo seguía desde hacía varios días, decidió esconderlo en un doble fondo del cajón inferior derecho de su mesa. Respiró aliviado al ver que seguía allí.

Después de acabar su jornada de trabajo, su hijo David lo fue a buscar, para que lo llevase en su coche, ya que no tenía dinero para coger la línea 12 del bus, que era el que más cerca de casa lo dejaba. Cuando llegaron, las luces estaban encendidas. Enri cogió su Walther P99 y se dirigió sigilosamente a abrir la puerta de su casa, luego de decirle a su hijo David que se quedase en el coche, preparado por si algo pasase. Al adentrarse en la vivienda, el humo de lo que parecía tabaco lo rodeó, como queriendo escapar de ahí. Vio una silueta en la cocina, pero apartó un instante la mirada para ver por la ventana si su hijo aun seguía bien, y al volver a mirar, esta ya había desaparecido. Siguió avanzando por el corredor oscuro, el cual daba a la cocina, y que conectaba con la sala de estar. En el mismo instante en el que cruzó la puerta, un disparó le penetró en el costado derecho, sin tiempo a ver al agresor. Su pesadilla había cobrado forma. David salió disparado hacia el lugar, en el cual encontró a su padre tirado en el suelo. Este le dijo tan solo unas palabras: Encuentra al culpable.

Días más tarde, ya celebrado el funeral de Enri, su madre regresó a su labor como profesora en el colegio Labaca, y David comenzó con la promesa que le había hecho a su padre. Comenzó buscando pistas alrededor de la casa, hasta que halló un trozo de una chaqueta, probablemente del asesino. En esa misma tarde, su madre la vio encima de la cama de su hijo cuando se disponía a recogerle la ropa sucia para meterla en la lavadora. Le preguntó por ella y le contó lo que había pasado y como la encontró. Jessica le dijo que era de un compañero suyo de trabajo, el profesor Sorge. Al día siguiente, David fue al trabajo con su madre para interrogar a Hans Sorge. Pasada hora y media, David salía del colegio, y parecía hacerlo no muy contento de sus resultados. Después de comer con su madre y su tía Judith, que también había regresado de su vivienda en el centro de Moscú, David se fue a la morgue en la que había estado su padre dos días antes, y en la que tenía un amigo de la infancia, y que se había comprometido a guardar los objetos personales de su padre. Al recogerlos, lo primero que hizo inmediatamente después de darle las gracias fue coger el coche de su madre, que se lo había prestado, e ir a su despacho. Abrió la puerta e inspeccionó cada rincón de él, hasta que se percató de que cuando era pequeño, su padre le había enseñado el doble fondo del cajón de su mesa. Lo abrió y saco el sobre con varias cartas que tenia dentro. Las leyó todas tranquilamente en el bar de la esquina, en el que había pedido una taza de café y tres sobres de azúcar. En esas cartas decía que un antiguo espía llamado Richard Sorge, nacido en territorio del antiguo Imperio Ruso en el año 1895, en la ciudad de Bakú, en el actual Azerbaiyán. Recordó a Hans Sorge, y que igual tenía parentesco directo con Richard. También recogía información sobre un experimento que Sorge había llevado a cabo con un doctor nazi en la época de la Segunda Guerra Mundial, allá por el año 1941, y en el que el doctor Josef Mengele intentaba experimentar con Sorge para congelarlo sin ningún tipo de consecuencias ni efectos secundarios, y que permaneciera así varios años, para luego descongelarlo y volver a la vida, con fines aún desconocidos. David se quedó de piedra mientras avanzaba en la lectura de esas cartas tan extrañas. Por un momento dudó de su originalidad, pero poco a poco se fue convenciendo y pensando que Hans podría tener mucho que ver en ese tema. Decidió irse a su casa a descansar, mañana sería otro día.

Al despertarse, miró a ver si su madre seguía en casa, y así era. Le preguntó si sabía de donde era Hans y si tenía parentesco con el espía alemán Richard Sorge. Ella sabía que era alemán, pero no si mantenía parentesco con ese tal Richard. David le pidió el favor de preguntárselo, y ella accedió. Ese día le tocaba hacer la comida a David, ya que su madre tenía que quedarse una hora más con unos alumnos castigados. Pasaba el tiempo pero su madre no aparecía, asi que decidió llamarla. No lo cogía, y eso era raro en ella, salvo que estuviera aún en clase. Decidió esperar otro rato a ver si aparecía y, si no lo hacía, volver a llamarla. David se preocupó por ella cuando pensó en lo que le había pedido que hiciera, y decidió ir en su busca al colegio. Le preguntó a la secretaria si sabía donde se encontraba, pero esta le dijo que ya se había ido. David recorrió el colegio en su búsqueda, hasta que, desesperado, salió a buscar su coche. No lo encontraba, de modo que optó por llamar a la policía. Esta rastreó su coche y lo encontraron en un callejón, a poco mas de diez kilómetros del colegio. David empezó a llorar desconsoladamente cuando vió el cadáver de su madre, ensangrentado y lleno de marcas. La policía investigó el caso, pero David sabía que no lo harían intensamente, así que decidió investigarlo el mismo por su cuenta, accediendo a información con el número de identificación de su padre en el registro de archivos de la policía.

Llevaba días sin dormir una noche completa. Cuando conseguía quedarse dormido, recordaba a sus padres y se despertaba emocionado, con la lagrima a punto de salir. Una noche, antes de irse a dormir, le dijo a su tía Judith que si le ayudaría a desenmascarar al asesino de sus padres, y esta no se lo pensó dos veces, y le dijo que si. Juntos reunieron información sobre Sorge, su principal culpable. Intentaron por todos los medios encontrar algo que lo identificara, pero por mas que buscaban, incluso en los documentos de la policía, no encontraron nada. Decidieron tomarse un respiro, e ir unos días a una casa en un lago que su padre había comprado para Jessica y para él cuatro años después de nacer David. Se despejaron la mente y volvieron al trabajo, desde cero. Revisaron todos los papeles que tenía su padre en su despacho, y dieron con algo bastante inquietante, aunque a la vez interesante. El tal Sorge no tenía papeles ni identificación. Su padre barajaba la posibilidad de que se tratase de Richard Sorge que, junto al doctor Mengele, habían conseguido su propósito. Ellos, al igual que su padre, pensaban que era ridículo, pero otra parte de ellos les decía que podía ser posible. Luego planificaron un plan bastante alocado, peligroso y arriesgado. Si les salía mal podrían ir a la cárcel, pero no les importo a cambio de descubrir la verdad sobre Sorge. El plan consistía en esperar a que todos los profesores salieran del colegio y seguir a Sorge hasta su casa, luego llamar a la puerta y obligarle a seguirlos hasta su casa, sin que el viera en donde se encontraba su residencia.

El día de la verdad llegó. Esperaron a que todos los profesores se fuesen, pero no veían a Sorge por ningún lado. Decidieron adentrarse en el colegio en su busca, indefensos salvo por el arma que era propiedad del padre de David. Llegaron a la cafetería del colegio, donde vieron a una persona sentada, comiéndose lo que parecía un sándwich o un bocadillo. Le hicieron darse la vuelta y, efectivamente, era Sorge. Le preguntaron que que hacía allí, si ya era hora de irse, y este le respondió que vivía ahí. Se quedaron un poco atónitos ante su revelación, pero decidieron seguir igualmente con su plan. De manera que se acercaban a él iban conversando con Sorge, hasta que llegaron a su lado. Hicieron un movimiento rápido tapándole la cabeza con un saco, le ataron las manos y se lo llevaron hasta su coche, procurando que nadie los viera con él en ese estado. Al fin llegaron a su casa, donde lo llevaron al sótano. Poco después le quitaron el saco de la cabeza. Les sorprendió su estado de tranquilidad. Le hicieron muchas preguntas, pero Sorge se negaba a responder, hasta que le hablaron del doctor Mengele. Luego, Hans, o mejor dicho Richard, les contó que la razón por la cual hicieron tal experimento. Les contó que en el año 1940, uno antes de empezar el proceso de congelación de Richard, este fue capturado por un pelotón de alemanes del 1er Batallón del Regimiento Der Führer, de la División SS Das Reich del Waffen-SS, en Oradour-sur-Glane, y que descubieron que era un espía. Pero en lugar de matarlo, lo llevaron a junto del mismísimo dictador Adolf Hitler. Este le dio dos caminos a elegir: unirse a ellos y seguir vivo o traicionarlos y morir. Este eligió unirse a ellos, pero tiempo más tarde, recibió órdenes de infiltrarse en la Unión Soviética y filtrar información a Alemania. Cuando llegó a Moscú, fue recibido por una persona que le era familiar, una persona con la que había compartido largas tardes tras varios años de su vida. Era su primo Bastian Sorge, que al igual que él, era una especie de espía, con la diferencia de que el ofrecía sus servicios a la Unión Soviética. Los dos se identificaron al instante, y Bastian ordenó que lo apresaran. Despues de torturarlo durante días, Richard confesó que lo habían enviado con el fin de recadar información útil para Alemania, y Bastian tuvo la idea de matarlo él personalmente. Fue a un bosque para que nadie lo viera, pero Richard consiguió cambiar a un soldado nazi abatido anteriormente en una batalla y huír a Alemania. Así, Richard Sorge consiguió volver con su amigo el doctor Josef Mengele con el propósito de congelarlo para vengarse en el futuro de los descendientes de Bastian.

Después de escuchar a Richard contarles su historia, les quedó una duda. ¿Qué tenían que ver sus padres con Bastian Sorge? Richard les respondió que su padre, Enrique García Adler, era nieto del hijo de Bastian. Con respecto a su madre, les confesó que sólo fue porque ella se estaba acercando a la verdad con las preguntas que le había hecho en el colegio. Finalmente, Richard decidió entregarse él mismo y no involucrar a ninguna persona más. Al llegar a la comisaría, los policías lo interrogaron, pero llegaron a pensar que estaba loco, y le hicieron un examen mental. Al final, la policía decidió llevarlo a un psiquiátrico para tratar su estado mental. Años más tarde, David y Judith lo visitaban semanalmente, hasta que un día, Richard no aguanto más su estancia en aquel lugar y se ahorcó en su celda. Finalmente, a David le quedó una duda: estaba loco de verdad o decía la verdad?

 


                  RICHARD SORGE

 


     
 
 
 
    
 
                   JOSEF MENGELE








JONATHAN COSTA LUENGO 3ºB
 

 

 

 

 

 

lunes, 24 de febrero de 2014

Ranas.

Toda la corte espera con intriga la boda real, comenzando por el anciano monarca que cedió ante las explicaciones de su hija. Ella es una princesa de cuento. Él, un sapo de charca. Fue amor a primera vista pero, como nadie les entendía, la doncella inventó la leyenda del beso transformador
      Mar González Lema.
429.-
 Charco obscuro 
 Una rana salta
hacia la luna.
    Alejandro Jodorovski

lunes, 22 de abril de 2013

Valentina nos recuerda una historia.

Esta historia viaja de blog en blog por internet. Ayer Valentina la "recordó" en clase.

Verdadero Amor

Un hombre mayor visitó una famosa clínica para curarse una herida de la mano. Tenía bastante prisa ,tanta que llamó la atención del enfermero que lo atendía. El enfermero pregunta, curioso, qué era aquello que tanto lo urgía, el anciano, éste le responde que debe acudir al desayuno con su mujer en la Residencia en la que desde hace algún tiempo vive.

El enfermero sigue con la conversación y conoce el delicado estado de la mujer, enferma de alzehimer, ya en estado muy avanzado. Está a punto de concluir el vendaje de la herida cuando se le ocurre una última pregunta; si se retrasa ella se alarmará… No, contestó el anciano, hace cinco años que ya no me reconoce, no sabe quien soy. El enfermero lo mira extrañado y vuelve a preguntar; ¿ Y si ya no sabe quien es usted porqué siente la necesidad de estar con ella todas las mañanas?. La sonrisa del hombre fue muy cálida y le contestó; “Ella no sabe quien soy yo, pero yo todavía sé , muy bien, quien es ella…
 Y es que el verdadero amor no se reduce a lo físico o a la romántico; es la aceptación de todo lo que el otro es.
Puedes encontrarlo en páginas como esta; http://www.fluvium.org/textos/dolor/dol51.htm

viernes, 1 de febrero de 2013

Relato de Carnaval

Los dominós de encaje ¡Cómo les palpitaba el corazón á las dos loquillas, cuando por la puerta de la verja, á espaldas del palacio, salieron á pié y solas, envueltas en sus dominós de blanco encaje riquísimo, y pisando con tiento la acera, á fin de alcanzar un simón antes de que los pulidos zapatitos de raso se les manchasen de barro y polvo vil! Habían madurado aquel plan todo el invierno. Lo habían acariciado en las veladas que pasaban juntas, lejos de la cargante vigilancia de Frau Mathild, el aya vienesa. Habían pensado y discutido los menores detalles, como prisioneros que combinaban la evasión. Y al llegar la época de Camestoleudas, lo tenían todo arreglado y previsto: poseían los billetes, tenían una doble llave de la verja, encargada secretamente á un cerrajero, y los disfraces, los dominós, hechos con arte de Jos magníficos velos de punto á la aguja, traídos de Francia para lucirse en la ceremonia nupcial.
Porque Mercedes y Rosa iban á casarse en Pascua, y tiernamente enamoradas de sus gallardos novios, querían antes del momento decisivo é irrevocable, someterles á una pequeña prueba, de la cual, seguramente, saldrían vencedores. Deseaban las dos señoritas ver si en efecto se abstenían sus prometidos de concurrir á aquel baile de máscaras de que tanto se hablaba, el de la "Asociación artística", baile cuyas panderetas y sonajas les repicaban en los oídos un mes antes de que se celebrase; como un himno al placer y á la alegría carnavalesca. Con los billetes que les había proporcionado de ocultis, Mercedes y Rosa entraron con dificultad en el baile. Asediadas desde el primer momento por los requiebros é impertinencias de muchos hombres, jóvenes y viejos, finos y bastos, apretó la mayor el brazo de la menor, diciendo bajito: "No te sueltes". Lo que llamaba la atención en aquellas mascaritas tan iguales y tan bien calzadas, era la riqueza de sus dominós, la magnificencia del encaje que, montado sobre raso, las envolvía de la cabeza á los pies, delatando la calidad las damas que se permitían el lujo de tal disfraz. Ellas, indiferentes á la sensación que producían, miraban á todas partes ansiosamente, por si descubrían á sus novios entre el gentío. Y con rápida explosión de gozo, cuchicheaban de tiempo en tiempo: "Pues no están ... ", "Pues no están", "Han cumplido su palabra ... " "Lo ves, mal pensada?, añadía la rubia Rosa pellizcando suavemente á la morena Mercedes. De pronto ésta devolvió á su hermana el pellizco, pero tan furioso y cruel, que Rosa, reprimiendo el chillido, por poco suelta las lágrimas. "Ahí están, rujía Mercedes hecha una leona. "Allí, allf', No necesitaron buscarlos. Atraídos por el murmullo de admiración que levantaban los dominós de encaje, acercáronse los novios, y más decididos que los demás galanes, empezaron á sitiar en toda regla á las mascaritas, tan cegados por el destino que ni un minuto se les ocurrió que pudiesen estar conquistando á sus futuras esposas ... Amanecía cuando las fugitivas, después de mil apuros, lograron zafarse de sus cortejos y restituirse al palacio sin ser vistas ni sorprendidas por nadie. Ya en su tocador, quitáronse los antifaces y desahogaron. Rosa hipaba; Mercedes pateaba de cólera. "Yo creí que los hombres tenían palabra, sollozaba la rubia; y la morena bramaba, echando rayos por los ojos: "Cree que todos son igualitos. ¡Buena canalla! Mira, Rosa, que no se enteren de nada. No hagas escena. Hasta después ... no conviene que sepan ni esto. Casémonos primero, que luego ... ya verán" Si los dos alegres troneras del baile hubieran podido ver en aquel instante la cara de Mercedes ... se echan á temblar, de seguro. Y á temblar se echaron con todo su cuerpo cuando, el día de la boda, sobre la hermosa cabeza de sus desposadas, encubriendo con ondas de nítida espuma el simbólico azahar, reconocieron los dominós de encaje del baile ... La expresión de terror que se gravó en sus rostros fué tan cómica, que Mercedes, soltando una carcajadita y señalando el velo virginal, dijo sarcásticamente. -Los conoceis, ¿eh? También nosotras os conocemos á vosotros ... EMILIA PARDO BAZÁN

martes, 18 de diciembre de 2012

Náufragos.

 
(Esteban Padrós de Palacios)

"La balsa, abandonada a los caprichos de la corriente y sin ninguna voluntad que la rigiera. Unas tablas carcomidas. Un palo con unos calzoncillos flotando al viento. Dos hombres echados sin que el sol pudiese herir, ya, sus pupilas ausentes.
-Tengo sed -dijo García, que era un náufrago vulgar.
La balsa entraba, en aquel momento, en la playa de Miami. Canoas, bañistas, mujeres extraordinarias.
-Oigo voces...
-Espejismo -sentenció García, siempre mirando al sol.
-Sí, espejismo...
Los bañistas comentaron:
-Qué gentes más raras. Ya no saben qué hacer para llamar la atención.
-Yo lo encuentro de mal gusto...
Y la corriente, poco a poco, arrastró de nuevo la balsa hacia el océano Atlántico. Los dos náufragos iban llegando a este punto en que resulta tan difícil morir...

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La Cerillera. Hans Christian Andersen.

 


Hans Christian Andersen escribió hace muchos años este bello, triste y emotivo cuento situado en la noche de San Silvestre. Una historia que nos recuerda que jamás debemos perder la ilusión por conseguir aquello que anhelamos.

Era la noche de San Silvestre, la última noche del año. Todo el mundo en la ciudad se apresuraba para llegar pronto a sus casas y refugiarse del frío y la nieve. Iban muy abrigados, y algunos llevaban regalos de Navidad. Tras los cristales ardía la leña en las chimeneas y había agradables aromas de los manjares preparados para la cena de aquella noche.

En medio del ir y venir, un pequeña chiquilla vendía fósforos para ganar algo con que comprar siquiera un pedazo de pan. - Compren fósforos, lo mejor para encender fuego. ¡Compre cerillas, señor! Pero la gente apenas escuchaba su débil voz y desde luego, por nada del mundo sacarían las manos de sus tibios bolsillos con el frío que hacía.

Poco a poco, la noche se fue acercando y la calle se quedó desierta. -¡Fósforos, fósforos! ¡Cerillas para la lumbre! –Pero la pobre cerillera pronto comprendió que no vendería nada más aquel día. Terminó pronto de contar las escasísimas ganancias. No podía volver así a su casa: sin llevar consigo algo de alimento para su familia.

Pensó que quizá sus padres se enfadaran con ella por no haber sido capaz de vender más, eran tan pobres y tantas bocas que alimentar, que la más mínima cantidad marcaba una gran diferencia. ¡Si por lo menos no hiciera tanto frío! Tenía los deditos entumecidos, la nariz helada y le dolía mucho la garganta. Si se atreviera a encender una cerilla, sentiría un poco de calor...

Al fin y al cabo, en su casa haría el mismo frío que en la calle, pues durante todo el invierno el agua de lluvia se había abierto camino entre las rendijas del tejado, formando goteras y el viento soplaba a través de lo cartones que formaban las paredes de su humilde casita. Se refugió en la esquina que formaban dos casas muy elegantes y con mucho cuidado para no destaparse, encendió un fósforo.

Y la luz del fósforo al arder le mostró una acogedora estancia donde ardía el cálido fuego de la chimenea al lado de una mesa con humeante comida. Las llamas se reflejaban en las paredes creando figuras danzarinas y la pobre cerillera incluso podía sentir el calor de una manta sobre sus rodillas. Al apagarse, la niña volvió a la oscura y fría realidad.

-Si pudiera ser todo el rato así...- Se lamentó la chiquilla –Encender otro fósforo no marcará ninguna diferencia, y sin embargo es tan agradable su luz... Y procedió a prender la llama que esta vez le mostró un salón bellamente adornado, con un árbol de navidad adornado con infinidad de pequeñas velitas centelleantes. Bajo él, los regalos esperando a ser abiertos por niños ilusionados.

Al apagarse el segundo fósforo, la pequeña volvió a sentirse sola, en la noche acariciada por los copos de nieve que caían sin cesar, casi a oscuras, sentada en la calle y aterida de frío. - Encenderé otra cerilla – decidió la niña, pues las ilusiones que le brindaba la luz conseguían apartarla, siquiera por un momento, de la insensible realidad

Y así lo hizo, sostuvo la madera encendida delante de sus ojos y esta vez se vio a sí misma sentada a la agradable mesa al lado de la chimenea, tomando una sopa caliente que reconfortó su enfermo cuerpo. Y también era ella la que se acercó al majestuoso árbol de navidad para abrir los regalos que en su corta vida nunca había recibido.

Tan agradable y tan nueva era la sensación para la chiquilla, tan gratificante sentir el calor del hogar, que esta vez, cuando se consumió la cerilla, sólo quedó junto a la esquina de las elegantes casas el pequeño cuerpecito de la vendedora de fósforos, pues su alma se negó a regresar a esa realidad que la había ignorado hasta el momento

lunes, 3 de diciembre de 2012

Benedetti.

BEATRIZ (Las estaciones), Privamera con una esquina rota

Las estaciones son por lo menos invierno, primavera y verano. El invierno es famoso por las bufandas y la nieve. Cuando los viejecitos y las viejecitas tiemblan en invierno se dice que tiritan. Yo no tirito porque soy niña y no viejecita y además porque me siento cerca de la estufa. En el invierno de los libros y las películas hay trineos, pero aquí no. Aquí tampoco hay nieve. Qué aburrido es el invierno aquí. Sin embargo, hay un viento grandioso que se siente sobre todo en las orejas. Mi abuelo Rafael dice a veces que se va a retirar a sus cuarteles de invierno. Yo no sé por qué no se retira a cuarteles de verano. Tengo la impresión de que en los otros va a tiritar porque es bastante anciano. Jamás hay que decir viejo sino anciano. Un niño de mi clase dice que su abuela es una vieja de mierda. Yo le enseñé que en todo caso debe decir anciana de mierda. Otra estación importante es la primavera. A mi mamá no le gusta la primavera porque fue en esa estación que aprehendieron a mi papá. Aprendieron sin hache es como ir a la escuela. Pero con hache es como ir a la policía. A mi papá lo aprehendieron con hache y como era primavera estaba con un pulóver verde. En la primavera también pasan cosas lindas como cuando mi amigo Arnoldo me presta el monopatín. Él también me lo prestaría en invierno pero Graciela no me deja porque dice que soy propensa y me voy a resfriar. En mi clase no hay ningún otro propenso. Graciela es mi mami. Otra cosa buenísima que tiene la primavera son las flores. El verano es la campeona de las estaciones porque hay sol y sin embargo no hay clases. En el verano las únicas que tiritan son las estrellas. En el verano todos los seres humanos sudan. El sudor es una cosa más bien húmeda. Cuando una suda en invierno es que tiene por ejemplo bronquitis. En el verano a mí me suda la frente. En el verano los prófugos van a la playa porque en traje de baño nadie los reconoce. En la playa yo no tengo miedo de los prófugos pero sí de los perros y de las olas. Mi amiga Teresita no tenía miedo de las olas, era muy valiente y una vez casi se ahogó. Un señor no tuvo más remedio que salvarla y ahora ella también tiene miedo de las olas pero todavía no tiene miedo de los perros. Graciela, es decir mi mami, porfía y porfía que hay una cuarta estación llamada elotoño. Yo le digo que puede ser pero nunca la he visto. Graciela dice que en elotoño hay gran abundancia de hojas secas. Siempre es bueno que haya gran abundancia de algo aunque sea en elotoño. El elotoño es la más misteriosa de las estaciones porque no hace ni frío ni calor y entonces uno no sabe qué ropa ponerse. Debe ser por eso que yo nunca sé cuándo estoy en e otoño. Si no hace frío pienso que es verano y si no hace calor pienso que es invierno. Y resulta que era elotoño. Yo tengo ropa para invierno, verano y primavera, pero me parece que no me va a servir para elotoño. Donde está mi papá llegó justo ahora elotoño y él me escribió que está muy contento porque las hojas secas pasan entre los barrotes y él se imagina que son cartitas mías.


Don Mario Benedetti

martes, 30 de octubre de 2012

Para los papás/mamás.

Los cuentos de hadas, también llamados cuentos populares (“Caperucita roja” – “Cenicienta” – “Blancanieves” – “La bella durmiente” – “Hansel y Gretel” ), estimulan la fantasía y cumplen una función terapéutica:
1-Porque reflejan sus experiencias, pensamientos y sentimientos
2-Porque ayudan al lector sus superar ataduras emocionales por medio de un lenguaje simbólico, haciendo hincapié en todas las etapas -periodos o fases- por las que atraviesa a lo largo de su infancia.
Cuando un niño lee o escucha un cuento popular, pone en juego el poder de su fantasía y, en el mejor de los casos, logra reconocerse a sí mismo en el personaje central, en sus peripecias y en la solución de sus dificultades, en virtud del tema que los cuentos le permite trabajar con los conflictos de su fuero interno.
El psicoanalista Bruno Bettelheim, manifiesta que en el campo de la literatura infantil no existe otra cosa más enriquecedora que los viejos cuentos populares, no sólo por su forma literaria y su belleza estética, sino también porque son comprensibles para el niño, cosa que ninguna otra forma de arte es capaz de conseguir. Bettelheim, en su “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, afirma que: “A través de los siglos (si no milenios), al ser repetidos una y otra vez, los cuentos se han ido refinando y han llegado a transmitir, al mismo tiempo, sentidos evidentes y ocultos; han llegado a dirigirse simultáneamente a todos los niveles de la personalidad humana y a expresarse de un modo que alcanza la mente no educada del niño, así como la del adulto sofisticado”.
Los cuentos aportan importantes mensajes al consciente, preconsciente e inconsciente, sea cual sea el nivel de funcionamiento de cada uno en aquel instante. Al hacer referencia a los problemas humanos universales, especialmente aquellos que preocupan a la mente del niño, estas historias hablan a su pequeño yo en formación y estimulan su desarrollo.
Los cuentos que provienen de la tradición oral abordan el mismo tema: la sublimación de los conflictos emocionales y los problemas existenciales que aquejan a los niños. Si bien existen libros pedagógicos que ayudan a desarrollar las funciones cognoscitivas del niño, existen también libros que ayudan a superar los traumas psicológicos por medio de la ficción y ellenguaje simbólico, que representa cosas que no están al alcance del entendimiento humano.
La tesis de Betellheim parte de la base de que todos los cuentos populares reflejan la evolución física, psíquica, intelectual y social del niño.
En los cuentos populares, como en gran parte de los cuentos de la literatura infantil moderna, existe una dicotomía maniquea entre los personajes, cuyos atributos representan la bondad o la maldad, dependiendo del rol que se les asigna en la trama del cuento. Las fuerzas del bien están simbolizadas por el protagonista central y los personajes secundarios -el príncipe, las hadas, las palomas y los magos-, entretanto las fuerzas tenebrosas del mal están simbolizadas por los personajes -humanos y animales- que representan la insensatez, la astucia y el peligro, como es el caso del lobo feroz, los gnomos, las brujas y los logros.
Este artículo fue escrito por Clotilde Sarrió y publicado orifinalmente en el Blog de Gestalt-Terapia

miércoles, 19 de septiembre de 2012