miércoles, 15 de abril de 2015

LO IMPOSIBLE de ALBA LORENZO




 

 

Paula, una chica de ciudad, para llegar a cumplir su sueño deberá de superar una serie de problemas, unos problemas, unos problemas difíciles de asimilar.

 

 

 

INTRODUCIÓN

   Me llamo Paula. Tengo 15 años, y voy en 4º de la E.S.O. Mis notas son buenas, demasiado buenas. He recibido varias becas para ir a estudiar en diversos países. Pero yo no quiero. Yo quiero cumplir mi sueño, un sueño que mi padre no acepta, pero que conseguiré, cueste lo que me cueste.

   Casi no tengo amigos, bueno el casi se podría quitar. Soy una marginada. En clase todos me odian. Nadie me entiende. Me gusta un chico, se llama Miguel, es un secreto, bueno lo sabe una persona, que en realidad no es una persona. Veréis. Tengo una amiga, mi única amiga. Pensaréis que estoy loca, pero mi amiga es imaginaria. Quiero decir, yo me invento el carácter de ella, se llama Nuria, y yo soy consciente de que me doy mis propios consejos, y todo lo que ella me dice en realidad lo digo yo. Es como si hubiese otro yo dentro de mi. Os hablaré de mi sueño: yo quiero ser fotógrafa. Me parece arte. Es mi pasión. Una pasión que lleva conmigo desde pequeña. Un sueño que, como ya dije antes, no es aceptado por mi padre. Pero me da igual, yo lo cumpliré. Vivo en A Coruña, un sitio precioso, característico por la torre de Hércules, la cual tiene historia. No se si me gusta vivir aquí. Supongo que si porque tengo aquí  a todo el mundo. A mis padres, “amigos” etc...

 




-2 de la tarde de un día de Marzo-

   -¡Eh tú! Ven aquí.

Paula se gira y ve a Miguel. Lleva la mochila a la espalda y va con dos de sus amigos.

-¿Que quieres'- pregunta Paula bordemente.

-Cuidado nena. No te subas arriba- dice uno de los amigos de Miguel.

Paula mira al de la izquierda, lo conoce de vista, de verle por lo pasillos, es alto y delgaducho, viste con gorras y cadenas. En el medio está Miguel, le está mirando de una forma especial. ¿Porque hace eso?

Una voz la interrumpe de sus pensamientos.

-¡Hey morena!

Paula se gira y ve al chico que le habló antes. Mira a la izquierda, hay otro chico, a la derecha otro. Se van acercando a Paula, el círculo cada vez es más pequeño. Ve a Miguel alejarse, con las manos en los bolsillos y cabizbajo. Mira hacia ella antes de que el círculo se cierre por completo. Paula cae al suelo. Siente puñetazos, patadas y golpes en general. Escucha el sonido de un coche patrulla. Entonces los chicos que cerraban el círculo ya no estaban, en su lugar, en el suelo, de rodillas, estaba un policía, pero cada vez lo veía más borroso.

-Tranquila, estás a salvo.

Y entonces se desmayó. Por unos momentos fue como no existir.

   Cuando se despierta, nota como si estuviese encima de una camilla. Escucha mil y una voces, ve varias cabezas encima suya.

-Rápido. No hay mucho tiempo.

 

   Una fuerte luz penetra en sus ojos mientras un sonido agudo se inyecta en sus oídos. Cuando sus pupilas se acostumbran a la claridad, puede ver perfectamente la silueta de sus padres tras el  cristal de la puerta, que, asustados, hablan con un agente de policía. Este gira su cabeza, sonríe, y le comunica a mis padres lo ocurrido. Estos, con ímpetu, abren la puerta y se acercan a mi. Me abrazan, muy fuerte. Suelto un leve grito para alertarles de que me han hecho daño.

-¡Ay!- dice llevándose las manos a la boca- ¿estás bien?- sonríe-¿cómo te encuentras?-pregunta mi madre.

-Bien-respondo-¿qué ha ocurrido?

Mis padres se miran.

-Un accidente muy grave cariño- dice mi madre preocupada.

Mi padre resopla. Se mete las manos en los bolsillos y sale de la habitación. Está cabreado, enfurecido. Se le nota en la cara.

 

 

 

 

-¿Qué le pasa?- digo-¿Porque estoy dolorida?

-Verás Paula. Ten han pegado al lado del instituto.

-¿qué? ¿quienes? ¿cuántos tiempo he estado dormida?

-No lo sabemos. Eso nos lo tendrías que contar tú.

-¿Cuánto tiempo dormí?

-Sobre cuatro horas. Paula en un rato va a venir un policía.

-¿A qué?

-A que le cuentes lo que pasó.

-Pero mamá yo... no recuerdo...

Le tiemblan las pierdas y su respiración es agitada, no siente la cara. Un médico viene rápidamente y la tranquiliza.

-Tranquila. Ya está. Ya pasó.

-Me cuesta respirar.

-Lo sé. Ya está, tranquilízate.

   Poco a poco la respiración de Paula va volviendo a la normalidad, sus piernas cesan y ya siente la cara. El médico le da una pastilla y le manda descansar. Cuando el chico se va su madre la mira. Finalmente dice:

-Descansa hija. Ha sido un día muy duro.

 Paula se coloca de lado y cierra los ojos, quedándose profundamente dormida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-9 de la noche de un día de Marzo-

-Buenas noches cariño-dice Carmen

-¿Buenas noches? ¿Pero qué hora es?

-Las nueve-dice Carmen mirando el reloj de su muñeca.

 

  Tras decir esto un policía entra en la habitación. Al ver la cara de asustada de Paula le tranquiliza.

-Tranquila. Sólo te haré unas preguntas sobre lo ocurrido.-señala una silla y dice-¿puedo?

-Faltaría más-dice Carmen.

-Muchas gracias.

Paula le mira. Tendrá unos 40 años, aunque parece más mayor. Se nota que la vida de policía no es siempre buena.

-Perdone el atrevimiento, pero, ¿nos conocemos?

El policía ríe.

-¿Entonces lo recuerdas?

-¿El qué?-dice Paula.

-Yo fui el que te encontró en el suelo y te metí en la ambulancia.-dice con una sonrisa en el rostro.

-¡Es verdad! Pero lo que no recuerdo es que pasó después de eso...

-Te haré unas preguntas.

-Vale.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estuvo más de una hora haciéndome preguntas. Poco a poco fui recordándolo todo. Y le iba contando, mientras en apuntaba en una libreta.

-Bueno. Ya está-dice al fin.

-Mamá, ¿pusisteis denuncia?

-Claro hija.

-Ahora mismo estamos buscando a los agresores. De hecho, uno ya se entregó-dice cerrando la libreta-un tal Miguel González.

A Paula se le encoje el corazón al escuchar eso.

-¡No!-grita incorporándose, ya no nota dolor, sólo quiere salvar a Miguel.- Él no fue. Se lo aseguro. Él se fue antes de que me pegaran. Lo recuerdo perfectamente.

-Que raro...

-Lo conozco muy bien, seguramente lo haría por sus amigos al enterarse de lo ocurrido.

-¿Los que te pegaron son sus amigos? ¿Si los ves los reconoces?

-Si. Se llevan muy bien.

El policía sale de la habitación, y llama a un compañero suyo.

-Juán. Habla con el director del instituto. Quiero a todos los chicos de la clase de Paula en mi despacho mañana a primera hora.

-De acuerdo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De nuevo, entra en la habitación. Se despide y se va.

-Estoy cansada.

-Duerme-le da un beso.

   Se queda profundamente dormida.

    

       TRAS DOS DÍAS

 

-10 de la mañana de un día de Marzo-

Entra una doctora con un papel en la mano.

-Buenos días.

-Aquí tienes. Puedes marcharte cuando quieras.

-Por fin...

En los dos últimos días Paula había mejorado favorablemente. También influyó que habían liberado a Miguel. Y eso ponía la ponía muy contenta.

-Voy a recoger mis cosas.

-Te ayudo-dice Carmen.

-Mamá. ¿papá?

-Vino a verte mientras dormías. Luego se fue para casa.-

Paula suspira. Sabe como es su padre. Es capaz de no verla con tal de no hablar del tema de las becas.

Cuando solo les faltaba coger el móvil, alguien peta en la puerta.

Cuando entra y ve que en Miguel Paula se sonroja.

-Os dejo solos. Paula me llevo la bolsa.-dice Carmen.

-Vale mamá.

Tras dos minutos de interminable silencio, al fin, Paula rompe el hielo que se había creado en la habitación.

-Hola- dice tímida.

-Hola-dice sonriendo.

-¿Porque viniste?

-Le tendré que agradecer a mi salvadora preferida lo que ha hecho por mi.

¿Salvadora preferida? Se puso más colorada todavía.

-No tienes porque dármelas.

Miguel se acerca a ella y la besa.

Paula se queda petrificada cuando se separan.

-Llevas mucho tiempo gustándome.

-Y tú a mi.

-¿Quieres...?

Paula ni siquiera le deja terminar la frase.

-Si.

-Te quiero.

-Te quiero.

Miguel le da la mano y los dos sonríen.

-¿Vamos?

-Vamos.

Cuando salen se encuentran con los padres de Paula. Están discutiendo.

-Adiós.

-Si te vas no vuelvas Javier.

Él la mira y da media vuelta, entrando en el ascensor. Lágrimas aparecen en las mejillas de Carmen. Paula corre a abrazarla. Lo ha entendido. Se acabó todo.

Mientras tanto...

Javier sale del ascensor y se dirige al garaje. Va con paso rápido. Entra en el coche y lo enciende, sale del aparcamiento. Pone la radio, pero al ver que ninguna de las cadenas transmiten las canciones que a él le gustan, la apaga de un golpe. Mientras hace esto un coche pasa por delante de el. No tiene tiempo de reaccionar. Lo último que escucha son pitidos de coches y voces asustadas.

 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DOS AÑOS DESPUÉS

Paula estudia fotografía en Vigo. Viven en un piso junto a Miguel. Son felices. Carmen trabajo `por las noches, asique Paula y Miguel aprovechan a estar juntos. Las dos supieron superar la muerte de Javier. Los agresores fueron llevados a un centro de menores, y después a la cárcel.

Hoy es un día muy especial para Paula. Termina los cursos de fotografía y empieza a trabajar. Tiene el día muy ajetreado.¡Le han llamado cuatro personas en menos de una hora! Todos quieren hacerse sesiones de fotos con Paula. Miguel está cumpliendo su sueño también. Él quiere ser director de cine. Y se va a presentar a un concurso de cortos.

   Carmen está feliz. Tiene una nueva pareja. Es perfecto. Está muy atento de Paula. La quiere como si fuese su propia hija. Intenta no hacerle preguntas a Carmen sobre Javier.

En resumen: lo imposible se convirtió en posible

 

 




 

 

 

 

 

 

 

ALBA LORENZO 3º ESO B

LA SONRISA DE LUCÍNDA de Soraya Mistral.


LA SONRISA DE LUCÍNDA

 

Son las cuatro de la tarde, el sol entra por el ventanal situado en Fernández Latorre. Ana mira la fuente luminosa de Cuatro Caminos, abre la ventana ya qué se siente ahogada.

No hay nada que le guste mas que tomar el solen Bastiagueiro, a sus 27 años disfruta haciendo senderismo. Coge la mochila, siempre lleva manzanas y Acuarius. Hoy irá a O Carballo a ver a su madre Marina y a su abuela Lucínda.

Cierra los ojos y recuerda a su abuela, siempre radiante con vestidos de enormes flores. Algo le anda por su cabeza, la mirada lánguida de su abuela, pero cuando le pregunta a su madre, nunca hay respuesta, como dice su madre Marina extravagante y loca,  ella es así y es lo que hay.

Son las 5,10 cuando Ana llega a la imponente chalet de su abuela. Lucínda con 86 años está radiante y ágil y con su amplia sonrisa se lanza apresuradamente a los brazos de su nieta, ella dos tienen una complicidad,  vivaz como una jovenzuela.

Marina está molesta, por la apariencia de su madre.

Marina:           ¿ Y yo qué? No saludas a tu vieja madre.

Ana:     Ya voy... es que la abuela salió corriendo.

Marina:           Excusas siempre esta ella antes que yo. Para ti soy la vieja.

Ana:     No digas tonterías, con 64 años y tu salud tan buena, estas magnifica.

Marina:           ! Salud buena! Salud buena la de la abuela, siempre correteando como si tuviera 20 años, detrás de ti.

Ana:     Mamá ella siempre fue así, recuerda, yo de niña, no paraba y ella salía corriendo detrás de mi, en el colegio, yo era oír la sirena y ella gritarme "ven aquí, ahora Ana" no paraba quieta y siempre me gustaba correr, escapar.

Marina:           Tu abuela siempre con sus excentricidades, le gusta ser el centro de atención, !Mira como viste!, Ya se ve, que no está bien de la cabeza.

Lucínda:          !Ya está bien! A ti todo te molesta, si hablo, porque invento y si estoy callada, porque ya está pensando en mis locuras.

Ana se siente incómoda, su infancia siempre fue así, ellas dos discutiendo, su madre trabajaba en la Fábrica de Tabacos y su abuela le contaba esas viejas historias, invenciones de la gente, !vamos cuentos para niños!

 Pero ese día estaba especialmente inquieta, había demasiada tensión en el aire.

Marina:           Deberías de comportarte, ser sensata, y dejarte de fantasías.

Lucínda:          A ti lo que te molesta es que sea diferente.

Marina:           Tú siempre inventas cosas para llamar la atención.

Lucínda:          Tu nunca me quisiste creer...Pero yo sé que me paso algo, algo que no logro comprender.

Marina:           Acepta las cosas como son. Sino puedes dormir toma tus pastillas, el médico ya te dijo que son los nervios.

Lucínda:          ¿Que nervios? Ya os gustaría verme todo el día sedada calladita.

Marina:           Deberías estar callada, así no le harías daño a Ana.

Ana:     Dejar de discutir, a la abuela hay que escucharla.

Marina:           Tu siempre de acuerdo con ella, dejándome a mi sola.

Ana:     Mamá sabes que te quiero, pero eres muy dura, si ella es feliz así.

Marina la interrumpe súbitamente.

Marina:           Se cree una gran dama. Mira su cara, a su edad no se debería pintar de esa manera.

Lucínda:          Me pinto, porque pronto vendrá mi otra hija.

Ana:     ¡Callar ya!

Se hace un gran silencio, silencio que huele a miedo.

Marina no quiere oír hablar de eso, siempre, ese fantasma ahí, mi madre es hija única pero... la cabeza de la abuela no está bien, se imagina tener otra hija, la hija perfecta, amable y cariñosa, siempre sonriendo.

Ana solo siente lastima, sola en esa habitación, donde no se respira, no hay aire, solo secretos.

Ana no está dispuesta a ver tensa a su madre, tensa y a su abuela así de clara y tajante.

Se dispone a terminar con esta situación de una vez, y si hay algo... de verdad.

Coge el móvil para hacer una llamada: Buenas tardes: Agencia Napoleón.

Si, mire necesitaba un detective privado pero que fuera reservado, es un asunto muy delicado.

Yo, soy Luis Suarez, el jefe, de ese tipo de asuntos, me encargo yo personalmente.

Si le parece, podría pasarse mañana por mi despacho.

Le parece bien mañana a las 6.

Si, perfecto.

Ana está inquieta, no había dormido bien, explicar algo personal la inquieta, pero está  decidida a saber porque su abuela es así, tiene pocos datos, pero para eso están los detectives.

El despacho es luminoso, aunque huele a humedad, montones de papeles desordenados encima de una vieja mesa de madera de caoba.

Buenos días, dijo una voz clara y fuerte.

Ana se siente segura.

Usted dirá.

Vera, estoy aquí por mi abuela Lucínda López Bello, que nació en  1929, y tiene una hija, mi madre, Marina Castro López. Y de mi abuelo no sé nada ya que murió de tuberculosis cuando mi madre tenía 5 años.

Luis Suárez:     Bien, y ... ¿Porque viene aquí?

Ana:     Necesito que investigue sobre la vida de mi abuela. Ella dice que tuvo otra hija, y claro, !todo el mundo piensa que está loca!. Mi madre dice que como ella no es como la abuela deseaba, se inventa lo de la otra, para fastidiar.

Luis Suarez:     Necesito datos. Y su madre, ¿vivió siempre en La Coruña?

Ana:     Si, mi madre nació aquí en el Hospital de Labaca, mi madre dice que nunca salieron de La Coruña, que ella no ha visto mundo.

 


Luis Suárez es un hombre de 50 años, a su edad lo ha visto casi todo, pero esta historia  le parece banal, no son peleas por la herencia, ni mujeres buscadoras de maridos infieles.

Esta historia, parece una tontería inventada por alguien senil y fantasioso.

Pero algo le inquieta. ¿Y si fuera verdad? Que secretos tendrán las paredes de un viejo hospital.

Poco sabe del hospital, salvo que estaba en Monserrat, y que fue hecho por el arquitecto Leonardo Bescansa, llevado por el sacerdote José Sánchez Mosquera y más tarde por el Magistrado de la Audiencia Pardo de Andrade.

Sabe que las monjas de la Caridad que allí trabajaban, ahora estaban en Madrid, así que llamaría a su amigo Jorge Salas, que además de ser un importante político era amigo de la Iglesia y así será todo mas fácil.

Transcurrieron 2 meses, Jorge Salas manda una carta urgente, ya que dentro de cuatro días tiene que estar en Coruña. Tiene buenas noticias sobre el caso de Lucínda López Bello.

Hoy, 8 de Junio, para Luis Suarez, un buen día, su amigo Solas lo ha llamado, ya está en la ciudad, y a las 6 de la tarde lo verá.

Salas:   Caso resuelto amigo, eso si ya sabes cómo van las cosas, tiene que darle una buena cantidad al jardinero. La hermana Josefina dice que José el jardinero se encargaba de casi todo en el Hospital Labaca, cuando hablaba no paraba, pero eso sí, cuando le hacen preguntas dice "no recuerdo" y otras evasivas. Bueno, en resumen, Lucinda López Bello, tuvo gemelas y ella no podía alimentarlas, así que las monjas decidieron que la niña llevaría mejor vida en una buena casa. Fue llevada a Valencia con una familia adinerada.

Suarez sonríe, este caso era más complicado de lo que parecía. Últimamente en las noticias hablaban sobre los robos de bebes y la implicación de la Iglesia.

Son buenas noticias para él, y para su clienta, y su abuela no está loca.

Por lo que piensa que él será famoso y se imagina en la TV haciendo entrevistas, ganando mucho dinero.

Pero eso, es otra historia.

 

lunes, 13 de abril de 2015

Grieta al Pasado. De Fran Prado


Grieta al Pasado


Me desperté temprano, como cualquier otro lunes, desayuné, me vestí y salí hacia el colegio. AÚn por la calle seguía adormilado, como siempre. Llegue al colegio con tiempo de sobra como era habitual y me dirigí a la puerta. Allí, estaba mi amigo esperándome.


-Hola- le dije.

-Buenas- me respondió – ¿qué cuentas?

-No mucho, la verdad.


En ese momento suena la campana y entramos. Al entrar en clase, nos sentamos y sacamos los libros y el estuche. La profesora entra en clase.


-Buenos días- nos dijo antes de sentarse.


La clase comenzó y luego la siguiente y después la siguiente...

pero, antes de llegar al recreo, llamaron a la puerta. Era el


conserje, un hombre bastante callado y serio, pero muy trabajador y servicial. Venia a buscar a un par de niños por un conflicto que había sucedido ayer, entre ellos estaba yo.

Salimos de clase y lo seguimos hasta el despacho de la directora, pero no utilizamos las escaleras principales. Nos llevo hasta una puerta blanca doble que había en todos los pisos. Abrió la puerta con la manilla negra y nos dijo que entráramos. Era la primera vez que entraba en esa sala que, en realidad, eran unas viejas y deterioradas escaleras de metal. Estaba oscuro, la única luz que se veía, era la que procedía de unas sucias ventanas llenas de polvo. Bajamos hasta la planta baja, durante el descenso, pude ver montones de cajas viejas y rollos de papel, mapas enrollados y material escolar viejo. Cuando salimos de allí y entramos al despacho de la directora, una mujer bajita de carácter serio pero muy, muy amable; yo seguía pensando en ese las escaleras, esas viejas escaleras tan misteriosas. Después de la conversación con la directora, salimos al patio. Yo, fui corriendo hacia mi amigo y le empecé a describir todo lo que había visto, en esas escaleras.

Empezamos a especular sobre un motón de cosas, entre ellas, la idea de un posible tesoro escondido dentro de aquellas viejas cajas o entre los polvorientos montones de papeles. Nos fascino tanto la idea, que nos pasamos las restantes clases en las nubes. Al finalizar la ultima clase, nos dirigimos al comedor, entramos y empezamos a comer a toda prisa. Cuando acabamos tuvimos que esperar a que nos dejaran salir al patio para ir donde estaba la puerta, esperamos a que no hubiera nadie en el pasillo y entonces abrimos la puerta. Entramos rápidamente y empezamos a mirar entre las cajas y entre los papeles con la esperanza de encontrar algo. Pasaron los minutos y seguíamos sin encontrar nada, empezamos a aburrirnos de buscar, así que decidimos salir de allí pero entonces, apareció el conserje. No decía nada, simplemente nos miraba con cara sería. Entonces dijo con voz grave.


-¿Que estabais haciendo vosotros ahí?


-Estábamos paralizados por el miedo, hubo un largo silencio, el prosiguió.


-¿Os ha comido la lengua el gato?- dijo con tono sarcástico.

-Nosotros solo...- balbuceé aterrado.


En ese momento vino la directora, preguntando que estaba pasando. Nosotros seguíamos asustados, ella nos llevo hasta su despacho y allí nos pregunto que había pasado. Nosotros se lo contamos asustados por lo que nos pudiera suceder. Entonces ella soltó una leve carcajada. Nosotros nos quedamos atónitos y ella, aun con la sonrisa en la cara, nos dijo que no nos preocupáramos, que es bueno tener ilusión. Nos dijo que podíamos irnos, pero que no se volviera a repetir. Nosotros salimos de allí aliviados, a veces la imaginación nos juega una mala pasada.
 
 
 
 

viernes, 10 de abril de 2015

EL ESPÍA DEL PASADO; JONATHAN COSTA LUENGO


EL ESPÍA DEL PASADO.


 

 

El inspector Enrique, Enri para familia y amigos, se despertó de nuevo exhausto. Había tenido la misma pesadilla desde hacía días. Se disponía a levantarse cuando pensó en ella. Jessica, su esposa, estaba a miles de kilómetros de allí, pero él la sentía cerca pese a todo. Después de unos minutos, al fin se levantó de la cama, tomo un café caliente, se vistió y salió a su despacho en el centro de la ciudad.

Desde su casa hasta su despacho, habitualmente, perdía cerca de media hora en llegar, pero hoy había demasiado tráfico. Al cabo de unos minutos, pasadas ya las nueve de la mañana, introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta. Sin poder pestañear ni una sola vez, entró muy sobresaltado al despacho con su arma en la mano. Estaba todo patas arriba. Buscó en los cajones, en los estantes y en su mesa de trabajo, hasta que recordó que el día anterior, al ver a un hombre que lo seguía desde hacía varios días, decidió esconderlo en un doble fondo del cajón inferior derecho de su mesa. Respiró aliviado al ver que seguía allí.

Después de acabar su jornada de trabajo, su hijo David lo fue a buscar, para que lo llevase en su coche, ya que no tenía dinero para coger la línea 12 del bus, que era el que más cerca de casa lo dejaba. Cuando llegaron, las luces estaban encendidas. Enri cogió su Walther P99 y se dirigió sigilosamente a abrir la puerta de su casa, luego de decirle a su hijo David que se quedase en el coche, preparado por si algo pasase. Al adentrarse en la vivienda, el humo de lo que parecía tabaco lo rodeó, como queriendo escapar de ahí. Vio una silueta en la cocina, pero apartó un instante la mirada para ver por la ventana si su hijo aun seguía bien, y al volver a mirar, esta ya había desaparecido. Siguió avanzando por el corredor oscuro, el cual daba a la cocina, y que conectaba con la sala de estar. En el mismo instante en el que cruzó la puerta, un disparó le penetró en el costado derecho, sin tiempo a ver al agresor. Su pesadilla había cobrado forma. David salió disparado hacia el lugar, en el cual encontró a su padre tirado en el suelo. Este le dijo tan solo unas palabras: Encuentra al culpable.

Días más tarde, ya celebrado el funeral de Enri, su madre regresó a su labor como profesora en el colegio Labaca, y David comenzó con la promesa que le había hecho a su padre. Comenzó buscando pistas alrededor de la casa, hasta que halló un trozo de una chaqueta, probablemente del asesino. En esa misma tarde, su madre la vio encima de la cama de su hijo cuando se disponía a recogerle la ropa sucia para meterla en la lavadora. Le preguntó por ella y le contó lo que había pasado y como la encontró. Jessica le dijo que era de un compañero suyo de trabajo, el profesor Sorge. Al día siguiente, David fue al trabajo con su madre para interrogar a Hans Sorge. Pasada hora y media, David salía del colegio, y parecía hacerlo no muy contento de sus resultados. Después de comer con su madre y su tía Judith, que también había regresado de su vivienda en el centro de Moscú, David se fue a la morgue en la que había estado su padre dos días antes, y en la que tenía un amigo de la infancia, y que se había comprometido a guardar los objetos personales de su padre. Al recogerlos, lo primero que hizo inmediatamente después de darle las gracias fue coger el coche de su madre, que se lo había prestado, e ir a su despacho. Abrió la puerta e inspeccionó cada rincón de él, hasta que se percató de que cuando era pequeño, su padre le había enseñado el doble fondo del cajón de su mesa. Lo abrió y saco el sobre con varias cartas que tenia dentro. Las leyó todas tranquilamente en el bar de la esquina, en el que había pedido una taza de café y tres sobres de azúcar. En esas cartas decía que un antiguo espía llamado Richard Sorge, nacido en territorio del antiguo Imperio Ruso en el año 1895, en la ciudad de Bakú, en el actual Azerbaiyán. Recordó a Hans Sorge, y que igual tenía parentesco directo con Richard. También recogía información sobre un experimento que Sorge había llevado a cabo con un doctor nazi en la época de la Segunda Guerra Mundial, allá por el año 1941, y en el que el doctor Josef Mengele intentaba experimentar con Sorge para congelarlo sin ningún tipo de consecuencias ni efectos secundarios, y que permaneciera así varios años, para luego descongelarlo y volver a la vida, con fines aún desconocidos. David se quedó de piedra mientras avanzaba en la lectura de esas cartas tan extrañas. Por un momento dudó de su originalidad, pero poco a poco se fue convenciendo y pensando que Hans podría tener mucho que ver en ese tema. Decidió irse a su casa a descansar, mañana sería otro día.

Al despertarse, miró a ver si su madre seguía en casa, y así era. Le preguntó si sabía de donde era Hans y si tenía parentesco con el espía alemán Richard Sorge. Ella sabía que era alemán, pero no si mantenía parentesco con ese tal Richard. David le pidió el favor de preguntárselo, y ella accedió. Ese día le tocaba hacer la comida a David, ya que su madre tenía que quedarse una hora más con unos alumnos castigados. Pasaba el tiempo pero su madre no aparecía, asi que decidió llamarla. No lo cogía, y eso era raro en ella, salvo que estuviera aún en clase. Decidió esperar otro rato a ver si aparecía y, si no lo hacía, volver a llamarla. David se preocupó por ella cuando pensó en lo que le había pedido que hiciera, y decidió ir en su busca al colegio. Le preguntó a la secretaria si sabía donde se encontraba, pero esta le dijo que ya se había ido. David recorrió el colegio en su búsqueda, hasta que, desesperado, salió a buscar su coche. No lo encontraba, de modo que optó por llamar a la policía. Esta rastreó su coche y lo encontraron en un callejón, a poco mas de diez kilómetros del colegio. David empezó a llorar desconsoladamente cuando vió el cadáver de su madre, ensangrentado y lleno de marcas. La policía investigó el caso, pero David sabía que no lo harían intensamente, así que decidió investigarlo el mismo por su cuenta, accediendo a información con el número de identificación de su padre en el registro de archivos de la policía.

Llevaba días sin dormir una noche completa. Cuando conseguía quedarse dormido, recordaba a sus padres y se despertaba emocionado, con la lagrima a punto de salir. Una noche, antes de irse a dormir, le dijo a su tía Judith que si le ayudaría a desenmascarar al asesino de sus padres, y esta no se lo pensó dos veces, y le dijo que si. Juntos reunieron información sobre Sorge, su principal culpable. Intentaron por todos los medios encontrar algo que lo identificara, pero por mas que buscaban, incluso en los documentos de la policía, no encontraron nada. Decidieron tomarse un respiro, e ir unos días a una casa en un lago que su padre había comprado para Jessica y para él cuatro años después de nacer David. Se despejaron la mente y volvieron al trabajo, desde cero. Revisaron todos los papeles que tenía su padre en su despacho, y dieron con algo bastante inquietante, aunque a la vez interesante. El tal Sorge no tenía papeles ni identificación. Su padre barajaba la posibilidad de que se tratase de Richard Sorge que, junto al doctor Mengele, habían conseguido su propósito. Ellos, al igual que su padre, pensaban que era ridículo, pero otra parte de ellos les decía que podía ser posible. Luego planificaron un plan bastante alocado, peligroso y arriesgado. Si les salía mal podrían ir a la cárcel, pero no les importo a cambio de descubrir la verdad sobre Sorge. El plan consistía en esperar a que todos los profesores salieran del colegio y seguir a Sorge hasta su casa, luego llamar a la puerta y obligarle a seguirlos hasta su casa, sin que el viera en donde se encontraba su residencia.

El día de la verdad llegó. Esperaron a que todos los profesores se fuesen, pero no veían a Sorge por ningún lado. Decidieron adentrarse en el colegio en su busca, indefensos salvo por el arma que era propiedad del padre de David. Llegaron a la cafetería del colegio, donde vieron a una persona sentada, comiéndose lo que parecía un sándwich o un bocadillo. Le hicieron darse la vuelta y, efectivamente, era Sorge. Le preguntaron que que hacía allí, si ya era hora de irse, y este le respondió que vivía ahí. Se quedaron un poco atónitos ante su revelación, pero decidieron seguir igualmente con su plan. De manera que se acercaban a él iban conversando con Sorge, hasta que llegaron a su lado. Hicieron un movimiento rápido tapándole la cabeza con un saco, le ataron las manos y se lo llevaron hasta su coche, procurando que nadie los viera con él en ese estado. Al fin llegaron a su casa, donde lo llevaron al sótano. Poco después le quitaron el saco de la cabeza. Les sorprendió su estado de tranquilidad. Le hicieron muchas preguntas, pero Sorge se negaba a responder, hasta que le hablaron del doctor Mengele. Luego, Hans, o mejor dicho Richard, les contó que la razón por la cual hicieron tal experimento. Les contó que en el año 1940, uno antes de empezar el proceso de congelación de Richard, este fue capturado por un pelotón de alemanes del 1er Batallón del Regimiento Der Führer, de la División SS Das Reich del Waffen-SS, en Oradour-sur-Glane, y que descubieron que era un espía. Pero en lugar de matarlo, lo llevaron a junto del mismísimo dictador Adolf Hitler. Este le dio dos caminos a elegir: unirse a ellos y seguir vivo o traicionarlos y morir. Este eligió unirse a ellos, pero tiempo más tarde, recibió órdenes de infiltrarse en la Unión Soviética y filtrar información a Alemania. Cuando llegó a Moscú, fue recibido por una persona que le era familiar, una persona con la que había compartido largas tardes tras varios años de su vida. Era su primo Bastian Sorge, que al igual que él, era una especie de espía, con la diferencia de que el ofrecía sus servicios a la Unión Soviética. Los dos se identificaron al instante, y Bastian ordenó que lo apresaran. Despues de torturarlo durante días, Richard confesó que lo habían enviado con el fin de recadar información útil para Alemania, y Bastian tuvo la idea de matarlo él personalmente. Fue a un bosque para que nadie lo viera, pero Richard consiguió cambiar a un soldado nazi abatido anteriormente en una batalla y huír a Alemania. Así, Richard Sorge consiguió volver con su amigo el doctor Josef Mengele con el propósito de congelarlo para vengarse en el futuro de los descendientes de Bastian.

Después de escuchar a Richard contarles su historia, les quedó una duda. ¿Qué tenían que ver sus padres con Bastian Sorge? Richard les respondió que su padre, Enrique García Adler, era nieto del hijo de Bastian. Con respecto a su madre, les confesó que sólo fue porque ella se estaba acercando a la verdad con las preguntas que le había hecho en el colegio. Finalmente, Richard decidió entregarse él mismo y no involucrar a ninguna persona más. Al llegar a la comisaría, los policías lo interrogaron, pero llegaron a pensar que estaba loco, y le hicieron un examen mental. Al final, la policía decidió llevarlo a un psiquiátrico para tratar su estado mental. Años más tarde, David y Judith lo visitaban semanalmente, hasta que un día, Richard no aguanto más su estancia en aquel lugar y se ahorcó en su celda. Finalmente, a David le quedó una duda: estaba loco de verdad o decía la verdad?

 


                  RICHARD SORGE

 


     
 
 
 
    
 
                   JOSEF MENGELE








JONATHAN COSTA LUENGO 3ºB