No sabría cómo describir un reptil, quiero decir, no es un perro, no hace nada más que comer y cagar, bueno, e intentar escapar de mis garras.
A mi iguana solía volverle loca la lechuga, lechuga que después defecaba en mí mano, como muestra de su gran afecto por mí. Es una broma, por supuesto, lo del afecto por mí, ella realmente se cagaba en mí, así tal cual, literal. No nos quería para nada.
miércoles, 11 de mayo de 2016
wissal y medina
Mi caballo se llama Wisal, es de color castaño, su piel es muy suave, tiene los ojos azules, su mirada es profunda . Es muy cariñoso y muy mono, a no ser que se monte alguien que no sea de la familia.
FALA
Mi conejo se llama Fala.Es de color blanco ,tiene los ojos rojos ,su mirada es muy profunda. Él es cariñoso ,menos con quien no conoce.Si no te conoce salta encima de tí .
WISAL
FALA
Mi conejo se llama Fala.Es de color blanco ,tiene los ojos rojos ,su mirada es muy profunda. Él es cariñoso ,menos con quien no conoce.Si no te conoce salta encima de tí .
Lunker by Alex.
Yo de pequeño tuve un gato bastante majete, se llamaba Lunker, una vez salimos a dar un paseo y nos abrió los grifos y nos inundó la casa.
Ahora tengo dos perros. Los dos gordos no se paran de pelear .De mayor ojalá tenga una cabra
Fin.
Ahora tengo dos perros. Los dos gordos no se paran de pelear .De mayor ojalá tenga una cabra
Fin.
Madina presenta a Fala
Cuando yo era pequeña , tenía 4 años, quería tener un conejo y mi madre me decía que no .Le pregunté que si en mi cumpleaños me regalaba un conejo.
Por fin llegó el día de mi cumpleaños y me regaló un conejo pero no quería esa raza.Pero me tenía que aguantar y quedarmelo.
Pasaron unos cuantos años y por fin me compró la raza que quería ,y la otra que tenía le cogí mucho cariño y me quede con él.
Como el era macho y la otra hembra ,tuvieron muchos hijos.
Por fin llegó el día de mi cumpleaños y me regaló un conejo pero no quería esa raza.Pero me tenía que aguantar y quedarmelo.
Pasaron unos cuantos años y por fin me compró la raza que quería ,y la otra que tenía le cogí mucho cariño y me quede con él.
Como el era macho y la otra hembra ,tuvieron muchos hijos.
Pepo.
Pepo es un gato de diseño, espera a sus humanos, casi, como un perro. Cuando sus humanos se van
Pepo duerme.
Pepo es un felino, un cazador. En el mundo pequeño, minúsculo del piso de sus hermanos, caza moscas, alguna paja en un vaso de refresco, transformada en su hocico en una inquietante serpiente.
Pepo caza el aluminio de los bocadillos, cuando sus humanos lo arrugan en forma de pelota y lo convierten en un ratón oloroso.
Pepo es un gran depredador, en noches de luna lleno, espera, agazapado, en las sombras del pasillo y lanza juguetonas dentelladas a los tobillos o gemelos de sus humanos.
Pepo es doméstico, dueño absoluto de su mundo alfombrado. Adora las ventanas, los olores que llegan por el patio de las casas vecinas, del parque cercano.
El gato odia los ruidos desconocidos que llegan por la escalera, odia el timbre que anuncia la llegada de potenciales enemigos.
lunes, 9 de mayo de 2016
Badi,precioso.
Cuando nací me regalaron un perro , siempre estábamos juntos , me encantaba pasar el tiempo con él , jugaba a lanzarle la pelota , me cuidaba mucho, nunca dejaba que se me acercara un extraño y era súper fuerte casi se muere una vez porque se atraganto con las espinas de un pescado , pero se salvó. Cuando tenia seis años una vecina muy mala le puso veneno en la comida y se murió , decidimos enterrarlo en el parque. Cuando me vine a vivir a España le dije a mi madre que si podíamos comprar un perro y me dijo que se lo iba a pensar.
Jimmy nos habla de Appa.
Cuando estaba más pequeño, siempre quise tener un hámster, pequeña y esponjosa, como la de mi viejo amigo. Quería verle comer y beber de esa manera tan mona, quería llevarla a todas partes, y hacer muchas cosas más con ésta, hasta que un día recibí un reptil. Nunca supe qué era exactamente.
Ahora que tengo esta cosa como "mascota", entre comillas, debo de... No sé, ¿cuidar de él? Quiero decir, qué debo de hacer, qué come, no sé absolutamente nada. Sin mencionar el gato del vecino que quería comerselo... O eso creo.
Algún día de estos lo soltaré, o se lo daré al gato. Tendrá una mejor vida, o bueno, eso espero.
Ahora que tengo esta cosa como "mascota", entre comillas, debo de... No sé, ¿cuidar de él? Quiero decir, qué debo de hacer, qué come, no sé absolutamente nada. Sin mencionar el gato del vecino que quería comerselo... O eso creo.
Algún día de estos lo soltaré, o se lo daré al gato. Tendrá una mejor vida, o bueno, eso espero.
Wisal y su original caballo Wisal.
Cuando yo era pequeña quería tener una mascota , porque todos mis amigos tenían su propia mascota. Un día le pregunté a mi madre si podía tener un perro , mi madre evidentemente me dijo que no , porque mi padre era alérgico y ahora mismo estamos en crisis. Le pregunté a mi madre si de mayor podía comprarme un montón de perros , ella me dijo que si , aunque tendría que llevarlos todos al veterinario cada semana , y que gastaría muchísimo dinero. Le he dicho que trabajaría mucho para ganar pasta para ellos y para mi.
lunes, 2 de mayo de 2016
sábado, 30 de abril de 2016
Historias de fantasmas: Le Revenant, Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814)
El aparecido.
La cosa del mundo a la cual los filósofos otorgan menos fe es a los aparecidos. No obstante, si el caso extraordinario que voy a contar, caso certificado con la firma de muchos testigos y consignado en archivos respetables, si ese caso, digo, y teniendo en cuenta esos títulos y la autenticidad que tuvo en su tiempo, puede volverse susceptible de ser creído, será necesario, a pesar del escepticismo de nuestros estoicos, persuadirse de que si todos los cuentos de aparecidos no son verdaderos, al menos hay acerca de eso cosas muy extraordinarias.
Una gruesa Madame Dallemand, que todo París conocía entonces como una mujer alegre, viuda, franca, ingenua y de buena compañía, vivía con un cierto Ménou, hombre de negocios que habitaba cerca de Saint Jean-en-Grève. Madame Dallemand se encontraba un día cenando en casa de cierta Madame Duplatz, mujer de su apostura y de su sociedad, cuando en medio de una partida que habían comenzado al levantarse de la mesa, un lacayo vino a rogar a Madame Dallemand que pasara a un cuarto vecino, visto que una persona de su conocimiento demandaba insistentemente hablarle por un asunto tan apurado como consecuente; Madame Dallemand dijo que la esperara, que no quería interrumpir su partida; el lacayo vuelve e insiste de tal manera que la dueña de la casa es la primera en apurar a Madame Dallemand para que vaya a ver qué es lo que quiere. Ella sale y reconoce a Ménou.
—¿Qué asunto tan urgente —le dice ella— puede hacerle venir a turbarme de esta manera en una casa en la que no eres conocido?
—Uno muy esencial, señora —responde el corredor—, y debe creer que es bien necesario que sea de esa especie, para que haya obtenido de Dios el permiso de venir a hablarle por última vez en mi vida...
Ante esas palabras que no anunciaban un hombre muy en sus cabales, Madame Dallemand se turbó. Observando a su amigo que no había visto desde hacía unos días, se espanta aun más al verlo pálido y desfigurado.
—¿Qué tienes, señor? —le dice— ¿Cuáles son los motivos del estado en que te veo y de las cosas siniestras de que me hablas... acláramelo rápidamente, qué te ha ocurrido?
—Sólo algo muy ordinario, señora —dice Ménou—, después de sesenta años de vida era muy simple llegar a puerto, he pagado a la naturaleza el tributo que todos los hombres le deben, no me lamento más que de haberte olvidado en mis últimos instantes, y es por esa falta, señora, que vengo a pedirte perdón.
—Pero, señor, tú bates el campo, no hay ningún ejemplo de una tal sinrazón; o vuelves en ti o voy a pedir socorro.
—No llames, señora. Esta visita inoportuna no será muy larga, me aproximo al término que me ha sido acordado por el Eterno; escucha, pues, mis últimas palabras, y es para siempre que vamos a dejarnos... Estoy muerto, te dije, señora. Muy pronto serás informada de la verdad de lo que te adelanto. Te he olvidado en mi testamento, vengo a reparar mi falta; toma esta llave, transpórtate al instante a mi casa; detrás de la tapicería de mi lecho encontrarás una puerta de hierro, la abrirás con la llave que te doy, y te llevarás el dinero que contendrá el armario cerrado por esa puerta; esa suma es desconocida por mis herederos, es tuya, nadie te la disputará. Adiós, señora, no me sigas...
Y Ménou desapareció.
Es fácil imaginar con qué turbación Madame Dallemand volvió al salón de su amiga; le fue imposible esconder el tema...
—La cosa merece ser reconocida —le dijo Madame Duplatz—; no perdamos un instante.
Se piden caballos, se sube en coche, se llega hasta casa de Ménou... Él estaba ante su puerta, yaciendo en su ataúd; las dos mujeres suben a los apartamentos. La amiga del dueño, demasiado conocida para ser rechazada, recorre todas las habitaciones, llega entonces a aquella indicada, encuentra la puerta de hierro, la abre con la llave que le han dado, reconoce el tesoro y se lo lleva.
He aquí sin duda pruebas de amistad y de reconocimiento cuyos ejemplos no son frecuentes y que, si los aparecidos espantan, deben al menos, se convendrá en ello, hacerse perdonar los miedos que pueden causarnos, en favor de los motivos que los conducen hacia nosotros.
Marqué de Sade (1740-1814
martes, 26 de abril de 2016
En El Bosque Animado.
El texto ha sido modificado por Juan Mayor.
Los árboles tienen sus luchas. Los mayores asombran a los pequeños, que crecen entonces con prisa para hacerse pronto dueños de su ración de sol, y al esparcir las raíces bajo la tierra, hay algunos quizá demasiado codiciosos que estorban a los demás en su legítimo empeño de alimentarse. Pero entre todos los seres vivos de la fraga son los más pacíficos, los más bondadosos, los que posean un alma más sencilla e ingenua. Conviene saber que carecen absolutamente de vanidad. Nacen en cualquier parte e ignoran que sólo por el hecho de crecer allí, aquel lugar queda embellecido. No se aburren nunca porque no miran a la tierra, sino al cielo, y el cielo cambia tanto, según las horas y según las nubes, que jamás es igual a sí mismo. Cuando los hombres buscan la diversidad, viajan. Los árboles satisfacen ese afán sin moverse. Es la diversidad la que se aviene a pasar.
Ellos son también la diversidad. Como quiera que se agrupen, siempre forman un conjunto armonioso (...) Según avanzamos por un bosque, la alineación de sus árboles, el perfil del ramaje, el artesonado de las hojas cambia y el panorama se renueva incesantemente con perspectivas en que las formas se conjugan en modos infinitos, como los hombres no han acertado a conseguir ni en el más complicado y fastuoso de los bailes. (...) Según avanzamos por un bosque, la alineación de sus árboles, el perfil del ramaje, el artesonado de las hojas cambia y el panorama se renueva incesantemente con perspectivas en que las formas se conjugan en modos infinitos, como los hombres no han acertado a conseguir ni en el más complicado y fastuoso de los bailes.
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