Toda la corte espera con intriga la boda real, comenzando por el anciano monarca que cedió ante las explicaciones de su hija. Ella es una princesa de cuento. Él, un sapo de charca. Fue amor a primera vista pero, como nadie les entendía, la doncella inventó la leyenda del beso transformador
Mar González Lema.
429.-
Charco obscuro
Una rana salta
hacia la luna.
Alejandro Jodorovski
lunes, 24 de febrero de 2014
viernes, 21 de febrero de 2014
lunes, 3 de febrero de 2014
Encuentro con María Menéndez-Ponte
Para hacerle preguntas a la autora os recomiendo que leáis las ya realizadas por otros lectores, podeis verlas AQUI
domingo, 2 de febrero de 2014
Emilio del Carril
Polígrafo no superado
-¿Usted se llama Caperucita Roja?
-Sí.
-¿Usted tiene una abuelita encamada?
-Sí.
-¿Usted frecuenta el bosque?
-Sí
-¿Usted sabía que había un lobo degenerado, pero muy guapo, a quien le gustaba seducir a las chicas que se vestían de rojo?
-...
-Repito la pregunta, ¿usted sabía que había un lobo degenerado, pero muy guapo, a quien le gustaba seducir a las chicas que se vestían de rojo?
-No lo sabía.
En el Reino de la Garúa, mayo 29 de 2014
-¿Usted se llama Caperucita Roja?
-Sí.
-¿Usted tiene una abuelita encamada?
-Sí.
-¿Usted frecuenta el bosque?
-Sí
-¿Usted sabía que había un lobo degenerado, pero muy guapo, a quien le gustaba seducir a las chicas que se vestían de rojo?
-...
-Repito la pregunta, ¿usted sabía que había un lobo degenerado, pero muy guapo, a quien le gustaba seducir a las chicas que se vestían de rojo?
-No lo sabía.
En el Reino de la Garúa, mayo 29 de 2014
viernes, 31 de enero de 2014
Material Plástico.
Un señor toma un tranvía después de comprar el diario y ponérselo bajo el brazo. Media hora más tarde desciende con el mismo diario bajo el mismo brazo. Pero ya no es el mismo diario, ahora es un montón de hojas impresas que el señor abandona en un banco de la plaza. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diaro, hasta que un muchacho lo ve, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Apenas queda solo en el banco, el montón de hojas impresas se convierte otra vez en un diario, hasta que una anciana lo encuentra, lo lee, y lo deja convertido en un montón de hojas impresas. Luego lo lleva a su casa y en el camino lo usa para empaquetar medio kilo de acelgas, que es para lo que sirven los diarios después de estas excitantes metamorfosis.
Julio Cortázar, Material plástico
La vida en común
El caso del gallo capón.
Los que querían dormir, no por cansancio sino por nostalgia de los sueños, recurrieron a toda clase de métodos agotadores. Se reunían a conversar sin tregua, a repetirse durante horas y horas los mismos chistes, a complicar hasta los límites de la exasperación el cuento delgallo capón, que era un juego infinito en que el narrador preguntaba si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que sí, el narrador decía que no había pedido que dijeran que sí, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando contestaban que no, el narrador decía que no les había pedido que dijeran que no, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y cuando se quedaban callados el narrador decía que no les había pedido que se quedaran callados, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y nadie podía irse, porque el narrador decía que no les había pedido que se fueran, sino que si querían que les contara el cuento del gallo capón, y así sucesivamente, en un círculo vicioso que se prolongaba por noches enteras.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, Cien años de soledad
Un sueño.
En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma del círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular... El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.
J.L. BORGES, La cifra
Música
Y otra vez silencio.
Un día, la puerta del estudio quedó mal cerrada, y la más pequeña de las niñas se acercó sigilosamente a la rendija; pudo ver cómo papá, a ratos, se inclinaba sobre un papel, y anotaba lago.
La niña más pequeña corrió entonces en busca de su hermana mayor. Y gritó, gritó por primera vez en tanto silencio:
-¡La música de papá, no te la creas...! ¡Se la inventa!
Ana María Matute
UN TIPO
Era bastante imbécil. Trabajaba en uno de esos parques temáticos. En invierno se vestía de Silvestre y en verano de Piolín. Los psiquiatras le diagnosticaron síndrome de doble personalidad. Era bastante imbécil. Sonreía dentro de la careta cuando le hacían una foto. Murió el año pasado. Un chaval precoz de once años con pelo largo y ojos guionados le prendió fuego a la poliamida con la punta de un cigarro.El pobre imbécil se pasaba la mitad de un año persiguiendo y la otra mitad perseguido, la mitad de un año de blanco y negro y la otra mitad amarillo y naranja. Cada uno de esos trajes representaba una personalidad y una temporada, igual que el olor a pipas impregnaba sus tardes de domingo. Su pobre mujer guarda el único traje de trabajo dentro del ropero, en un sepulcro hecho con miles de bolitas de alcanfor, como si fuera un monumento marca ACME. Murió en verano, así que es Silvestre el que yace en el armario.
Fabio Rodríguez de la Flor
La Gorra.
Al reves, todas las palabras comienzan con la A
PALABRAS PARCAS
Abelardo, Arsaín, astuto abogado argentino, asesino agudo, apuesto, ágil aerobista acicalado. Atento. Amable. Amigo asiduo, afectuoso, acechante. Ambicioso. Amante ardiente, arrecho. Autoritario. Abrazos asfixiantes, ansiosos, asustados. Aluvión apagado, artefacto ablandado, apocado. Agravado. Altamente agresivo, al acecho. Abelardo Arsaín. Arma al alcance, arremete artero, ataca arrabiado, asesina. Atrapado. Absuelto: autodefensa. ¡Ay!
Luisa Valenzuela
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